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El ímpetu de las tormentas

DAVID

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 La cantera milenaria y polvorienta del "duomo" Florentino, miró entusiasta los pasos de aquél joven caprense, de silueta frágil, brazos fuertes y nariz ligeramente deformada, quien con su decidida sombra entenebreció el blanquecino terreno.  Allí, cobardemente obviado, el titánico bloque de mármol lo esperó invicto por más de un siglo. Nadie antes que él, se había aventurado a aceptar tan dispar desafío. La mole con su corpulento tonelaje, el carnal retador, con la única arma válida: el escoplo. 

 Hierática, la luz equinoccial de aquél 21 de marzo de 1501, chispeaba sobre la masa y el joven, de veintiséis años, sentóse desde el amanecer a contemplar decididamente a su rival. 

 Temprano, llegaron los trabajadores de la cantera y notaron al muchacho, quien, sin distraerse por el barullo, observaba extático el invencible bloque. 

 -Juliano, ¿Quién es ese joven? 

 -Es Buonarroti, tengo tiempo de no verlo por aquí, ...¿siete años, quizá?...¡Sí! Desde que murió Lorenzo de Médicis, su benefactor. Pero vamos, Vito, dejemos al loco con su locura y pongámonos  a trabajar. 

 La huella solar tragaba sus horas y Buonarroti, permanecía  inmutable. 

 -Juliano... ¿Qué le pasa a ese muchacho? No he podido dejar de observarlo... Ya hemos almorzado, y él no se ha movido una pulgada. 

 -Déjalo, Vito, no se te ocurra distraerlo, Michelangelo Buonarroti, es un loco de mal carácter... Hace unos años, Pietro le quebró la nariz porque el tipo se le puso agresivo... Todo por la opinión contraria de Pietro, sobre los frescos de Masaccio. 

 -¡Pobre muchacho!... ¿Qué terrible tormento lo aprisionará?... ¿Por qué no dejará de ver esa estúpida piedra? 

 -¡Olvídate de él, Vito!, ¿Acaso no has notado que Florencia se ha convertido en la Meca de todos los locos? ...De ellos, quizá don Leonardo sea el más sufrible. 

 Vito, trabajador reciente en la cantera, nunca antes había visto a uno de esos "locos" ejercer su tremendo mentalismo, acción igualmente incomprensible por Juliano, quien se conformaba con tacharla de locura. 

 La desvaída luz de la tarde advirtió a los trabajadores de la cantera el fin de su jornada, y Michelangelo Buonarroti continuaba sentado frente al amenazante bloque, contemplándolo con su obstinada visión. 

A la salida, Vito despistó a Juliano y, triunfando en él la curiosidad sobre el temor infundido por su amigo, se encaminó hacia el "loco".

Pero, al recordar lo dicho sobre la agresividad de éste, Vito se resguardó  en el juicio de la distancia y, desde allí, le gritó a  Michelangelo, que sostenía su atención sobre el inmortal bloque marmóreo.  

 -¿Qué tanto le miras a esa tosca piedra de mármol?- inquirió Vito con voz encumbrada pero quebradiza.  

 -¿Cuál piedra?- Respondió Michelangelo, sin sobresalto. 

Sorprendido por la respuesta, Vito se sublevó y, abalanzándose contra el mármol, pateó y palmoteó su pesada mole, al tiempo que gritaba con furia al escultor: 

 -¡Esta, esta misma estúpida mole, que has estado mirando como un enajenado todo el maldito día! 

 -No sé de qué me hablas -suspiró Michelangelo, sin destrabar su mirada del mármol, -y señalándolo, agregó sereno:

-Lo que admiro frente a mis ojos, lejos esta de ser una tosca piedra. Allí, a flor de mármol, palpita un impresionante y magistral héroe de leyenda; poeta, profeta y aguerrido domeñador del gigante filisteo, a quien abatió con una arma inferior a ésta -y mostrándole su cincel,agregó: -¡Yo no me iré de Florencia hasta liberar su esplendor!.

Nota biográfica de: Miguel Ángel

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© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

® El ímpetu de las tormentas

 

Miguel Ángel

El 6 de marzo de 1475, nace Michelangelo Bunarroti, en Caprense Italia. Domino las cuatro nobles artes que solicitaron su talento: escultura, pintura, arquitectura y poesía. En 1496 se traslado a roma; allí esculpió dos de sus mejores obras juveniles: Baco y la piedad. en 1501, regresa a Florencia y acomete uno de sus proyectos mas valientes al aceptar el desafió, que ningún escultor había osado emprender hasta entonces: trabajar en bloque mármol, de casi 5 metros de altura, que yacía  abandonado, desde un siglo antes, en la cantera del duomo florentino. Miguel Ángel hizo surgir del El la impresionante estatua de “David “, como si la figura se hallase desde siempre en el interior de la piedra. De 1505 a 1512, Miguel Ángel fue virtualmente esclavizado por el Papa julio 11, quien se exigió que le decorara la capilla sextina. En 1563, un 18 de febrero, muere Miguel Ángel, y con el, toda una época: el renacimiento italiano.

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