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El ímpetu de las tormentas

EL BARRANCO DE VIZNAR

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       "Los donaires del fascismo, contaminados de svásticas genocidas, han resonado otra vez sus fusiles. Esta vez en Fuente Vaqueros, provincia Andaluza de la Granada Española. Detonando sus plomos, contra el pecho fructuoso de aquél hombre que toda su vida los rehuyó. Pero ha querido el destino perder su cuerpo para siempre en el Barranco de Viznar, la pasada madrugada del 19 de Agosto de este año de 1936". 

He escuchado, esta mañana, en el noticiario de las seis y a un océano de distancia, aquí en mi exilio americano. Recordé que hace apenas un mes, encontrándome en Madrid, Federico García Lorca, subía agitado la vetusta gradería del edificio de la revista literaria "Indice" regentada por Don Juan Ramón Jiménez, hombre de letras, quién había asumido el padrinazgo de aquel exquisito grupo de poetas, que la posteridad convocaría con el nombre de: La Generación del 27.   

Allí, en un salón del tercer piso, nos reuníamos. Las muchas hojas manuscritas, otoñaban la largura oval del mesón de roble donde nos apostábamos los escritores cuál caballeros de un nuevo Grial. Luis Cernuda, quien siempre llegaba de primero, deliberaba con Pedro Salinas y Vicente Aleixandre, sobre el reto de guardar un estricto equilibrio entre la tradición y el vanguardismo literario. Rafael Alberti, arrimando escandalosamente su butaca, manifestaba su admiración por los clásicos. José Bergamin, comentaba con María Teresa León, el interés que tiene la métrica tradicional en el folclore transmitido por la lírica y el romance; pero ella insistía en el verso libre y en la importancia de la imagen y la metáfora. Unos de otros sacábamos provecho de nuestro taller literario. 

La puerta rechinó en sus goznes y todos miramos a Federico García Lorca, que ingresaba tardío al salón. 

-¿Como va el montaje de "La casa de Bernarda Alba"? -Le preguntó María Teresa muy entusiasmada. Federico colgó su gabán en el perchero y en tanto respondía, se encaminó hacia a la ventana para abrirla y desembarazar la habitación del picante humo de tabaco. 

-La obra está lista para las tablas... Pero no la estrenaré aquí en Madrid.... -nos dijo con indiferencia. 

-¿Por qué? -Interrumpimos en coro sus colegas. 

-Hoy mismo regreso a Granada... Me voy, por que aquí me están complicando con la política, de la que no entiendo nada, ni quiero saber nada. -y suspiró asustado. 

-¡Cálmate Federico! -Le pedí, de pie y junto a él. -Ya pasará este huracán de palomas negras. -dije tratando de animarlo.

-Soy amigo de todos, -insistió Federico, apartándome con suavidad -Lo único que deseo, y ustedes lo saben, es que todo el mundo trabaje y coma... ¿Por qué éstos sesudos políticos insisten en rebuscar en mis escritos, significados que yo nunca imaginé?... 

-Siéntate Federico -Le pidió casi suplicante Rafael Alberti, arrimándole una silla. Pero él se dirigió a una de las paredes donde colgaba amarillento uno de sus viejos poemas, arrancándolo nos dijo: 

-¿Recuerdan este? -Y sacudiéndole frente a nosotros, empezó a recitarlo como nunca se a pronunciado una poesía. -Verde que te quiero verde/ verde viento verdes ramas./ El barco sobre la mar/ y el caballo en la montaña....... Y completando hasta el último de los versos de su Romance sonámbulo, nos dijo vehemente. -Parece que tiene argumento... ¿Verdad?... ¡¡¡Pues no lo tiene!!! no hay aquí un maldito argumento, no hay aquí una miserable intención, ni mucho menos el rebuscado fondo político que mis "inteligentes" inquisidores ven. Aquí sólo hay forma, únicamente forma y nada más que forma... Vengo discutiendo esto, desde la plaza de Baeza... primero  con mi profesor de francés, don Antonio Machado... Por último en este mismo salón con aquel comprometido chileno... Pablo Neruda, lo he reflexionado con Salvador Dalí en su casa y con Luis Buñuel en los cines...  En todos los foros he defendido mis composiciones pero... Ya estoy harto.... ¡Me voy, me voy ya mismo a Fuente Vaqueros, mí pueblo, para apartarme de esta estúpida lucha de banderías y salvajadas!. 

El silencio se nos anidó pajizo en las gargantas, y nadie pudo liberar de allí una paloma de consuelo. Nosotros conocíamos la verdad de aquellas palabras; Lorca, dobló con paciencia la hoja de su poema, escondiéndolo en su camisa, sudada de premoniciones, y arrastrando su gabán salió con apremio, hasta la estación del tren. 

Pero el infortunio, enredado en el destino de mi amigo, se burlaba invencible de su inocente fuga, porque  cuarenta y ocho horas más tarde, Granada caía en manos de los sediciosos. 

La vivienda de los Rosales escondió a Lorca, mas la nariz acerada de los hurones fascistas, dio con su paradero a las cinco de la tarde; sofocando de madrugada las claridades del poeta. 

¡Ay! ¡Escucha oh siempre inoportuna fatalidad!... Sólo has ganado un mausoleo sin cuerpo, porque la forma inmortal de nuestro poeta, aún se pasea por La Casa de Bernarda Alba, sigue jugando entre Romances Gitanos, odas y Cante Jondos, visita en todos los escenarios a la trágica Yerma, se sorprende siempre en Nueva York... y hoy nuestro llanto no es por su Sánchez Mejías, sino por el cruel designo que  encaminó a Federico García Lorca, a contraer sus propias Bodas de Sangre, allá en El Barranco de Viznar. 

Nota biográfica de: Federico García Lorca

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© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

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