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CUENTOS HUMOR

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Una súplica escuchada 

Es cierto y de toda verdad que cuando uno se pone viejo, las memorias más nítidas son aquellas de la infancia y juventud. Precisamente hoy, fisgoneando entre rendijas la conversación de Julia, una de mis vecinitas, quien cuchicheaba con su dichoso novio, recordé un lejano evento de adolescencia… Aclaro a los del barrio que cualquier similitud entre mi relato y la conversación que le escuche a la rica de Julia, es mera coincidencia. No valla a ser que por otro malentendido me vuelvan a apedrear el rancho, o me partan una vez más el hocico.

Aclarada la cuestión vuelvo a mis recuerdos.

No es secreto para nadie que a mi Inés de siempre, la conocí cuando ella ya no tenía ni vagos recuerdos de su virginidad. Sin embargo nunca se le quitó la costumbre de hacerse la difícil en los momentos en que uno más requería de sus servicios.

En cierta ocasión de lejana juventud, regresábamos del “Herediano” nuestro salón de baile preferido, después de pasar la noche manoseándonos entre boleros, cumbias y swing. Inés cansada de pagarme las cervezas, los taxis y hasta los condones, se puso tacaña y se negó a financiar el cuarto de hotel, no quedándome más remedio que ir a dejarla a su casa. Cosa que evitaba pues su padre siempre fue un viejo religioso y cascarrabias. Cuando por desgracia me tropezaba con él, no desperdiciaba la ocasión de criticar mis ajustados pantalones campana, mis camisas psicodélicas, mi hermoso y rizado pelo largo, mis zapatos de plataforma y tacón cubano. Al viejo le molestaba hasta el internacional acento que tenemos los guapos, criados en “Sagrada Familia”  Nunca entendió ese viejo ignorante que la palabra “tuanis” es una sublimación de la frase gringa “too nice”

El asunto es que al llegar a la misma entrada de su casa, allá en San Pedro de Montes de Oca, yo no quería simplemente despedirme de Inés e irme en blanco, entonces con la ternura y fino léxico de que soy capaz le dije asumiendo una postura ganadora, como de viril torero español, apretando las nalgas y echando la pelvis pa´delante, con la mano derecha apoyada firme en la pared  y la izquierda delicadamente posada en mi cadera, libre y lista para desenfundar. Así de apuesto me encontraba cuando le dije:

-Inés, mamacita, mi amor… ¿por qué no me la chupas un ratito?

-¿Aquí?... ¡Estás como atacado Gracilejo… aquí no!

-Vamos Inés no sea malita, arrímese aquí… yo la tapo con mi gabardina… ¿no ve como me tiene?

-Eso le pasa por miserable, nunca tenés plata ni para un cuartucho… ¡NO!

-Venga rica mami venga, como estoy la cosa va ser rapidita… ¡VENGA!

-¡Que pachuco más necio… ya le dije que NO!

-Pero, mi amor, es un ratito nada más, deporsí a esta hora no pasa nadie.

- ¡NO! puede bajar alguien de mi familia a botar la basura o algún vecino reconocerme.

-Vamos Inés, hazlo por caridad, si me voy así se me van a reventar las pelotas.

-¡Que cabrón Gracilejo más necio!... ¡NO, jódete solo!  Ya le dije que mi papá puede bajar.

-Agachese aquí mamacita, yo se que le gusta tocar flauta, venga porfa una mamadita nada más…

- ¡No! que pueden bajar...

-No sea tontita mi amor, venga, aquí agachadita… ¿Sí?

- ¡Mae más necio, que no, que no y que NO!

- Pero mi amor, ¿acaso va a ser la primera vez que me lo hace? Venga, aquí, aquí, VENGA.

-¡NO!

Cuando de repente y saliendo de la nada, aparece la hermana de Inés, en pijamita corta… Por cierto que estaba bien rica la cuñadita. Salió media dormida, despeinada y con un humor de los mil demonios. Con el ceño fruncido miró a Inés directo a los ojos y le dijo furiosa:

- Dice papá que él ya sacó la basura y les jura por la virgen que nadie va a bajar. Que por amor a todos los profetas del antiguo y nuevo testamento, ¡acabes y se la chupes de una maldita vez! Papá dice también que si usted no se la quiere chupar, que entonces se la chupe yo, y si yo no quiero, viene mamá inmediatamente y se la chupa, y que si la vieja se pone con varas, ¡pues que carajo!, él mismo baja y le da una buena mamada.

Pero que por favor le diga a ese flaco peludo y hediondo de Gracilejo que quite su re-contra-puta mano del intercomunicador… ¡Que son las 3 de la madrugada... y no nos dejan dormir!

Gracilejo Larco,

San José, setiembre 2007

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