Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

VER CONTENIDO

El ímpetu de las tormentas

ÍMPETU Y TORMENTA

BLOG

       ¡Más luz! ¡Más luz! -reclamaba desde su lecho, Johann Wolfgang Goethe, en la casa del duque alemán de Weimar, ese mediodía, de un 22 de marzo de 1832, y ochenta y tres años de vida se le filtraban retrospectivos por su memoria. 

Al escucharlo, el joven Werther, almacén de todos los amores del poeta, corrió hacia el ventanal, pero advirtiendo que las cortinas estaban completamente abiertas, se abalanzó contra ellas para arrancarlas, y así proporcionarle aún más luz a su ya anciano creador.          

Werther, en su lucha por desclavarlas, enredó su lánguido cuerpo en ellas, trayéndoselas por fin al piso, y fue allí donde descubrió, con espanto, que los bermejos cortinajes escondían el ímpetu de una tormenta viva, al Luciférico espíritu que por más de sesenta años, cortejó la pluma fructuosa del poeta. 

-¡Aléjate de mí, suicida! -le ordenó el temible Mefistófeles, sacudiéndolo de su capa con genuina repulsión y desprecio, y el liviano cuerpo de Werther, rodó atribulado. 

Ya de pie, con sus piernas abiertas contra el ventanal, Mefistófeles extendió en cruz los brazos, dibujando así con la postura de su cuerpo, la estrella macrocósmica, y la encarnada capa llenó de nieblas toda la habitación. 

-¡Luz, luz, más luz! -volvió a reclamar en su agonía el poeta. 

-Ya es la hora doctor -Retumbó Mefistófeles.

Y pese a estar quebrado por el espanto, el espíritu frágil y apasionado del joven Werther, se interpuso diciendo: 

-¡Déjalo en paz, demonio! Este hombre no te debe nada. 

-Fue un pacto doctor -recordó Mefistófeles, ignorando completamente la presencia del muchacho- Ya disfrutaste de mi parte del trato, Te di la inteligencia más portentosa de este siglo, y con ella la facultad de acceder a todo lo que es digno de conocerse en el mundo. Ahora vengo por lo mío. 

-¡¡Charlotte!! -Gritó Werther, invocando con ese sólo nombre a siete notables amores de Goethe, quienes también fueron su inspiración. Y ellas, cual querubines, llenaron la mortuoria estancia. 

-¡No fue un pacto! -intervino la inmortal Margarita-, fue una apuesta, y esa aun no la has ganado, tramposo. 

-¡Sí! -Le recordó Kätchen, su amor de adolescencia, a Mefistófeles-. Las condiciones impuestas fueron: que si lograbas extinguir su afán de superación, por una parte, y ofrecerle la felicidad incondicional, por otra, podrías apoderarte de su alma.

-Tú ponzoña, no ha podido apagar en este hombre su afán de superación. -Le imprecó Mariane, su última pasión, señalando al poeta. 

-El ocio nunca ha sido su lecho... -Intervino convincente Lili, su cariño más turbulento. 

-... Y hasta en este, su postrer día, no ceja este tenáz hombre, en su empeño de ir ganándole terreno al mar -continuó la romántica Friederike. 

-Tus halagos jamás lo han seducido -aseveró victoriosa Christiane, madre de sus hijos. 

-Nunca se refugió este hombre en la felicidad incondicional. -Agregó fulminante, su imposible Charlotte. 

Mefistófeles recapacitó en las palabras que el doctor le dijo el día del pacto... "Si un día, en paz me tiendo en lecho de ocio y me da igual, lo que pueda ser de mí. Si un día, con halagos, me seduces de tal modo que a mí mismo me agrade... Si a un instante le digo alguna vez: ¡Detente, eres tan bello!, puedes atarme entonces con tus cadenas". 

-¡Luz, luz, más luz! -reclamó por última vez Goethe, y las mujeres le rodearon con sus tibios rostros. Mirándolas desvanecerse en su agonía, se dijo: "¡Quiero decirle yo a este momento: Deténte, eres tan bello!" 

En ese preciso instante, Mefistófeles arrebató el espíritu de Johann Wolfgang Goethe, abandonándolo en el olimpo más encumbrado de la inmortalidad.

Nota biográfica de: Goethe

ANTERIOR

ÍNDICE

SIGUIENTE

Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

® El ímpetu de las tormentas

 

JOHANN WOLFANG VON GOETHE

Poeta, ensayista, dramaturgo y novelista alemán, nacido en Frankfurt del Main, en 1749. Muere en Weimar, en 1832.

Principal promotor del grupo literario “Sturm und Drang” (Ímpetu y Tormenta). Autor de una obra enciclopédica, está considerado como una de las máximas figuras de la cultura occidental y uno de los genios más completos que ha  enriquecido la cultura universal. La figura de Goethe fascina al hombre contemporáneo, abismado en una era de especialización.

Siempre estuvo Goethe inmerso en amores imposibles, pero ninguno de ellos impidió que el poeta forjara su monumental obra “Götz von Berlichingen!”, primera obra dramática (1773), considerada un manifiesto del romanticismo alemán, se convirtió en un éxito fulminante entre los intelectuales, lectores y espectadores del teatro alemán. Pronto su “Werther” (1774) provocaría una tormenta en los círculos literarios de toda Europa, sentó las bases de la fama internacional de su autor y causó una epidemia de suicidios entre sus lectores, contaminados de amores imposibles.

No mencionaremos su vasta obra; en cambio recordaremos que su inmortal “Fausto” estuvo trabajándose en la imaginación del poeta por 60 años, hasta su completa terminación, en 1831. Pero Goethe ordenó que no se publicara a hasta después de su muerte. En 1832 muere a la edad de 83 años, en la casa del duque Weimar. Reclamando “¡Más luz!”

  Ir al inicio del documento