Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

VER CONTENIDO

El ímpetu de las tormentas

LA INICIACIÓN

BLOG

No está, hijo mío, en los caprichosos cálculos de las conjunciones de los astros el destino de los hombres, le dijo Michel de Nostradamus a su hijo César, quien de igual forma que él, seguía las raíces tradicionales de la tribu judía de Isacar, pródiga en astrólogos, magos y adivinos. 

-No fue examinando los cielos, como tu abuelo Jacobo predijo mi nacimiento, para un jueves 14 de diciembre de 1503, a las doce mediodía exactamente. ¡No!, lo hizo mientras se embobaba en los ojos de tu abuela Renata. 

-Entonces padre... ¿Por qué me has enseñado a manejar el astrolabio?. Con él aprendí a conocer la posición rigurosa de todas las estrellas... ¿Por qué me has inmerso en los laberintos de las matemáticas y en las profundidades de la astrología? 

-Hasta hoy has aprendido, hijo mío, la tradición del conocimiento de nuestra tribu, la ciencia en ti es ya madura, y ésta te capacita hoy para iniciarte en el secreto que nuestra familia ha guardado por siglos. Si te he hecho estudiar las revoluciones de los astros, es para facilitarte la comprensión de que los hombres y todo cuanto es, somos tan sólo polvo de estrellas individualizado. Es por ello que el destino de la humanidad está en los luceros; mas no necesariamente en los rígidos cálculos que hacemos con ellos. 

Nostradamus, palmeó el hombro de su hijo y aprendiz, invitándolo a subir a su observatorio privado. 

Impaciente, César ascendía por las extensas graderías de piedra, que llevaban a la cima de una antigua torre cercana a su vivienda. Por primera vez, en 28 años, el neófito ponía sus pies en el santuario privado de su padre. 

Un frío recinto circular, coronaba la torre. Sus paredes, todas, estaban tachonadas de musgo y líquenes, apenas se podía leer en ellas éstas palabras, caladas en la piedra: "Visita el interior de la tierra, que rectificando encontrarás la piedra oculta". Flotaba allí un aroma de montaña anochecida, y las palabras se magnificaban en sus ecos. El techo, formado por un domo hemisférico de cristales traslúcidos, invocaba a todas las estrellas del firmamento. Hacia abajo, completa, la Villa de Saint Rémy en Provenza. 

Le asombró a César el no advertir dentro de la cámara ningún instrumento de medición astrológica, no colgaba por allí un solo astrolabio, no vio círculos graduados ni arganeles, ¡nada!, y mucho menos un libro con efemérides. Únicamente pudo ver (aparte del grabado en la pared),  en el centro de la estancia, una pulimentada paila de cobre, sostenida por un férreo trípode. Dentro de la paila, agua cantada de lluvia, y en su fondo descansaba el alquímico metal líquido del mercurio. Al lado de tan extraordinario instrumento, una silla y una pequeña mesa donde apenas cabían la pluma, el tintero y un grueso cuaderno de notas.

-No te extrañe esto, hijo mío... los astrólogos estudian las estrellas mirando hacia los cielos... Mas los magos las contemplamos mirando en dirección a la tierra, a travez del introscopio, -dijo, señalando la olla de cobre. 

-¿Estudian a las estrellas mirando hacia la tierra? 

-Allá por el año 1480, en esta misma cámara, tu tatarabuelo Abraham no pudo predecir que un edicto regio, amenazaría ese mismo año a todos los judíos de Provenza, pero al observar este introscopio, vio el carnicero destino que esperaba a toda su descendencia, si no se convertía al Cristianismo, y a pesar de su rígida convicción religiosa, encaminó a los suyos hasta la pila bautismal, dejando de ser Abraham de Isacar para convertirse en Abraham de Nostradame. Como ves, esa sabia decisión no la tomó calculando las conjunciones, ascendentes, cuadraturas, oposiciones y demás aritméticas posibles con los astros, él consultó a las estrellas, mirando en su interior. 

-¿Cómo es eso posible? -Preguntó, incrédulo, César a su padre. 

-Ven, te lo demostraré. -Nostradamus sentó a su hijo frente a la paila de cobre; humedeció su ya artrítica mano derecha en el agua llovida, y frotó la frente de César. -Esto hijo mío, es una pequeña ayuda, en tanto desarrollas tu propias facultades. -Y le instó a ver dentro de la paila. 

-¡Veo, padre, las estrellas reflejadas en el agua!... ¿Si les pregunto algo me responderán? 

-No preguntes nada, y déjalas libres, así ellas te revelarán sus designios. Mantén tu mirada sin foco sobre las aguas, pero  mira bien hacia dentro de ti. 

Al cabo de pocos minutos de contemplación, César exclamó asombrado... 

-¡Santo Dios!... ¿Acaso ves lo que yo?... ¡La imagen es más nítida que la mejor de mis sueños! 

-Describe tu visión. 

-Es un torneo amistoso... se celebra el fin de la guerra con España...

¿Cuál guerra con España? 

-No te cuestiones nada; que no intervenga tu razón, nada más observa,

-le dijo imperioso Nostradamus. 

-El rey de Francia quiere medir sus fuerzas con... no veo bien... parece ser un joven... 

-No te esfuerces ni especules, sólo mira. -Volvió a guiar el maestro. 

-...La escudería del joven, porta el león heráldico de Escocia... el blasón del rey, también exhibe un león; ¡y su armadura brilla como el oro!... ¡Galopan, galopan a confrontarse!... La lanza del joven atraviesa accidentalmente la visera fortificada del yelmo del rey... ¡Sus ojos!... ¡Traspasó sus ojos!... Cae, cae.. ¡Oh, Dios, el rey se fracturó el cráneo!... pero no muere en el instante... Su agonía será larga... 

César se incorporó de súbito, apartando su vista del introscopio, caminó frenético por el recinto, mientras frotaba su cabellera. -¡Cielos, padre! No sé si podré hacer esto con regularidad.  

-¿Cómo escribirías esa profecía? -le preguntó Nostradamus a Cesar, en tanto lo sostenía por los hombros, tratando de calmarlo. 

-Tal como la vi, así la contaría. 

-No, no, demasiado directa, fría y comprometedora. Además, algunas raras veces las estrellas cambian sus juegos, y tú caerías en el ridículo. Tú ya has visto mis centurias, una cuarteta por visión, solamente cuatro versos y nada más. 

-¡Imposible describir en cuatro versos todo lo que vi! 

-Escucha este intento: 

"El joven león al viejo león ha de vencer

En campo de honor con duelo singular

En jaula de oro sus ojos sacará

De dos heridas una, para lenta muerte cruel" 

-¡Pero escrito así, podrán darse múltiples interpretaciones! 

-¡Mejor!... mejor que interpreten los demás... Nunca interpretes tus propias visiones. ¡Nunca! 

-No sé, padre, si yo pueda seguir tu camino... 

-¡No! no mi camino. Tú, César hollarás tu propio sendero... Escucha hijo mío, pronto no me verá con vida el ojo naciente del sol. No necesito del introscopio para saberlo, ni requiero de visión alguna para escribirte esta cuartilla. Escúchala para ti, y grábala en mi tumba, el próximo 2 de julio de este año de 1566. 

"Por unos versos turbios

me hice calificar de profeta.

Pero la gloria es imperfecta

cuando sólo la conceden los necios"

Nota biográfica de: Nostradamus

ANTERIOR

ÍNDICE

SIGUIENTE

Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

® El ímpetu de las tormentas

 

Nostradamus

El 14 de diciembre de 1503 nace Michel de Nostradame en la villa de Saint Rémi, Provenza Francia.

Nostradamus estudio letras, medicina y filosofía en Avignon y Montpellier. Asombro siempre a sus compañeros y profesores por sus raras facultades e infalible memoria. Tenia 22 años cuando durante, una peste que asolo la ciudad de Montpellier, invento uno polvos preventivos que tuvieron mucho éxito.

Entre 1530 y 1532 recorre Francia e Italia. En Génova, paseando con otros viajeros, se topo con un humilde monje franciscano, joven porquerizo llamado Felice Peretti. Nostradamus se arrodillo ante el monje y beso sus manos. Intrigados sus compañeros de viaje le preguntaron de que se trataba, a lo que el vidente respondió: “no ago otra cosa que rendir el debido respeto a su santidad”. En 1585 peretti subía al trono pontificio con el nombre de Sixto v.

En 1546 su nombre alcanzó la fama al cortar el contagio de la más terrible epidemia, llamada “carbón provenzal”, con preparado de su invención.

Nostradamus publica sus “Centurias” en 1555, que incluyen profecías hasta el año 3797.

El 2 de Julio de 1566 fallece en Salón, a los sesenta y dos años y diecisiete días de su nacimiento.

  Ir al inicio del documento