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Hacia la contextualización de la metalurgia en la subregión arqueológica Diquís:

El caso del sitio Finca 4 

MUSEO NACIONAL DE COSTA RICA

MUSEO DEL ORO PRECOLOMBINO

ADRIÁN BADILLA

PATRICIA FERNÁNDEZ

IFIGENIA QUINTANILLA

Figura 1. Mapa de localización del sitio Finca 4 en la Subregión Arqueológica Diquís.

 

  |Abstract: During the fifties, 88 cast and hammered gold objects were found by looters in a burial at the site called "Finca 4» in the archaeological subregion of Diquís. This paper attempts to context these objects by using data obtained during recent archaeological excavations. Shape studies emphasises some aspects related to regional styles from lower Central America and their links with Chiriquí Phase (800 dC - 1350 dC).

Sitio Finca 4 se halla situado en el Pacífico sur de Costa Rica (Figura 1), en una zona que fue explotada desde finales de la década de los treinta por la United Fruit Company, una de las principales transnacionales dedicadas al cultivo de banano en América. Antes de la llegada de esta compañía la zona estaba habitada por indígenas borucas y algunos colonos llegados en busca de tierra. 

La falta de vías de comunicación y la lejanía de estas tierras con relación al área central del país, en la cual ha estado concentrada la mayor parte de la población de Costa Rica, así como las duras condiciones climáticas y el denso bosque tropical, mantuvieron a esta parte del país como una tierra "virgen" hasta mediados de los años treinta. Con el desarrollo de extensas plantaciones bananeras, la zona sufre un fuerte proceso de transformación, que llevó a la eliminación de cientos de hectáreas de bosque, a la remoción de grandes cantidades de suelo y la llegada precipitada de contingentes de trabajadores de distintas partes de Centroamérica.  

| Durante este proceso quedó al descubierto lo que por cientos de años la sedimentación del río Térraba y el denso bosque tropical habían mantenido oculto. Un extenso y complejo conjunto de sitios arqueológicos expuestos a la maquinaria pesada, al saqueo y a la destrucción.

A la fecha se cuenta con datos de unos pocos arqueólogos que trabajaron en la zona, con materiales dispersos que se encuentran en museos de varios países, pero más que todo están las leyendas acerca de grandes cantidades de oro y esferas de piedra monumentales y de huaqueros muertos en túneles derrumbados cuando perseguían la riqueza.

Este artículo pretende profundizar y reconstruir una parte de la historia de la investigación y destrucción de este conjunto de sitios arqueológicos. Los datos se centran en Finca 4, el cual constituyó el centro principal del conjunto de sitios arqueológicos que se ubican en la zona (Figura 2).

Figura 2. Distribución de la evidencia arqueológica en el Valle del Diquís durante la Fase Palmar (100-1500 d.c.) según Baudez et.al. 1993.

 

El sitio y su entorno

Finca 4 se sitúa en la extensa llanura aluvial de Sierpe - Térraba o delta del Diquís. Este abanico aluvial se ubica en la desembocadura de los ríos del mismo nombre en el Pacífico sur del país.

El río Grande de Térraba recoge las aguas de la cuenca más extensa del país. Por su parte, el río Sierpe surge de una laguna en el mismo delta. De la confluencia de ambos se forma el sistema deltaico estuarino de Sierpe - Térraba, el cual posee gran diversidad de ecosistemas y una amplia gama de recursos, la mayoría de ellos de gran utilidad para las poblaciones humanas. El clima del delta está catalogado como húmedo, muy caliente, con un período seco moderado de 35-70 días con déficit de agua (Herrera, 1985, citado por Asch y Solano, 1991:42). La zona presenta un período lluvioso que va de mayo a noviembre, siendo los meses de septiembre y octubre los más lluviosos. El promedio anual, según un período de 25 años (1965-1989, Estación Palmar Sur), es de 638.3 mm, con una máxima de 651.4 mm en octubre y una mínima de 46.1 en enero. La temperatura se considera bastante cálida durante todo el año. El promedio anual es de 26.5°C; la máxima se registra en el mes de marzo (27,5ºC) y la mínima en octubre (25.8°C) (Asch y Solano, 1991: 44)

Historia de las investigaciones en la zona

Con la llegada de la Compañía Bananera al Sur de Costa Rica se iniciaron las exploraciones arqueológicas. El desarrollo de la infraestructura y la filiación de esta compañía a capital norteamericano atrajeron la atención de dos conocidos arqueólogos: Doris Stone y Samuel Lothrop del Peabody Museum, quienes realizaron los primeros estudios e informes acerca de la zona.

Con las facilidades brindadas por la Compañía, tanto Stone como Lothrop pudieron realizar excavaciones, recorrer las plantaciones y ubicar en mapas los sitios que localizaron. En el caso específico de Finca 4, ambos lo visitaron, aunque fue Lothrop quien dejó la información más detallada.

La zona es visitada por otros arqueólogos desde los años cincuenta¡ sin embargo hasta 1990 no se realizan estudios sistemáticos en el lugar. El equipo de investigadores franceses dirigido por Claude Baudez (1993) realiza una prospección de las fincas como parte de su objetivo de establecer una secuencia cerámica para el Delta. Por medio de esta prospección y la excavación de pozos estratigráficos logran definir esta secuencia y a la vez la extensión de las ocupaciones precolombinas por fases de ocupación.

En 1991, el Museo Nacional de Costa Rica inició el proyecto de investigación "Hombre y Ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba", en desarrollo del cual se realizaron varias prospecciones, excavaciones intensivas y análisis de materiales de distintos sitios arqueológicos, localizados tanto en la llanura aluvial como en el pie de monte y las filas montañosas que rodean el Delta, Parte de las labores de este proyecto comprendieron la realización de rescates arqueológicos, uno de los cuales se llevó a cabo en Finca 4, Es a partir de este rescate y del cúmulo de información sobre el mismo y los alrededores cuando se plantea el desarrollo de esta ponencia,

Antes de avanzar en los antecedentes sobre el sitio Finca 4, es importante mencionar el origen de la denominación del sitio y los datos para la referencia de distintos componentes de éste, los cuales tienen íntima relación con el desarrollo de las plantaciones bananeras, Como es conocido, la United Fruit Company, al igual que otras compañías bananeras, estableció en sus extensas fincas con fines administrativos y de control de las plantaciones, Para esto definió grandes unidades que denominó "Fincas" y divisiones internas que llamó "Secciones". Cada finca tenía una extensión promedio de 600 hectáreas y cada sección correspondía a un área de 100 x 200 m aproximadamente.

Los diferentes investigadores que han trabajado en ellas han utilizado la nomenclatura dada a los lugares en donde hallaron sitios. Es por esto que los nombres y las referencias de los sitios dejados por Stone (1943), Lothrop (1963), Baudez et al. (1993) y en este mismo trabajo corresponden a la nomenclatura que la compañía bananera daba a las divisiones de cada plantación.

El sitio arqueológico Finca 4 fue mencionado por primera vez en la literatura por Doris Stone (1943), quien visitó las plantaciones bananeras y sus alrededores. Como resultado, publicó un artículo en el cual describe distintos sitios arqueológicos en las fincas, dentro de los cuales está Finca 4.

Stone informa que en Finca 4, cerca de la sección 66, había un conjunto de montículos con tres esferas de piedra en la parte superior de uno de ellos. En este mismo conjunto arquitectónico reporta esculturas de piedra antropomorfas de forma alongada. No menciona nada respecto al hallazgo de objetos de metal.

En el mismo decenio, aunque publicadas tan solo catorce años después, el reconocido arqueólogo Samuel Lothrop, quien mantenía gran interés por Centroamérica, realizó exploraciones en la misma plantación bananera. Aunque sus objetivos iniciales no estaban dirigidos hacia el Pacífico sur de Costa Rica, sino más bien hacia el norte del país, por asuntos coyunturales se desplazó a la zona sur y allí realizó excavaciones y recolectó importante información. La información dejada por Lothrop constituye la principal fuente para el conocimiento de lo que fue el extenso conjunto de sitios arqueológicos que había en la llanura aluvial ocupada por la compañía bananera.

hallazgo de objetos de oro en Finca 4

En la publicación de 1963 sobre el delta del Diquís, en el capítulo correspondiente a la metalurgia, Lothrop presenta una curiosa información referente a un inusitado hallazgo de objetos de oro en Finca 4, hallazgo en el cual él no participó, sino del que fue informado siete años después de sus excavaciones en el mismo sector.

Por intermedio de un importante aficionado a la arqueología y gran conocedor del arte precolombino como lo fue Carlos Balser, el mencionado autor tuvo conocimiento acerca de la excavación de dos enterramientos por parte de personas no identificadas (¿huaqueros?), quienes hallaron una enorme cantidad de oro y otros materiales arqueológicos en la sección 23 de Finca 4. Lothrop transcribe las respuestas a un cuestionario que envió sobre los hallazgos.

De acuerdo con lo publicado por Lothrop, los objetos de oro fueron localizados cerca del conjunto de esferas al este del montículo F, a dos metros de profundidad, en medio del lodo, en dos tumbas grandes contiguas y asociadas a una tercera de menor tamaño, a 10 metros de distancia (Figura 3).

Figura 3. Sitio arqueológico Finca 4, según Lothrop 1963

La primera tumba contenía un metate grande, una esfera de piedra de 25 cm de diámetro y cerámica monocroma y policroma. Lothrop no menciona acerca de la cantidad de objetos de oro presentes en esta tumba, los cuales fueron adquiridos para la colección Bliss y actualmente forman parte de las colecciones del Dumbarton Oaks (Washington D.C.).

El segundo enterramiento también contenía un metate y una esfera de piedra de 60 cm de diámetro y cerámica monocroma. Aquí se hallaron 88 objetos de oro, 87 de los cuales fueron comprados en 1956 por el Banco Central de Costa Rica.

Según los informantes de Lothrop, el descubrimiento de estos enterramientos se conoció rápidamente, lo que implicó la llegada de gran cantidad de huaqueros; hecho que se ha repetido muchas veces a lo largo de los años. Esto, junto con la intensa explotación agrícola, ha llevado a una destrucción casi completa del sitio arqueológico.

Los objetos de oro procedentes de la segunda tumba de Finca 4 fueron incorporados a la colección del Banco junto con otros miles de piezas adquiridas en ese mismo decenio y en los siguientes. Estos objetos fueron materia de distintos estudios y clasificaciones. Sin embargo, hasta la fecha no se ha hecho ningún esfuerzo para verificar su origen (Aguilar, 1972; Fernández, 1987,1991). No se han formulado preguntas referidas acerca de si era posible que tal cantidad de objetos procedieran del mismo enterramiento o sitio, o si esto no era más que una información falsa que fue reproducida por un destacado arqueólogo.

Las referencias a objetos de oro y cobre o con aleación de ambos son muy comunes en las historias de los coleccionistas y huaqueros de Costa Rica. Sitios famosos como La Vaca, La Vaquita (Stone, 1962), Panteón de la Reina (Mc Curdy, 1911), Coquito y las fincas bananeras ocupan lugares especiales dentro de la tradición oral referente a fabulosos hallazgos de oro. Por otra parte, la gran cantidad de objetos que forman parte de colecciones públicas y privadas de Costa Rica contrastan con el escaso número de los recuperados por medio de excavaciones científicas (59 objetos completos e incompletos de 27 sitios).

Entonces, ¿cómo explicarse la presencia de tal cantidad de objetos en un solo enterramiento o en un solo sitio? Para el caso concreto de Finca 4, es necesario retomar dos fuentes de información. Es preciso, por un lado, caracterizar el sitio y definir el nivel de complejidad y, por otro, analizar la colección misma, con el fin de definir si existen elementos estilísticos, formales, tecnológicos y de contenido que permitan definir si hay correspondencia entre esos objetos.

Tomando tanto la información de Lothrop sobre las excavaciones que efectuó en las secciones 23 y 36 de Finca 4 (1963), como los datos del rescate arqueológico de 1996 realizado por Badilla en el mismo sitio, se presenta una caracterización general del sitio. Por otra parte, se retoma la colección de objetos que posee el Museo del Oro de Costa Rica procedentes de Finca 4 y se reanalizan.

Descripción del sitio Finca 4

El sitio Finca 4 forma parte de una serie de asentamientos extensos situados en la llanura aluvial de Sierpe Térraba, en las márgenes del río Térraba. Este conjunto de sitios ocupa un área cercana a las 900 hectáreas, de las cuales Finca 4 ocupa 70 (Figura 2).

Las excavaciones llevadas a cabo durante 1996 evidenciaron que el área denominada Finca 4, secciones 23 y 36, contenía mucho más estructuras, esferas de piedra y concentraciones de materiales que las reportadas por Lothrop en 1963 (Figura 4). Con base en la figura 71 de Lothrop (1963:116) y los datos obtenidos en 1996, se puede deducir que las diferentes áreas definidas por Lothrop como sitios, corresponden en realidad a un solo sitio arqueológico complejo que comprende a Finca 4, y que se extiende por las antiguas fincas bananeras 2,4,5 y 6, actualmente fundidas o seccionadas con otros nombres (Figura2); (Baudez et al., 1993, Figura. l0; Quintanilla, 1992).
 

Figura 4. Distribución de la evidencia arqueológica en el sitio Finca 4, según Badilla 1996

 


De manera general, los sitios ubicados en la zona bananera se caracterizan por la presencia de montículos circulares, rectangulares y cuadrangulares con muros de piedra, basamentos, caminos empedrados, áreas de cementerio, campos abiertos (¿plazas?) y estatuaria monumental, especialmente esferas de piedra.

En Finca 4, Lothrop halló conjuntos de esferas también asociados a montículos. Aquí destacan los hallados en los sitios F y C, donde las esferas estaban colocadas en conjuntos que formaban alineamientos.

En el sitio C, Lothrop (1963) halló seis esferas colocadas en dos grupos de tres formando un triángulo, pero el lado de uno de estos triángulos se hallaba en línea con una esfera del otro grupo. Esta línea, de acuerdo con los datos aportados por el autor, tiene una orientación norte - sur exacta. En el sitio F, Lothrop halló un conjunto de cuatro esferas sobre un montículo. El punto más sobresaliente sobre la superficie de estas secciones es en un promontorio artificial localizado hacia el centro del área. Lothrop define este promontorio como el sitio B, al que reporta como el montículo más grande y alto del sector, con una elevación estimada alrededor de los 3 metros. Esta estructura había sido muy perturbada por el paso de los tractores y por la siembra de banano, que dejaron dispersas gran cantidad de piedras de río, las cuales formaban parte de la estructura (Lothrop, 1963: 123).

Asociadas a esta estructura aparecieron tres esferas de piedra localizadas hacia el lado norte, en la base del montículo. Estas esferas fueron hechas con un tipo de roca diferente a las del resto que se encuentran en el Delta del Diquís, las cuales generalmente son elaboradas con rocas de gabro o granodiorita (Quintanilla, 1997); las reportadas por Lothrop fueron fabricadas de coquina, un tipo de piedra calcárea (Lothrop, 1963: 123, Figura VII-c). Durante el rescate arqueológico de 1996 se evidenciaron en este montículo algunos elementos que Lothrop no reporta (Badilla, 1996) como es el caso de una rampa, construida hacia el lado sur de aproximadamente 12 metros de ancho. Esta rampa consistía en un acceso inclinado de pavimentado liso sin gradas, elaborada con piedras de río muy homogéneas en tamaño de aproximadamente 50 centímetros de largo por 21 centímetros de ancho (Foto 1).

En la parte inferior, hacia sus extremos estaban colocadas "in situ" dos esferas de piedra de 1.02 metros en su diámetro máximo, las cuales estaban calzadas con una serie de piedras para mantenerlas fijas en el lugar. Estas esculturas fueron talladas en roca del mismo material calcáreo que reporta Lothrop para las esferas del lado norte del promontorio. Estas piedras están sufriendo un proceso acelerado de meteorización, producto tanto de la acidez de suelo como de la constante humedad del terreno en que se encontraban enterradas, lo cual hace que se vean carcomidas, principalmente en su mitad inferior (Badilla, 1996).

Actualmente este montículo sigue sufriendo un proceso constante de destrucción, puesto que la compañía Bananera de Térraba construyó sobre esta estructura un helipuerto, aprovechándose de las características de ubicación y dimensiones dadas por los constructores originales.

Al lado Noroeste de este montículo (sitio B), Lothrop reportó tres montículos con esferas asociadas, a saber los sitios A, E y F, así como una concentración densa de materiales cerámicos (Lothrop, 1963:fig.71).

El sitio A consistía en un montículo de un metro de altura, con muros de contención construidos con cantos rodados de río, así como un manto de piedras sobre su parte superior. Sobre su perímetro se encontraban dos esferas de piedra y otras tres muy cerca.

Figura 5. A Y B. Aves asociadas al estilo Gran Chiriquí-Veraguas.
C,D y E. Rana, pectoral y disco asociados al estilo Diquís.
Colección Museo del Oro Precolombino.

Por su parte, el sitio E estaba constituido por una pequeña elevación sin estructura de piedra visible. En tanto que el sitio F Lothrop lo describe como un montículo ovalado con un conjunto de cinco esferas sobre su cima. De acuerdo con la Figura 6 (Lothrop,1963), tres de las esferas (A, B, C) forman una línea con una orientación norte - sur.

Cuando se efectuaron las excavaciones de 1996, estos montículos (A,E,F) y las esferas de piedra se encontraban casi totalmente desaparecidos. En la mayor parte del área donde se hallaban situados, solo se dejaban ver cientos de cantos rodados que formaban parte de estas estructuras, las cuales fueron arrasadas por los tractores durante la nivelación del terreno. Por ello era difícil observar su ubicación exacta, sus formas y sus dimensiones; únicamente eran visibles en los perfiles de los drenajes los restos de cordones de piedra de algún muro de contención de las estructuras antes descritas. A pesar de lo alterado de este sector, se constituyó en el área con mayor concentración de restos culturales, tanto por la densidad de estos, como por su variedad y lugar de origen (Badilla, 1996).

Lothrop destaca, en la Figura 71, un sector H al suroeste del montículo principal (sitio B), al cual menciona como una elevación bastante considerable con restos de cerámica (Lothrop, 1963: 117). Durante los trabajos de rescate, esta misma elevación se pudo definir como un montículo, el cual tenía asociadas dos esferas.

La excavación evidenció una estructura de 10 metros de ancho, sobre la cual se colocaron hileras de piedras de río que formaban un empedrado de una sola capa con dirección sureste - noroeste. Las piedras con las que se construyó este rasgo son muy homogéneas en tamaño (31 cm de largo por 17 cm de ancho) y en forma (oblongas), destacándose aquellas de origen fluvial (cantos rodados), las cuales se encuentran en abundancia en las orillas del río Térraba.

Estas piedras fueron muy bien seleccionadas por los constructores para dar una simetría adecuada de hilera a hilera. Además hay que destacar el empleo, en la construcción del empedrado de esta estructura, de piedras más fácilmente erosionables y meteorizables como piedras calizas y aquellas propias de los cerros aledaños ("piedra muerta") a la zona (Badilla,1996).

Esta estructura presentaba muros de contención formados por 12 filas de piedras con una altura de 1.40 metros. Las cantos rodados fueron colocados con uno de sus extremos hacia afuera, en hileras secuenciales, de manera que la piedra sobrepuesta en las hileras superiores se ubicaba entre las dos piedras de la fila inferior, de modo que tuviera más amarre, y así consecutivamente hasta formar una pared inclinada hacia adentro. La base de este muro presentaba un patrón distinto de colocación, el cual consiste en la misma clase de piedra pero colocada con su eje más largo u horizontal hacia afuera (Badilla, 1996). Este mismo patrón es reportado por Lothrop en sus excavaciones (Lothrop, 1963: Plate II).

Es notable la acumulación de gran cantidad de fragmentos de cerámica, lítica y restos óseos de fauna en la parte exterior del muro de la estructura (Badilla,1996).

Las dos esferas que se asocian a este promontorio se encuentran removidas. La primera (E4) se encontró en la parte externa del muro oeste, sobre una serie de cantos rodados sin un orden aparente, similar a las que Lothrop observó en el sitio A (Lothrop, 1963:Plate IV-c). La otra esfera (E6) se encontró a 23 metros al oeste de la E4, la cual fue removida a la hora de realizar un drenaje que pasa muy cerca del montículo.

Lothrop hace referencia al sitio C, localizado totalmente al sureste de la sección 36. En este lugar se ubicaron seis esferas colocadas en dos grupos de tres formando un triángulo, estando el lado de uno de los triángulos en línea con una esfera del otro grupo. Esta línea tiene una dirección norte - sur exacta (Lothrop,1963:21).

Para el año 1996, todo este conjunto de esferas habían desaparecido. Únicamente quedaba una en el lugar (El), la cual fue dinamitada por los pobladores, creyendo que en su interior podrían encontrar oro. Las investigaciones de rescate evidenciaron en este sector de la Finca 4 una concentración de cerámica (C4), así como una esfera fragmentada (E2), muy deteriorada, de 60 cm de diámetro, removida a la hora de construir alguno de los drenajes del lugar.

Mediante una recolección sistemática de materiales culturales en superficie en la parte sureste de la sección 36, se encontró una "hojuela" de oro de forma circular, de 3 mm de diámetro (Badilla,1996).

Lothrop reporta dos montículos (sitios D y G) entre los cuales el sitio G presentaba una esfera asociada. Durante los trabajos de rescate, solamente se evidenciaba el montículo del sitio D, al cual lo atraviesa un canal de drenaje.

Además de documentar seis estructuras o montículos y veinte esferas de piedra en estas secciones de Finca 4, Lothrop reporta el hallazgo de los 88 artefactos de metal mencionados. El sector donde se obtuvieron estos artefactos corresponde al lado este del sitio o montículo F, documentado por este autor.

La cerámica

La vajilla cerámica de Finca 4 corresponde a los modos, tipos y variedades establecidos para el Delta del Diquís en las Fases Sierpe (800 - 1000 d.C) y Palmar (1000 - 1500 d.C) (Baudez et. al., 1993), correspondiendo en un mayor porcentaje de frecuencia a esta última fase.

Los tipos cerámicas locales más característicos son: Sangría Rojo Fino, Ceiba Rojo Café, Buenos Aires Policromo, Turucaca Blanco sobre Rojo, Papayal Grabado y San Miguel Galleta. La mayoría de las estructuras arquitectónicas identificadas y excavadas en este sitio arqueológico están estrechamente relacionadas con la Fase Palmar, especialmente por su asociación con el tipo cerámica Buenos Aires Policromo.

Dentro de la muestra de cerámica encontramos materiales exógenos¡ los cuales se identificaron como pertenecientes a la subregión Gran Nicoya (en el noroeste de Costa Rica) y a la región central de Panamá.

Los ceramios de la Gran Nicoya corresponden al denominado Grupo Altiplano, el cual esta constituido por los tipos y variedades Birmania Policromo, Altiplano Policromo, Mora Policromo y sus tres variedades. Además está presente el grupo de engobe blanco, dentro del cual el tipo cerámica representativo es el Jicote Policromo. Los incisos aparecen representados por el tipo Huerta Inciso (Bonilla et. a1.,1990). Todas estas cerámicas pertenecen al Periodo Sapoa, establecido en el lapso de 800 - 1350 d.C. La muestra de cerámica de la región central de Panamá presente en el sitio Finca 4 corresponde cronológicamente a una policromía posterior al 700 d.C (Sánchez,1996).

Los objetos de oro

El lote de objetos de metal procedentes del segundo enterramiento está cons- tituido de la siguiente manera:

33 colgantes fundidos, correspondientes a formas de aves, ranas y figuras antropo - zoomorfas; 5 cascabeles, dos de ellos en forma de tortuga;
5 discos decorados con diseños zoomorfos, antropomorfos y de elementos geométricos;
30 discos planos;
2 pectorales en forma de herradura con decoración geométrica;
2 brazaletes, y 10 cintas o bandas para la cabeza.

El objeto que no fue comprado por el Banco Central de Costa Rica, es descrito por Lothrop como correspondiente a una figura de cocodrilo con placas colgantes.

Figura 6. Objetos relacionados con el estilo Diquís. Colección Museo del Oro Precolombino.

Las técnicas de manufactura

Del total de objetos metálicos el 43 % corresponde a piezas hechas mediante fundición a la cera perdida y el resto a objetos elaborados por laminado. Con respecto a los objetos fundidos, el conjunto orfebre corresponde a las variaciones tecnológicas que pueden asociarse con la metalurgia de la subregión Diquís, caracterizada por el uso de la fundición con molde abierto, el dorado por oxidación y el empleo de la filigrana fundida en la elaboración de los elementos decorativos.

Para el presente trabajo, la identificación del lote procedente del segundo enterramiento y sobre el cual nos concentraremos, se hizo tomando como referencia las fotografías aportadas por Lothrop (1963) Y mediante los registros de compra del Banco Central, lo cual permitió identificar los 87 objetos.

Estilos orfebres regionales presentes en Finca 4

De acuerdo con Lothrop, los objetos orfebres en forma de aves con alas arqueadas y largos picos curvos (Lothrop, 1963: Plate XXXlll) procedentes de Finca 4 corresponden al estilo Veraguas (Lothrop, 1950). Para Costa Rica, Aguilar (1972) considera a estas aves como pertenecientes al tipo Veraguas; objetos que sin duda alguna tienen una amplia distribución que comprende a Veraguas, Chiriquí y Diquís (Figura 5 A, B).

Dentro del estilo Veraguas, Lothrop también incluye las tres ranas presentes en Finca 4, las cuales se caracterizan por poseer patas rectangulares y serpientes en filigrana fundida como elemento decorativo predominante. Aguilar (1972) no asigna estas piezas a algún tipo en específico limitándose a deno- minarlas como ranas con lengua bífida (Fig. 5 C).

Las ranas con patas planas rectangulares que han sido identificadas en enterramientos de Chiriquí tienen sin duda alguna un origen común en Panamá y Costa Rica (MC Curdy, 1911 : Figura XLVlll; Holmes, 1887: figura 13; Lothrop, 1937 : Figura 86 a). Carlos Balser (1962) refiere que al sur de Costa Rica el mayor hallazgo de ranas y sapos se dio cerca de Puerto González Víquez y La Vaca. Estos objetos forman parte de la colección del Museo del Oro de Costa Rica y estilísticamente están relacionadas con las de Finca 4.

Lothrop (1957) considera los discos con decoración en relieve en forma de conos y esferas, como típicos del estilo Veraguas con presencia en Chiriquí y Colombia. Este tipo de objetos con relieves múltiples cónicos y representaciones de cocodrilo están relacionados con piezas de la llanura del Caribe colombiano y del Chocó (Falchetti, 1995: lám. 47).

La presencia, dentro del conjunto de Finca 4, de 30 discos planos en diversos tamaños contrasta enormemente con el grupo de 5 discos decorados. Tal vez este conjunto de discos no decorados podría tener un carácter más local. De características locales son los dos pectorales que presentan decoración marginal, no en forma cónica, sino de esferas en relieve (Figura 5 D). En otros discos de la colección del Museo del Oro Precolombino y con procedencia del sur de Costa Rica, es clara la asociación de estas esferas en relieve con la representación del saurio (BCCR 984, BCCR 1499).

De igual manera se considera como representación del saurio la decoración marginal de forma triangular en un disco de Finca 4 (Figura 5 E). Esta representación estaría estrechamente relacionada con la predominancia de este motivo, en cuanto a diseño y significado, en los objetos que podrían considerarse como de estilo Diquís (Fernández, 1987 ).

De acuerdo con clasificaciones orfebres recientes, los conjuntos de piezas nombrados anteriormente estarían incluidos dentro del estilo regional Gran Chiriquí-Veraguas ( Bray, 1990; 1992 ). Objetos de este estilo fueron fundidos en molde abierto en formas de aves, ranas, sapos con patas rectangulares, jaguares, cocodrilos y figuras compuestas. Elementos como lengua bífida, espirales, serpientes y estilizaciones de saurio, son rasgos característicos que los acompañan.

Este estilo regional estaría comprendido en lo que, de forma genérica, Lothrop había denominado estilo Veraguas (Lothrop, 1957, Plates Clll,ClV,CVCVl). Evidentemente, Lothrop tomó en cuenta una serie de elementos formales que los relacionaban.

El estilo Veraguas de Lothrop y el estilo regional Gran Chiriquí-Veraguas de Bray son tipologías que agrupan objetos con semejanzas formales y de significado. Dentro de la variabilidad de formas ligadas a estos estilos, es difícil segregar objetos que se salgan del patrón general que los identifica como conjunto. Sin embargo, es factible señalar rasgos que podrían considerarse como distintivos de la orfebrería del Delta del Diquís, teniendo como referencia el conjunto orfebre de Finca 4.

El estilo Diquís y sus rasgos distintivos

Lothrop (1963) denominó como variaciones del tipo Veraguas a un grupo de objetos de Finca 4 que consideró como piezas locales dadas las condiciones de acabado poco controladas de algunas piezas, consistentes en formas de aves con inusitadas alas y garras asociadas con adornos laterales de cabeza, combinaciones de espirales y estilizaciones de lagarto hechos en filigrana fundida; algunas de las piezas tienen placas que cuelgan de las garras (Lothrop, 1963 : Plate XXXlV), (Figura 6A)

Figuras antropomorfas con cabezas de animales, acerca de las cuales Lothrop comenta que hay una buena representación en el oro del Diquís ( Lothrop, 1963: Plate XXXV); han sido reportadas en Chiriquí por Holmes (1887 Figura 6) Y en el sitio Panteón de la Reina en Costa Rica por Mc Curdy (1911 Figura .372,373); Lothrop (1937 Figura 163 al las relaciona con piezas semejantes en Coclé, con la característica de que presentan una diadema de avecillas en forma de tocado sobre la cabeza de la figura (Fig.6 B,C).

Estos dos conjuntos de objetos están relacionados con otro tipo de figuras (Lothrop, 1963: Plate XXXVl) que Lothrop reporta en Chiriquí y Veraguas (1950, figura 110 c); (Figura 7 A), por la presencia de estilizaciones de saurio en filigrana fundida que acompaña a las figuras en forma de tocado. Las alas en forma de media luna con decoración marginal de cordón trenzado son un elemento formal que las relaciona como conjunto. La cara de lagarto en las figuras antropomorfas y en forma estilizada en otras partes de estas, así como las barras rectangulares ligeramente curvas que enmarcan las figuras, el uso de placas colgantes, o a manera de cola en las aves y en algunos ejemplares; son rasgos distintivos de la orfebrería del Diquís (Aguilar, 1972 Figuras 14,15,23).

Los ejemplares similares a éstos reportados en Veraguas y Chiriquí tienen, en cuanto al diseño elementos que los relacionan como pertenecientes a un mismo estilo de representación. Sin embargo, las piezas del Diquís tienen una propuesta formal ligeramente diferente que las hace mostrarse con un carácter distinto aunque relacionadas con las panameñas (Mc Curdy, 1911 Figuras 366,369).

Los adornos en falsa filigrana con estilización de saurio son un elemento de diseño que comparten las piezas del Diquís con las de Veraguas y Chiriquí. Las garras en forma de dedos separados hechos con cordón y asociados con ganchos para colgar placas, tienden a estar más relacionadas con las piezas del Diquís que las de otras procedencias en las que lo usual son las patas en forma de garras con dedos unidos y doblados (Holmes, 1887 Figura 8; Lothrop, 1937 Figura 44 c; Mc Curdy, 1911 Figuras 354,356,357).

Las alas en forma de media luna con decoración marginal en forma de hilo trenzado tienen mayor presencia en las figuras del Diquís, en contraste con las figuras relacionadas con Veraguas y Chiriquí, en las que predominan los brazos arqueados hacia abajo y de forma plana sin volumen (Mc Curdy, 1911 Figura 370). Las manos en forma ovalada hechas con hilos pareados y doblados en el extremo, es un rasgo compartido en el ámbito regional.

Un rasgo de carácter formal que indudablemente es característico del estilo Diquís lo constituye las barras rectangulares ligeramente planas que enmarcan las figuras en los extremos superior e inferior. Las barras presentes en Veraguas y Chiriquí son más curvas y con prolongaciones de estilizaciones de saurio (Mc Curdy, 1911 Figuras 365,369). El concepto de barra ligeramente curva está presente en las colas de las aves del Diquís (Figura 7 A). Los objetos articulados en tres y más partes unidas mediante ganchos es un rasgo sobresaliente en lo que podría denominarse estilo Diquís (Aguilar; 1972 Figura 14).

Figura 7. Objetos relacionados con el Estilo Diquís. Colección Museo del Oro Precolombino.

Lothrop definió a un grupo de 6 colgantes procedentes del segundo enterramiento de Finca 4 como dioses murciélago (Lothrop, 1963 : Plates XVII y XXLlll ). Este conjunto se caracteriza por la presencia de dos figuras antropomorfas idénticas enmarcadas en los extremos superior e inferior por barras rectangulares ligeramente curvas (Figura 7 B). Los cuerpos son cruzados por cordones trenzados horizontales y sujetados por las manos; algunas piezas presentan espirales en los cordones, los cuales han sido considerados como estilizaciones de saurio (Fernández, 1991).

Las prolongaciones del tocado tienen forma de estilizaciones de saurio en filigrana fundida y como rasgo fundamental asociado a estas piezas, hay la presencia de placas colgantes, en patrón de seis a doce, suspendidas mediante ganchos al frente de la figura. Lothrop (1963) no proporciona mayor comentario acerca del origen de este motivo orfebre. Sin embargo toma en cuenta el poco cuidado en el acabado de las piezas para considerado como evidencia de manufactura local. Con relación a la manufactura, las piezas en general presentan problemas de fundición relacionados principalmente con la estructura del molde, con evidentes fracturas de este en varias partes de las figuras. Este grupo de colgantes se incluye dentro del conjunto de piezas descritas anteriormente, por la presencia de rasgos señalados como característicos del estilo Diquís.

Aguilar (1972) ya había considerado este conjunto de piezas como tipo "Dikís"; el tipo "Dikís" definido por Aguilar (1972) comprende colgantes cuya característica principal es la presencia de la cabeza de lagarto cuyo antecedente es lo que él denomina tipo Osa.

Sin duda alguna, el estilo Diquís se asocia a un largo desarrollo cultural relacionado con la tradición orfebre Veraguas-Chiriquí. Sin embargo, el tratamiento que se les da a ciertos elementos lo hace mostrarse como un estilo local. Las representaciones estilizadas de serpientes y de saurio y las volutas en espiral presentes en figuras zoomorfas y antropomorfas, si bien son rasgos que se dan dentro del conjunto Gran Chiriquí-Veraguas (Bray, 1990, 1992), adquieren aquí otra dimensión con la presencia de las barras horizontales ligeramente curvas que une estilística e iconográficamente a este conjunto denominado estilo Diquís.

Las barras, aparte de constituir una solución técnica en la fijación de los numerosos elementos de diseño que acompañan a este tipo de figuras, son consideradas como representaciones esquemáticas de saurio (Fernández, 1987). No se plantea que este elemento pueda ser una derivación de la representación convencional en filigrana fundida, sino que debe verse como una variante en la resolución plástica de un concepto que se desea destacar.

Las implicaciones relacionadas con el motivo del saurio y sus variaciones formales pueden estar asociadas con variables temporales o espaciales. Sin embargo, su presencia en objetos procedentes de un mismo hallazgo relaciona más con la convivencia - supervivencia de soluciones formales a un tema de trascendencia dentro del sistema de creencias.

Foto 1. Excavación de ,a de acceso a montículo B. Sector principal del sitio Finca 4.
Adrián Badilla.

La presencia de estilos regionales en Finca 4 tiene que ver, sin duda, alguna con esta homogeneidad de temas representados. Sin embargo, el señalamiento dentro del hallazgo de Finca 4, de un conjunto de piezas que cuentan con manifestaciones formales no generalizadas en el estilo regional Gran Chiriquí-Veraguas, pone de manifiesto la existencia de una industria local con presencia no sólo en Finca 4 sino también en otros sitios de la subregión Diquís.

Los objetos orfebres relacionados con el Diquís son considerados, en términos clasificatorios, como pertenecientes a un estilo y no como un tipo. El estilo Diquís estaría constituido por un conjunto de piezas que comparten una serie de elementos formales y de contenido que obedecen a patrones de comportamiento determinados socialmente y que, por tanto, son peculiares de un tiempo y un espacio determinado (Fernández, 1987).

Asociaciones cronol6gicas del estilo Diquís

Objetos tipo Diquís han sido reportados en sitios como el Panteón de la Reina (McCurdy, 1911), Jalaca (Stone 19621, La Vaca (Stone, 1977), Buenos Aires (Haberland, 1961), todos cementerios complejos con asociaciones cerámicas que van del 700 al 1500 d.C.

Doris Stone (1962) reporta piezas de orfebrería que pueden identificarse como pertenecientes a los estilos Diquís y Gran Veraguas-Chiriquí asociadas con cerámica Buenos Aires Policromo. El sitio Panteón de la Reina ha sido identificado como un cementerio elite asociado al sitio Rivas, con fechamientos entre el 1000 y el 1300 d.C. (Quilter, 1994). Los hallazgos de objetos de orfebrería que reporta McCurdy de este sitio (1911) corresponden a las principales variantes del estilo Diquís.

Consideraciones finales

En la llanura aluvial de Sierpe-Térraba se desarrolló un extenso y complejo conjunto de aldeas, en el cual Finca 4 constituyó un centro principal. Sociedades complejas de tipo cacical, con gran especialización y explotación de los diversos recursos del área, se desarrollaron a partir del 700-800 d.C.

Este sitio presentaba su sector central en Finca 4, el cual fue de uso singular; la evidencia señala que los personajes que lo habitaron tuvieron una función social más allá de las actividades económicas y políticas comunes, siendo muy probable que se relacionaran con aspectos de orden ideológico (Badilla, 1996).

Junto con la cerámica hay que destacar la correspondencia cronológica de otros materiales en el sitio como lo son las esferas de piedra y todo lo que viene a ser la industria en roca arenisca de estatuas antropomorfas y zoomorfas; las cuales son muy particulares respecto al resto del país y ocupan un lugar muy delimitado dentro de la Subregión Diquís.

Esta industria, según Mason (1945), Lothrop (1963) y Stone (1943), presenta características muy propias que permiten postular un centro diferenciado de las áreas vecinas. Además, la metalurgia se desarrolló en forma muy compleja en la misma área en que se localizan todos los elementos antes citados. La cercanía de yacimientos en forma de placeres en la península de Osa e Isla Violín facilitó y propició esta producción.

Foto de pieza de oro. BCCR 587. Colgante antropomorfo doble. Estilo Diquís, procedente de Finca 4 Palmar Sur Costa Rica.

El pacífico sur de Costa Rica ha sido señalado como uno de los principales centros de producción de objetos de metal en tiempos precolombinos pero hasta el momento no se cuenta con hallazgos arqueológicos que documenten labores de manufactura ligadas a la orfebrería. Sin embargo, la presencia en Finca 4 de una hojuela de oro que, por sus características parece haber sido producida por el corte de un troquel, podría estar indicando actividades de manufactura en el sitio.

Si a lo anterior se le agrega el hecho de que muchos de los colgantes de Finca 4 no muestran mayores evidencias de desgaste en los aros de suspensión, podría ser una indicación de que fueron fabricados localmente para ser utilizados como ofrendas. Estas pocas evidencias de producción local se respaldan con la identificación de un estilo que no solamente tiene presencia en Finca 4 sino también en otros cementerios complejos en que dichos objetos fueron utilizados también como ofrendas.

El análisis formal y estilística del conjunto de objetos de orfebrería de Finca 4, evidencia la presencia del estilo Gran Chiriquí-Veraguas asociado al período tardío en la región Gran Chiriquí; así como la existencia de un estilo con características locales pero sin duda alguna emparentado y ligado a una tradición orfebre que sobrepasa los límites regionales asociados a Finca 4.

Enmarcar un conjunto de objetos de orfebrería que hasta el día de hoy representa la mayor evidencia asociada a un sitio arqueológico con investigación científica reciente, cobra relevancia en el sentido de que es factible dilucidar información acerca de contextos cronológicos y relacionar este conjunto con estilos regionales y locales y su asociación con otras industrias especiales.
La utilización de artefactos de metal como medios visuales de diferenciación social parece ser el patrón predominante en el sureste de Costa Rica. El hallazgo de Finca 4 y otros hallazgos similares reportados en la subregión Diquís, ponen de manifiesto la presencia de sitios con variedad de artefactos que denotan o caracterizan sociedades con formas complejas de organización sociopolítica.

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