Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

VER CONTENIDO

Relámpagos en el silencio

El Apóstata

BLOG

            -¡Sea alzada la pira en el Campo Dei Fiori!  ¡Os juro por el único Dios legítimo, que mañana 17 de febrero de este año del Señor (1600), arderá el cuerpo hereje de Giordano Bruno, y con él: sus furores heroicos y su blasfemo universo infinito!- Sentenció el Cardenal Carafa. Nuncio del Santo Oficio, encomendado desde Roma, para acelerar el sumario de Bruno.  

Antes de emitir su fallo, el Cardenal había litigado por más de cuatro horas con el concejo de la Santa Inquisición de Venecia. y con el infiel mismo, quien amontonaba  desde 1576 imputaciones en su contra.  

 Determinado a incinerar un hereje más, Carafa arengaba convincente al indeciso tribunal, congregado en el salón de un austero monasterio franciscano, circunscrito en las inmediaciones suburbanas de Nola, en Italia, diciéndoles: 

-¿No desertó Bruno de su orden Dominica “Los Predicadores”, para evadir el juicio donde se le acusaba por desviaciones doctrinales? 

-Esta pontificia institución judicial (La Inquisición) ya ha procesado por conducta inmoral, blasfemia y herejía, a Giordano Bruno. Se le ha excomulgado y como enemigo del estado y de la iglesia, permanece en presidio –acota el piadoso Galvarino, superior de la abadía, quien es secretamente, un inquisidor desconfiado de la hoguera. 

-Sí,... sí...  pero en casi ocho años de cautiverio y tormentos no habéis podido hacerlo abjurar de su falsa doctrina. Hoy por el contrario, predica su confusión ¡y a viva voz! por toda la mazmorra.- Aseguró Carafa. 

-Para eso estamos reunidos aquí, desde hace cuatro semanas.- Acota con timidez un miembro del concejo de la Santa inquisición- 

-Doce de los más íntegros monjes dominicos y franciscanos, investidos todos por el santo oficio, son quienes decidirán el escarmiento meritorio de Giordano. ¡No uno de entre nosotros!, sino todos por voto unánime, conforme a nuestra ley.- Subraya Galvarino.

-¡Cuatro semanas inútiles! -Rugió Carafa revolcando furioso los documentos testimoniales -Este hereje merece la enmienda extrema, y bien lo sabéis...  ¿Acaso no os basta el testimonio de su propio benefactor, don Giovanni Moncenigo?... ¿No fue él mismo quien lo entregó a nuestra inquisición?  

-Él en persona lo denunció, excelencia, pero no queremos erigir un mártir más. Ya se las arregló este apóstata para publicar casi toda su sacrílega obra en Frankfort, y no son pocos sus imitadores. Además según nuestras normas nos falta un segundo acusador. -dijo recatado el franciscano Galvarino, recordando en silencio el despotismo, ya célebre, del Cardenal Carafa. 

-Si la sagrada inquisición se rigiera por esos escrúpulos, no hubiéramos podido exterminar a los maniqueístas cátaros y sus perniciosas doctrinas. Los albigenses eran miles y la mayoría terminó en el brasero, igual suerte corrieron bogomilios y paulicianos. –Su convincente tono de gloria, provocó un rumor de voces aprobatorias en todo el salón. Entonces Carafa agregó: 

 -Es nuestro beato deber liberar a nuestra Santa Madre Iglesia de sus adversarios, ¿acaso son mayores que ella esta nueva plaga de panteístas? ¿Es este hereje más pujante que nuestra comunidad?  – la aprobación era ya absoluta en el salón exceptuando a Galvarino, quien insistía en el apremio formal de un segundo acusador. 

Aprovechando el ambiente propicio, Carafa concluyó rotundo –Traedme aquí al impío, yo haré que él mismo se convierta en su secundario delator... ¿Qué esperáis?... ¡traedlo de una buena vez! –Gritó soberano a los funcionarios. 

Minutos después el cuerpo frenado, casi desnudo y evidentemente lacerado de Giordano, yacía en el suelo a los pies del concejo. Bruno al sentir la calidez del piso de tierra del monasterio, tan contrario a la piedra de su celda, lo besó y se relamió en él, Galvarino ordenó de inmediato se le facilitara una manta, en tanto Carafa entró en materia sin más preámbulo. 

-Responded a mis preguntas y jugaos el alma en vuestras impugnaciones -resonó el Cardenal, sin disimular su repugnancia por el reo. 

-¿Acaso no es la tierra, creada por Dios nuestro Señor en seis días, el centro del universo? –Le inquirió con tono apostólico. 

      -Eso creyó equivocadamente Tolomeo, - respondió el convicto mientras raspaba como un perro alegre, el suelo con las extensas uñas de ambas manos, amontonando polvo - mas la verdad que aceptáis como segura no es la de Dios, sino un error de cálculo del sabio griego... 

-Avéngase el procesado a contestar la consulta, - gritó esbirro un monje, esperando la complaciente mirada del Cardenal.  

-En verdad no lo es. –Asegura Bruno, mientras orina sin congoja sobre el acopio de polvo recién arado por sus uñas.  Confundido el Cardenal, por tan bestial conducta, apresura su próxima demanda. 

-Entonces crees, como el otro hereje...  -escapándosele el nombre revisó su orondo “Catalogo de Libros y Autores Prohibidos” y golpeando repetidamente una de tantas líneas continuó diciendo, -... Nicolás, sí Nicolás Copérnico... ¿qué el sol es el centro del universo? 

-El universo es infinito y como tal, carece de sentido hablar de un centro- sentencia Giordano en tanto amasa el lodo con sus enjutos dedos- las estrellas no son lamparillas puestas por Dios para decorar nuestro techo, sino soles como el nuestro o incluso superiores,  dispuestos en la inmensidad sin limites del infinito, pero ninguno es el centro del cosmos, pues en lo infinito cualquier punto puede ser su centro, “todo esta en todo”, yo mismo, –dijo levantando sus brazos encadenados y mugrientos- soy en este instante el centro vivo del universo, ¡el corazón de Dios!. 

-¡Blasfemia!   -Gritaron en coro los religiosos 

-Sí, blasfemia pagana de un culto retrógrado, como aquel de Hermes Trismegistro. Veneración indeseable y decrépita.  -Recalca complacido su eminencia Carafa. 

-Responde, criminal, a tu última oportunidad: ¿no es acaso Dios, el padre del universo, mismo que se conserva y rige por su divina providencia? 

-Dios no es el progenitor del cosmos- responde Bruno mientras suspira la consolación dada por los emplastos de lodo y urea que aplica a sus muchas llagas- ¡Dios es el universo mismo!,  y nosotros los hombres, tan sólo un accidente sideral parasitado en el manto exterior de sus partes siderales... 

-¡Amordazad ya su embustera lengua!  ¡Empínese de inmediato el cadalso! Y si alguno de vosotros esta en contra de mi sentencia, defienda pues a este hereje y asuma con él su penitencia. 

            Ninguno de los monjes se atrevió a contrariar a su excelencia, Carafa miró retador al monje Galvarino, pero este no pudo más que bajar su mirada y asentir. 

            De regreso en la celda, aquel condenado a muerte no detuvo la vivaz prédica de  su doctrina, hasta que Carafa le mandó a cortar de raíz la lengua

            En la tarde de día siguiente, el piadoso monje Galvarino contemplaba los restos chamuscados del hereje, diciéndole en secreto: - Que ironía Giordano, fuiste quemado por culpa de tu lengua blasfema y ella fue la única parte de tu cuerpo que no purificó el fuego. 

 

Nota biográfica de: Giordano Bruno

ANTERIOR

ÍNDICE

SIGUIENTE

Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

 

© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

® Relámpagos en el silencio