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Esferas, tesoro ancestral |
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Periódico La Nación, 19 de marzo 2000
Ivannia Varela
Con leyendas y teorías científicas, diversos sectores intentan explicar
el misterio que ocultan las esféricas esculturas de piedra costarricenses.
Cuenta una antigua leyenda que antes de que Cristobal Colón arribara al nuevo mundo, los primeros moradores de Costa Rica esculpieron unas colosales esferas de piedra para ocultar grandes cantidades de oro...
Las redondas esculturas sobrevivieron al paso del tiempo. Mas el hombre moderno confirmó que en realidad solo se trataba de un mito, pues al partir varias por la mitad no brotó ningún tesoro.
Aún así estos globos de granito continúan robándole el aliento a turistas, historiadores, arqueólogos, astrofísicos y a todos aquellos por cuya sangre corre espíritu de aventura.
Basta con observarlos para que surjan por decenas las preguntas: ¿Formaban parte de un esotérico ritual indígena? ¿Fueron construidos por una poderosa civilización perdida? ¿Son el legado de seres intergalácticos que visitaron nuestro planeta?...
Relatos de todo tipo, especulaciones y teorías científicas de distintas vertientes han intentado explicar el misterio de las esferas de piedra, catalogadas como únicas en el mundo. Mas no se logra consenso.
Si bien es cierto que en otras partes de América se tienen precedentes de rocas con apariencias semejantes, ningunas muestran un acabado tan meticuloso, ni se han encontrado en cantidades tales como las halladas en suelo tico, sobre todo en el denominado delta del Díquis, conformado por los ríos Térraba y Sierpe, en la zona sur.
Las hay de distintos tamaños. Desde las que se equiparan con una naranja, hasta algunas con diámetros de 2,5 metros y 30 toneladas de peso (30.000 kilogramos), un peso equivalente al de cuatro autobuses juntos.
Pese al valor arqueológico que se cierne sobre dichas figuras, el país carece de respaldo legal para reclamarlas como patrimonio.
Y por eso, muchas de ellas, más de cien –de acuerdo con cálculos conservadores– se hallan diseminadas por el área metropolitana, adornando jardines de fastuosas viviendas o de instituciones públicas. Otras abandonaron el territorio nacional hace varias décadas y se exhiben al público como sublimes tesoros en museos o embajadas.
Con el fin de devolver una buena cantidad de estas esferas al lugar que las vio nacer, las autoridades del Museo Nacional intentan convencer a los actuales dueños de que las donen. Desde el año pasado, han tocado varias puertas, pero las respuestas han sido exiguas. Únicamente ocho gigantes megalitos han vuelto al cantón de Osa. (Ver recuadro: Retorno al Díquis).
Fue en los tiempos de la Mamita Yunai –cuando la United Fruit Company empezó a abrirse camino entre pantanos y terrenos indómitos–, que resurgieron del lodo las primeras esferas de piedra. La sedimentación del río Térraba y el denso bosque tropical las habían ocultado desde épocas inmemoriales.
Aunque en ese entonces la majestuosidad de muchas de ellas impresionó a los trabajadores de las plantaciones bananeras, pocos sabían que estaban frente a uno de los misterios precolombinos más significativos.
Una de las pioneras en el estudio de aquellas inexplicables rocas fue la arqueóloga Doris Stone, cuyo esposo, George P. Chittenden (agente de la compañía bananera), había adquirido varios terrenos en la zona sur.
Atónita con el hallazgo, esta mujer decidió compartir sus investigaciones con el arqueólogo estadounidense Samuel Lothrop, experto en civilizaciones indígenas americanas.
Juntos hicieron mapas cuidadosos de los sitios de donde provenían los megalitos. Luego de una serie de análisis, excavaciones y debates descubrieron que la mayoría estaban alineados con otros y presentaban formas geométricas como triángulos y rectángulos.
Sin formular conclusiones categóricas, estos dos científicos abrieron la puerta a otros colegas que, con el transcurrir del tiempo, han intentado discretamente buscarle una explicación a las esferas.
La arqueóloga Ifigenia Quintanilla es una de las principales investigadoras. Durante seis años, esta mujer entregó cuerpo y alma al proyecto "Hombre y Ambiente en el delta Sierpe-Térraba", cuyo eje central era el estudio de las inexplicables rocas.
El fruto de su trabajo, junto con las investigaciones de Stone y Lothrop, se ha convertido en la versión oficial para explicar el origen de estas figuras. Ello, a pesar de que la continua remoción de las piezas ha dado al traste con el 80 por ciento de la información esencial. (Ver recuadro: Sobre las pistas).
Tras desenterrarlas, medirlas y dibujarlas, Quintanilla determinó que las mismas fueron creadas entre los años 400 d.C y 700 d.C, es decir, hace aproximadamente 1.500 años.
Aunque se desconoce el nombre del grupo humano que les dio forma, la especialista también sostiene que la clave está en los ascendientes de los borucas. Sin embargo, quienes sobreviven a esa grupo de aborígenes no guardan en sus memorias ningún rastro para esclarecer el enigma.
Otra de las hipótesis de Quintanilla sostiene que las esculturas fueron utilizadas como símbolo de poder entre grupos, y que el tamaño iba directamente ligado al estatus de cada pueblo.
"De igual manera, podrían haber sido empleadas para representar el Cosmos, pues es claro que manejaban la idea de esfericidad. Pero eso es algo que tampoco hemos podido probar científicamente", agrega Adrián Badilla, arqueólogo del Museo Nacional.
Más allá de los datos que oficialmente se exhiben en folletos y libros turísticos, otros investigadores, menos convencionales, también han intentado aportar su grano de arena en la carrera por descifrar el secreto de las esferas de piedra.
Algunos se las atribuyen a una cultura que rendía devoción a los astros, otros aseguran que son el resultado de un proceso de erosión natural y unos cuantos se las achacan a seres extraterrestres. (Ver recuadro: Desde otros ángulos).
Sin embargo, entre esa gama de interpretaciones, despunta la del estoniano Ivar Zapp, afincado en el país desde 1972. En su libro, Atlántis in América, este diseñador y antropólogo asevera que los megalitos ticos guardan ligamen con un continente, supuestamente borrado del mapa hace 11.500 años.
Tal argumento carece del respaldo de las autoridades arqueológicas de Costa Rica, pero aviva la curiosidad de otros sectores más liberales.
Por ejemplo, el International Biographical Centre (BCI), con sede en Inglaterra, lo mencionó entre los 2.000 científicos más connotados del siglo XX debido a su polémica teoría.
La idea de seguirle las pistas a las esferas y atar los cabos sueltos comenzó a gestarse en la mente de Zapp dos décadas atrás. Su punto de partida fue haber descubierto –junto con sus estudiantes de arquitectura de la Universidad de Costa Rica– que la mayoría de estas rocas circulares se alineaban con otras de forma muy similar a los grandes megalitos del mundo.
Con un atlas de Mercator –que toma en cuenta la curvatura de la Tierra–, el investigador descubrió que las esferas, tal y como fueron colocadas por los aborígenes, señalaban distintas direcciones, cual si se fueran mapas a gran escala.
Para no hacer conjeturas apresuradas, Zapp solicitó la ayuda de Carlos Araya, encargado de orientar los vuelos en los aviones de Líneas Aéreas de Costa Rica (LACSA). Así, utilizando instrumentos de navegación modernos, Araya analizó la posición de los megalitos y confirmó que se trataba de rutas marinas.
Por ejemplo, uno de los alineamientos desenterrados por los arqueólogos mostraba el trayecto en línea recta que, incluso hoy, conduce a la Isla del Coco, lleva después a las islas Galápagos y conduce finalmente a la Isla de Pascua.
En ese sitio, además de las famosas e inexplicables cabezas de piedra, se han encontrado estatuas esféricas muy parecidas a las costarricenses, indica un artículo del periodista Anthony Smith para la revista estadounidense Madison.
Pero los hallazgos no concluyeron aquí. Se constató que un segundo grupo de rocas analizadas apuntaba a Jamaica, a Cuba y a las Bermudas, mientras que otras estaban perfectamente direccionadas con las tres pirámides de Giza, en Egipto, y con el templo de Stonenhenge.
"Definitivamente se trataba de un pueblo con conocimientos de navegación muy sofisticados... Mis datos me llevan a pensar en los atlántidos, habitantes de un lejano punto del orbe que, según el mismo Platón, visitaban con periodicidad el viejo mundo", dice Zapp.
Además agrega: "Para mí, ese pueblo no se lo tragó el mar, como dicen las leyendas. Yo estoy convencido de que en realidad se trataba del continente americano, el cual, a mi juicio, es más antiguo de lo que se piensa oficialmente".
Sus palabras las respalda con otros hallazgos. Uno de estos es el hecho de que en las momias egipcias se han localizado restos de cocaína y de tabaco, productos originarios de los países latinoamericanos.
Igualmente, afirma que si se unen todos los continentes en una sola masa, lo único que falta para completar el rompecabezas terráqueo es un trozo del Golfo de México. Este, según las últimas investigaciones, se desintegró por causa del meteorito que acabó con los dinosaurios.
Dentro de todo este planteamiento en favor de la Atlántida, a Zapp tampoco le tiembla la voz para asegurar que Costa Rica –conocido en otras latitudes como el país de las piedras– jugó un papel primordial en la formación de los navegantes de aquella poderosa civilización.
Y por eso dice: "No en vano, Atlas, quien fue el primer rey de los Altantes y también se convirtió en el mito de la astronomía griega, carga sobre sus espaldas una enorme y pesada esfera". Una relación, que quizá encienda aún más el debate sobre los orígenes de este misterioso legado precolombino.
Hablar de las esferas de piedra, es disparar la imaginación a límites insospechables... A continuación algunas de las teorías que han surgido sobre la marcha desde que estas esculturas fueron encontradas en la década de los 40:
En 1969, el suizo Erick von Daniken decidió incluir a las esferas de piedra de Costa Rica en su libro denominado Regreso a las Estrellas. Según sus investigaciones, estas esculturas constituían un culto a los astros o eran representaciones de calendarios.
Sin embargo, entre sus conclusiones más importantes señala que estaban relacionadas con una antigua visita de seres extraterrestres a la Tierra, pues la esfera –segúnquienes se apasionan por el tema de los ovnis– es la forma más adecuada para la navegación interestelar.
Σ El arqueólogo inglés Andrew Tomas, también dijo, años atrás, que los alineamientos triangulares y la colocación de los globos de piedra en algunas montañas, hacen pensar en algún simbolismo astronómico o religioso. Incluso, se han encontrado esferas con dibujos similares a las constelaciones.
Σ Algunos sectores sostienen que estos megalitos servían para darle identidad a la región (especie de símbolo patrio). Así lo deducen al interpretar crónicas antiguas como la de un oidor del Virrey de Perú (1560). Este hombre explicaba que los señores del Perú se reunían cada cuatro años en "el país de las bolas", al parecer Costa Rica.
Σ Otras personas opinan que las esferas son el resultado de cenizas volcánicas cristalizadas y solidificadas. n
Fuente: Revista Año Cero, reportaje "Las esferas de los dioses".
Σ ¿Quiénes las hicieron? Se cree que fueron construidas por los antepasados de los actuales borucas.
Σ ¿Dónde las ubicaron? Los conjuntos de esfera se han encontrado en asociación con zonas habitacionales y espacios de uso público, como plazas.
En lo que se ha definido como el sitio de Palmar Sur-Sierpe se ha localizado la mayor cantidad de estas esculturas. También se han reportado en la Isla del Caño, a unos 16 kilómetros del delta del Diquis.
Σ ¿Cómo las hicieron? La elaboración de estos monumentos requirió de un conocimiento detallado del patrón de fractura de la roca, así como de las técnicas de picado y pulido.
Se presume que utilizaban el fuego y los enfriamientos bruscos de temperatura para que la roca se fuera desprendiendo en capas.
Por el acabado tan meticuloso que presentan las esferas, también se asume que utilizaban marcos (quizá de madera), cinceles, martillos y sustancias abrasivas. Para mover los bloques durante la manufactura y traslado, podrían haber empleado palancas elaboradas con troncos.
Σ ¿Qué representaban? Estilísticamente, las esferas muestran una ruptura con las representaciones típicas de la estatuaria, metalurgia y cerámica precolombina. La diferencia está en que esas gigantescas bolas no se relacionan con animales, vegetales o humanos, sino con el marcado interés por representar un concepto abstracto como lo es la esfericidad.
¿Por qué en el delta del Diquis? El Delta Sierpe-Térraba constituyó un importante centro de producción y de convergencia de conocimientos de la Baja Centroamérica precolombina.
Fuente: Arqueóloga Ifigenia Quintanilla. Proyecto Hombre y Ambiente en el delta de Sierpe-Térraba.
Hoy, la idea es devolverle a esos parajes las redondas esculturas de granito que tanto han dado qué hablar en Costa Rica y el mundo.
Las autoridades del Museo Nacional, en coordinación con The Landmarks Fundation, la municipalidad de Osa y otras fuerzas comunales, desarrollan una campaña para que quienes posean estas piezas las donen a la zona sur y así contribuyan al turismo de la región.
"La gente podrá apreciar y entender la importancia de este legado precolombino en su contexto natural. Para ello, se están creando parques de esferas en distintos puntos arqueológicos", explicó Melania Ortiz, directora del Museo Nacional.
El proyecto comenzó el pasado 18 de octubre conla devolución de ocho gigantes megalitos que pertenecían al Museo Nacional, al expresidente Rodrigo Carazo, al artista Alfonso Jiménez y a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).
Desde entonces se han mantenido conversaciones con varios propietarios de esferas, pero hasta el momento ninguna otra ha retornado a su lugar de origen.
Muchas de ellas se continúan exhibiendo en jardines de viviendas, en la facultad de Agronomía de la Universidad de Costa Rica (UCR), en la Corte Suprema de Justicia, en la embajada de Costa Rica en Washington, en el Parque de la Merced y en algunas empresas como las tres que pueden apreciarse en MATRA.