
Periódico La Nación, octubre 2000
Los antiguos habitantes de las diferentes
regiones americanas se mantenían en contacto con sus vecinos, ya fuera para
intercambiar bienes o durante guerras por el poder. Costa Rica sirvió de puente
cultural; de allí que heredamos aspectos culturales de los aztecas, mayas,
chibchas, caribes e incas.
Nuestros antepasados construían ranchos, y, con la fibra de algunas plantas, tejían redes, hamacas, cestos y telas. Tallaban la piedra y trabajaban el jade, el oro y el cobre. Tenían sus ritos religiosos y su propia organización; su propia medicina y hasta sus juegos, fiestas, leyendas y lenguaje.
Vida espiritual: Creían en muchos dioses, como el agua, el fuego, el Sol y la lluvia. El maíz era un dios para los grupos de la Gran Nicoya. Su religión estaba muy relacionada con los ciclos de la naturaleza, debido a que su vida giraba en torno a las labores agrícolas.
Las fiestas se hacían en las plazoletas; se repartía chicha (una bebida hecha de maíz) y se bailaba durante días.
Medicina: Practicaron la medicina, ejercida por curanderos, sacerdotes, adivinos o chamanes. Los tratamientos se realizaban con plantas y hierbas que ellos conocían. El tabaco era muy utilizado en las curaciones para alejar a los malos espíritus y purificar el ambiente.
Vivienda: Las chozas eran fabricadas de hojas de palma y madera. Por lo general, se dormía en hamacas. Utilizaban ollas de barro, piedras para moler (metates) y guacales para almacenar agua.
Como las sociedades y sus creencias no eran iguales, los grupos se diferenciaron. Todos usaban algún tipo de vestimenta y ¡eran muy vanidosos!: se ponían gargantillas, collares, se pintaban la cara y el cuerpo, y usaban diademas de plumas de vistosos colores.
Si bien existían muchas características comunes en los grupos que habitaban esta región, su manera de pensar y de organizarse los distinguían entre sí.
Debido a la localización geográfica de nuestro país, los grupos indígenas recibieron diferentes influencias de los pueblos mesoamericanos y andinos. Pese a estas influencias, nuestros aborígenes también tuvieron su propio desarrollo. En Costa Rica se distinguen dos grandes sectores de influencia cultura.
Con influencia azteca y maya (mesoamericana), en ella habitaron los grupos chorotegas y nicaraos.
Se localizaba en la actual provincia de Guanacaste y un poco al norte de Puntarenas. Su desarrollo histórico se ha estudiado con base en sus muestras de cerámica.
Organización política y social: Estaban regidos por cacicazgos en los que sobresalían los sacerdotes. El gobierno lo ejercía un cacique ayudado por un consejo de ancianos escogidos por el pueblo (el monexico).
Los nicaraos, por ejemplo, tenían un capitán general (el teyte), el cual llamaba al pueblo a reunión para escuchar sus necesidades y decidir las soluciones a sus problemas.
Existía entre ellos una clara diferenciación social: el cacique y los sacerdotes (quienes eran los más importantes), los nobles, los guerreros, el pueblo y los esclavos.
Se organizaron en caseríos (poblaciones agrícolas dispersas), aldeas (un poco más grandes y con varias actividades económicas) y poblados (los centros políticos donde vivían los sacerdotes). Sus casas eran de base rectangular, hechas de palma y maderos.
Economía: Su base económica era la agricultura, principalmente de granos básicos. Esta actividad dominaba todos los campos, incluyendo el religioso y el sistema político y social.
Se alimentaban de maíz, tubérculos, frijoles, calabazas, cacao y frutas silvestres; enriquecían su dieta con el consumo de carne de animales domésticos, como el chompipe y tepezcuinte (un mamífero pequeño).
Tenían una especie de "feria" o mercado al aire libre (conocida como tiánguez), donde comerciaban oro, esclavos, aves, tejidos, mantas entre otras cosas. La semilla del cacao (de donde se extrae el chocolate) era utilizada como moneda y como mercancía para cambiar una cosa por otra (trueque).
Sobresalieron sus trabajos en cerámica y sus elaborados metates de piedra para moler el maíz. También trabajaban el oro, el barro, la arcilla y el jade.
Sus costumbres y leyendas se conservaron en pergaminos hechos de piel de venado, pintados con tintas rojas y negras. Transmitían sus conocimientos con cantos e historias.
Eran politeístas, es decir, creían en muchos dioses de la naturaleza y animales de la selva (como el Sol, la Luna, el jaguar y las serpientes). El maíz era una planta sagrada con la que celebraban sus rituales y fiestas más importantes.
Creían en la vida después de la muerte; por eso enterraban a sus muertos con toda clase de utensilios y comidas.
Los rituales y la educación eran dirigidos por sacerdotes.
Entre los nicaraos eran los padres quienes decidían el matrimonio de sus hijos. Entre los chorotegas, la mujer podía escoger al marido entre varios pretendientes.
Con influencia suramericana, en esta región vivieron y se desarrollaron los viceítas, terbis, huetares y bruncas. Estos grupos ocuparon la mayor parte del país. La cultura de los pueblos de tradición suramericana es menos conocida que la de los de la Gran Nicoya, pero se sabe que eran sedentarios (vivían en un lugar determinado) y se dedicaban a la caza y pesca.
Organización política y social: Tenían centros de poder político-religioso, dirigidos por un cacique que, generalmente, era un guerrero. El legendario cacique Garabito fue uno de los más famosos.
Destaca también la figura del chamán o sukia, que comunicaba los mensajes de los dioses y controlaba a los espíritus.
Vivían en caseríos compartidos entre varias familias. Estos caseríos se ubicaban en las cumbres de las montañas, en los árboles y en las riberas de los ríos. Utilizaron viviendas de base circular y techo en forma de cono. Los llamados palenques eran de una sola habitación, ocupada por un clan que albergaba hasta a 25 familias.
Los trabajos eran distribuidos según sexo y edad: los hombres se dedicaban a proteger y defender al grupo, los ancianos a la educación, las ancianas hilaban, las mujeres jóvenes atendían los cultivos y fabricaban artesanías.
Economía: Su base económica también fue la agricultura, principalmente de tubérculos. Su dieta era un poco diferente de la de los grupos de la Gran Nicoya pues se basaba en la yuca, pejibaye y ñame, y era enriquecida con carne de animales (como la danta y el venado).
Religión y cultura: Construyeron edificaciones con piedra (como las grandes esferas y metates). Al igual que los chorotegas, los bruncas trabajaron el oro en figuras pequeñas.
Hacían figuras humanas con partes de animal de animal con partes humanas.
Creían en la vida después de la muerte. Enterraban a sus muertos con objetos artesanales y alimentos para su viaje al más allá. También creían en muchos dioses.
Tenemos que estudiar a las culturas del pasado con respeto y admiración. Es un pasado lleno de esfuerzo.
A través del estudio de objetos enterrados por nuestros antepasados, la arqueología puede reconstruir su modo de vida y su cultura.
-Los científicos (arqueólogos, historiadores, etnohistoriadores y otros) interpretan los datos y los nombres indígenas para conseguir una historia indígena más rica.
-Las tumbas o sepulturas donde se colocaba a los muertos con sus pertenencias, son las llamadas huacas. En ellas se han encontrado muchos objetos que hoy se exhiben en los museos de nuestro país. Estas piezas nos ayudan a comprender cómo vivían nuestros pobladores originales.
-Los indígenas de nuestro país hablaban diferentes lenguas, como el huetar, boruca, chorotega (mangue) y bribi, entre otros. Sin embargo, para comunicarse entre sí utilizaban el huetar; así se entendían en el comercio y en relaciones políticas y sociales.
Los chorotegas se denominaban a sí mismos mangues; los borucas se denominaban bruncas.
Tenían gran amor por los niños y los ancianos; por eso el pueblo debía cuidar de ellos.
Nuestros indígenas fueron grandes artesanos. Eran especialistas en trabajar oro, piedra, cerámica y jade. Fabricaban petates, canastas, hamacas y tejidos de algodón. También trabajaban el cuero de algunos animales, como la iguana.