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Cuentos de humor

SILABARIO SUBURBANO

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A manera de introducción 

            A principios de la década de los años noventa, visitaba regularmente a mi hermano Alex, quien vivía en Barrio Lujan, en un antiguo caserío conocido como “El Cerrito” Nos apasionaba jugar ajedrez, tomar cerveza y quebrarnos la cabeza con los modelos para armar de las naves de la Guerra de las Galaxias.

            En las noches calurosas, sacábamos nuestra destartalada mesilla de ajedrez y un par de sillas al fresco corredor de la casa. A unos pocos metros de nosotros, en la acera y en la poco transitada calle de “El cerrito” se empezaban a reunir, como todas las noches, lo muchachos y muchachas del barrio.

            Entre peones, alfiles, caballos, damas, torres y perfidias truculentas para asesinar al rey, se me colaban las conversaciones de la barriada. Su euforia narrativa y ante todo, tan colorido lenguaje, me obligaron a prestarles cada vez más atención en detrimento de mis tácticas de guerra.

            La siguiente sopa de letras es un intento, más o menos fiel, de reconstruir algunas de las conversaciones que les escuché a los muchachos del barrio y rescatar la jerga de su particular silabario suburbano. 

 

SILABARIO SUBURBANO

  

La vara es que estaba yo tranquila como Camila allá por el parque de la Merced fumándome un blanco con el Anofeles cuando pasa espantado el Perrúbela y nos avienta un bolso y diay yo como por inercia lo levanté, cuando vijeo a los cuatro tombos municipales que vienen mamaos, garrote en mano, y pico la mora detrás del Perrúbela que corría como descocido calle abajo, oigo al Anofeles madreando al municipal que le enjuagó el hocico en el pavimento y cuando alcancé a verlo ya lo tenían esposado, entonces le pongo bonito a la carrera porque tres de los tombos venían detrás mío y el Perrúbela adelante sacándole chispas a las tenis.

Pero que va mae, estas tetas me empezaron a brincar todas descoordinadas, perdí el ritmo de fuga y los malparídos me cazaron, un calvo hijueputa me esposó las manos a la espalda no sin antes manosearme toda y los otros dos culiólos cagados de la risa siguieron detrás del Perrúbela.

            La vara es que el calvo mal parido me llevó de la relinga del culo hasta el cajón que estaba parqueado allá por la torre medica, me quitó las esposas y de un empujón me zampó hasta el fondo de la perrera y ¿que cree?, allí estaba el anofeles con un piedrero dos borrachos y cuatro putas esperando a que se llenara el barco para dejar la carga en la comisaría.

El pobre del Anofeles estaba arrinconado con la jeta toda raspada y hecho un puño de nervios, apenas me vio empezó a echarme una retahíla de reclamos por haber juntado el bolso por lo del cerotazo en la jeta y terminó cagándose en mi madre, ¿qué culpa tiene mi vieja de que el playazo este no sepa correr?

Lo que me emputa es que el Anofeles tiene las patas mas largas que yo conozco, es más alto que cualquier tombillo municipal, se carga una cara como de comadreja  asesina y el gran pendejo se dejo cazar así de fácil, ¡sea tonto!

            Los borrachos hediondos no paraban de hablar pura mierda, las putas empezaron a arrimarse cariñosas al maricón del Anofeles, el piedrero cadavérico se me puso tonto, lo rechacé de un madrazo y cuando me di cuenta ya me estaba alzando la bronca, me preparé para reventarle las pelotas de un patadón, cuando abrieron la puerta de la perrera y aturusaron al Perrúbela. El mae venia de un humor que se lo llevaba la gran puta madre que lo parió, porque sólo cuando estaba muy chamaco los policías lo lograron cazar un par de veces pero hacía años que ninguno le ponía la mano encima.

Me contó que le fue fácil ganarle la carrera a los municipales, llegando al parque de la sabana se sombrió detrás de un macollón de bambú, para pasar el rato de dio fuego a un purito de mangorrosa que andaba todo arrugado en la gabardina de siempre, pero como usted sabe la mangorrosa es la mariguana más pationa que hay, por supuesto que los tombos no lo vieron pero la patada de marilucha los llevó hasta el matorral y allí le cayeron a palos. Venía todo pichaciado, pero me dijo que no le hicieron nada, que esos municipales pegan como palomitas con la regla.

El Perrúbela se me arrimó y sacó de su hedionda gabardina un paquete de cigarros casi completo diciéndome que eso era todo lo de valor que cargaba aquel infeliz bolso, eso y un par de condones, una caja de chicles medio vacía, un monedero del pato Lucas, como con cuatrocientas cañas y pare de contar.

-¡Entonces playo, si el bolso no cargaba nada mas!... ¿porqué me lo tiró?, le reclame emputada.

-Quien la tenía de idiota juntándolo, yo sólo lo aventé para distraer a los tombos, me gritó con su carácter de los mil putas, pero ofreciéndome el cigarrillo, no había terminado de darle fuego cuando se asomó el piedrero con cara de perro mojado, para pedirme las trescitas, cuando Perrúbela le zampó un pichazo en la mera torre.

-¡tome hijueputa, por jugar de loco! -Le grité al desgraciado y es que Perrúbela odia a los piedreros, porque el tata de él, que era un roco que manejaba el güebo se puso a darle a la piedra y terminó en la calle echo una mierda, al final el roco la palmó pero la mama del Perrúbela y tres hermanillos chamacos tuvieron que irse a armar un rancho allá en la Carpio donde van a escorar todos los nicas que llegan a Chepe, dicen que cuando Perrúbela se topaba al tata en la calle lo cerraba a patadas y cuando no lo volvió a ver, vergiaba a cualquier piedrero. Las putas que estaban echadas frente a nosotros al oír el guamazo y mi grito dijeron,

-¡Eso era lo que le hacia falta al cabrón ese del Roña!- Luego todas cariñosas las zorras le pidieron un blanco al Perru y el mae como siempre de hijueputa le dijo:

-¡si me la maman si!- ¿Y que cree?, ¡se la mamaron allí mismo! Algo iba a reclamar el piedrero que al parecer andaba con esas maes, cuando el Perrúbela que estaba echado en posición mamatoria, le encajó una patada en el gañote y el Roña empezó a ahogarse feísimo. La vara es que me fumé el blanco como sin ganas y el Anofeles que ya se le había bajado la chicha me dijo:

-no hay nada Zopizorris, tranquilidad total, es que me dio playada que esos carepichas me cazaran así, sobre las olas, fumémonos el blanquito de la paz.- Le tiré el paquete del Perrúbela que estaba con las zonchas en un puro quejido. El mae no se había ni venido, cuando abrieron de nuevo el cajón, las putas brincaron como moscas de soda espantadas, dejando al Perrúbela con la pinga al viento. Metieron un vergal de gente, casi todos piedreros y piedrerillas un poco de putas y mas borrachos hasta las tetas.

El Roña reconociendo a sus compas se armó de valor y empezó a armar camorra pero la perrera estaba tan llena que no había espacio ni para darse de mordiscos, así que la vara no pasó a más, el cajón arrancó y salió mamao para la comisaría.  Entre curva y curva uno de los borrachos se ranchó encima de una puta y todas las que estaban cerca de él le cayeron a pezuñazos y gargajos, el infeliz gritaba como chancho en vísperas de navidad y en la angustia de los coñazos, soltó un soberano pedo con todo y lo que viene detrás, cagándose literalmente en la olla de leche. Nadie estuvo jamás tan ansioso de llegar al tabo como los que viajamos en ese cajón. La vara es que por fin abrieron la puerta y todos salimos como cursiada de vaca. Nos clavaron a todos en una jaula que por lo menos era mucho más grande que aquel pestífero cajón. El Roña y los piedreros se embolsaron, volvieron pura tusa porque nadie armó el saperoco. Las cuatro putas del principio, resultaron ser unas maes pura vida y desde que cerraron la jaula me rodearon como para defenderme porque los piedreros no habían dejado de hacerle números a mis tetas, que no es por nada  pero estrujaditas en el tallador se me ven muy ricas, al menos eso me pasaba diciendo Lepra, otro compa de Luján, hasta que un día muy tápis, me ofreció una birra si se las enseñaba y yo ni lerda ni perezosa me destape la pechuga y así me tragué la birra, pero desde esa noche el Lepra no volvió a piropearme las tetas. Pero la vara fue que allá en el tabo los dos compas, las putas y yo armamos un cardumen y buscamos chante contra la pared, porque contra la pared es el mejor lugar para pasar una noche en el tabo. El Anofeles y Perrúbela iban como punta de lanza, pateando borrachos y empujando a los piedreros, hasta que nos ganamos el pedazo de muro y allí, fuera de vara, pasamos una noche muy tuanis, yo me le encajé dentro de la gabardina hedionda al Perrúbela, después de que las putas le cumplieron el brete aquel por los cigarros, que nos fumamos con pánico a que se terminaran, y se terminaron. Anofeles hasta se echo una pajita con la ayuda de la Cateadora, como le decían sus compas a la puta más corpulenta de ellas. La pasamos tan pura vida que me recordó aquella ves que nos la tiramos riquísimo en las posas de San Luís, cagados de frío y con un filo, que no nos quedo otra que comernos unos a otros ¡que orgía! Y que caminada el día siguiente, porque a nadie le quedaba un cinco para el pase, todo nos lo habíamos gastado en cigarros y guarito. Igual en el tabo, como a las cuatro de la madrugada y con ese frío hijueputa, el concierto de tripas, que sonaba como coro de marcianos debajo del piso, entonces nos pusimos a contar lo mismos chistes de negros de Pepito de genios y de monjas que ya todos se sabían pero igual nos reímos hasta mear. De repente me acordé de los chicles que Perrúbela había sacado de aquel pinche bolso y bien calladita acercándome a las argollas de su oreja, le pedí uno, ¡y sea tonto! Toda la manada de muertos de hambre que estábamos en aquella esquina del muro, se abalanzó diciendo: ¡sí, sí mae no sea gacho, invite, invite. Perrúbela sonó la cajilla de chicles, sacándole las babas a todos los reos de la jaula y me dio dos pastillillas, después una a cada puta de las nuestras y se acabó la fiesta. El anofeles, todo resentido le dijo que manda güebo por haberle dado los chicles a las putas y un montón de playadas más.

-¡Y bien que le cuadró la jalada de hule que te dio la Cateadora. ¡Llorón!- Le gritó el Perrúbela. -Pero no se agüebe mae, que si se agüeba se empolla, para nosotros guardé lo mejor- le dijo y desenfundó los dos condones, tirándole uno. Al verlo volar por el aire la Cateadora gritó:

-¡A mi si no me dan cinco rojos, tendrán que meterle ese hule a la madre que los parió!- Ni lerdo ni perezoso el sangrón del Perrúbela le respondió: 

-¿Qué?... ¿un tucán por ese culo viejo? Está como atacada mamita, ni que fuera la Vika o Glendita Peraza... no se me haga ilusiones gordita, que no pienso desperdiciar este hule en sus celuliticas nalgas.- Aquí brinco el Anofeles reclamando:

-¿entonces que hago yo con este puto condón?.... ¿me lo zampó entre el culo o que?

 –No sea maje Ano-feliz, vea como es que es la jugada –dijo el Perrúbela, sacando del sobre el baboso condón, se lo metió en el hocico y empezó a mascarlo con unas ganas, que a todos se nos antojó. El Anofeles se encogió de hombros, sacó su condón del sobre marca Sultán, lo miró con asco y gritó

-¡me vale verga! –y se lo aturusó en la jeta, primero parecía que estaba mascando mierda de loro, pero al rato se le iluminaron los ojos y le comentó al Perru, -¡mae, mae, esta madre no sabe tan gacho... ¿quién le enseño este toque?

–Lo descubrió por accidente su hermanita, usté imagínese como. –le confesó el desgraciado.

–Si me lo imagino, playazo. Su alma debe de tener la pinga tan insignificante que los condones le quedan nadando. –le respondió el Anofeles, cagado de risa.

-¡Póngaseme de cuatro patas pa’que vea hasta donde le mido el aceite, culiolazo! –le ladró el Perrúbela. –fírmame aquí, picha de canario…yo si tengo con que rajarle las telas del culo, playito- respondió el Anofeles pinga en mano.  Y así se la tiraron hasta que empezó a clarear, madreándose y gritándose improperios, pero todo era parte del vacilón porque ese par de rábanos son como hermanillos. La vara es que yo me agüebé toda, porque ya me conocía esa terapia y siempre es la misma pus, oír a ese par de hijueputas gritándose tonteras.

Lo que si se me reanimó fue una monchis de chuparse los codos que me cargaba, y entonces me acordé que antes de verme con el Anofeles, allá en el parque de la Merced, pasé a echarme una miada en la sodilla del Ñato y como siempre, me engaleté un puño de servilletas de una mesa, para secarme la tajada, sobrándome un poco que tenía guardadas en la bolsa trasera del pantalón. Entonces empecé a rumiar servilletas toda disimulada, para que los come condones no me las arrebataran, por cierto que el animal de anofeles se acababa de tragar el suyo, porque se cagó de risa por alguna yeguada que le dijo el Perrúbela, y todos vacilamos un buen rato imaginándonos el cerote embutido que se iba a echar. Así que mejor el Perrúbela escupió el suyo y un piedrero, sin hacerle mucha mente, lo agarró con la velocidad de la lengua de un sapo y siguió dándole bonito al masticado hule. Todos lo miramos con asco, entonces el comemierda se saco el condon de la jeta, empezó a mirarlo y gritó ¿Y la lechita qué?

            La vara es que el Anofeles, ya muy camote por el hambre, se levantó y empezó a vijearme las tetas, caminaba de aquí pa’llá y eso era como ver al desgraciado coyote de las fábulas pulseando al correcaminos pip piip, y se raja diciendo

 –Las hembras son un bostezo, ocho tetas en este rincón... -éramos cinco mujeres, pero el mae no contó a una flaca que bautizamos Alicate, porque eso parecía la hijueputa, con las canillas todas corbetas, con una licra toda tallada, que le repintaba todo el gigantesco panochón que se cargaba esa flaca, pero del ombligo para arriba nada, lo único que se le notaba por la tallada blusilla era un huesudo esternón -...y ninguna tiene una gota de leche, pura estopa, puro pellejo, pura impresión, pura caca.

            -Vos que hablas, flaco inútil, ¿pa’qué güebos? Se salva que no tengo un sartén, porque hace rato se los hubiera fritado. –le soltó una puta.

            -Inútil el viejo cacreco de su agüelo, ¡venga mami, pa’que vea como este puro campeche está que rebosa de leche!  –se defendió tuanismente el Anofeles

            -¿Puro?, esa vara que tiene guindando usté, no llega ni a chinga de cigarro majada. No raje mae, no raje, que ese pedazo hediondo de maní no me alcanza ni para rellenarme el hueco de esta muela. –y sacando la lengua le enseño hasta el galillo.

            -¡Hijuelagranputa hueco mae! Dijo escandalizado el Anofeles- Ahora si que me limpió la anona... diay sí, ya puede rajar que me ganó el pleito. La verdá es que ese ras cráter no se lo tapan ni con la picha frondosa del Gotzila.

            Y la hablada siguió divirtiéndonos otro buen rato.

            Desde que nos engaletáron, hasta el otro día, dormimos por ratillos, como en episodios de telenovela colombiana, pero nunca a la vez, así que mientras unos roleaban, otros estábamos madreándonos o contando chiles. El Anofeles, apenas caía lelo empezaba a roncar como un animal estrangulado. Alicate se perdía en una bomba de mocos, la Cateadora, soltaba unos pedos como de ultratumba, al Perrúbela se le descolgaba la quijada y una delgada baba se le escurría hasta la gabardina, mas de un cabrón le metió basuras en la gaveta y el royo es que el mae empezaba a masticarlas, tragaba y volvía a descolgar el hocico, a una de las putas le silbaba la nariz pachísimo, dicen que a mi me dio la vara por hablar dormida.

            Como a las once de la mañana, pegaba un solano feroz, entonces como atacado, el Perrúbela se levanto y quitándose la gabardina, made in usa, porque la compró en uno de esos pulgueros que venden trapos usados, todos pateones a cajón sin naftalina y a sudor gringo, pateó al Anofeles para que se despabilara y todo obstinado le dijo:

            -Mae, mae, hagamos algo que ya me agüebé de estar echado aquí, como un gato pensionado. Vamos a quebrarle el culo a unos cuantos piedreros.

            -Calmado mae, ¡no sea hueco mae!, no se ponga en varas- refunfuñó medio dormido el Anofeles.

            -¿Qué mae, se le trasroscó el rol de mufla? ¡vamos, vamos, no se me embolse, mueva el culo!- le decía el Perru, mientras calentaba como boxeador.

            -¿sabe qué pito? No lo atraso. Vaya a que le terminen de despanochar el tarro... ¿sobre que me voy a dar de pichazos con nadie? ¡no ve que aquí todo el mundo esta calmado! Horita abren esta mal parida jaula y todo el mundo para la choza a escarbar peroles- le dijo el Anofeles medio emputado- El Perru se le acercó tranquilo, como para contarle un secreto y le gritó en la pura oreja:

            -¡ANOFELES PURA MIERDA!- después se fue jugando de Osquitar de la Olla, para el lado donde estaban quietiticos los piedreros, meneando el pescuezo como culebra en celo y me dio un colerón verlo jugar de vivo, que de a por derecho me dieron ganas de que le partieran el hocico. Ahí lo escuche vociferar:

            -¡Venga Roña, venga venga! Démonos unos caticos, venga, sin mala fe mae, sólo por puro deporte, -Y como el Roña ni pestañeaba.

-¡VENGA ¡malparidohijueputacomemierdamaricón, venga antes que me enoje y me lo traiga a coscos.

Y que va. Las provocaciones del imbécil Perrúbela no sirvieron para nada, la pandilla de piedreros, más bien parecían una pila de cadáveres flacos, esperando que los clavaran al horno, me entiende. Estaban hechos un puño de temblores y convulsiones, por falta de la papa esa que fuman. Los borrachos se veían más peor, para mi que ya estaban viendo los diablos azules o lo que sea la mierda que ven, porque sollozaban feísimo con los guachos todos desorbitados, diciendo animaladas.

Pero las putas del otro lado ya se preparaban para caerle al bocón ese de Perrubela, y con ellas la vara no es jugando. La vara es que la panochuda de Alicate, que estaba en nuestro bando, se le fue encima diciéndole:

-Sentáte careculo que yo sí le quiebro la picha en dos toques.

El Perrúbela puede ser el más despreciable de todos los cabrones que yo conozco, pero tonto no es. Rapidito le cayó la cora de que aquello era una advertencia, porque aquellas zorras sin mucho matarile lo pensaban chusiar.

La vara es que al rato abrieron la reja y sin esperar ni costra los muy malditos policías empezaron a mangueriar la jaula, así que socamos la tuba, para que no nos empaparan y después de allí no hubo mas tramite, ni siquiera nos pidieron el nombre. Yo no entiendo el camote de esos hijueputas, con ese deporte tonto, esa rutina inútil, de salir por la noche a cazarnos, meternos en las perreras, después a la puta jaula, como a medio día a lavarla y a sacarnos para repetir la misma costra. Hay más de un zornako idiota que lo cazan hasta cuatro veces en una semana, y otros cabrones, como los ragamorfos pipis que se dejan agarrar solo para venir a ver como es la vara en la jaula. ¡Sea tonto!

A mi esta es la tercera vez que me zampan al bote, sólo por andar midiendo calles con los compas del barrio, porque el cardumen de Luján es calmadísimo, nadie anda robando ni fumando piedra, solo marilucha de vez en cuando y guarito cuando hay. El único tortero aquí es el platanazo del Perrúbela, pero no siempre anda pegándose cadenazos o arrebatando bolsos el mae dice que le da esa vara cuando está con la depre, para que no se lo coma la agüebazón, porque si no, es capaz de tirarse de un puente o guindarse del pescuezo a algún palo de mango y no es vara, ya una vez lo hizo pero tan salao que se le partió la rama. ¡No le digo! Nosotros le decimos para joderlo que le estamos rezando a la negrita de los Ángeles para que nos lo descanse pronto, y el mae nos pregunta cagado de risa:

-¿Me lo juran por la vida de monseñor?- y todos nos besamos el pulgar cruzado con el índice haciendo gran ruido y respondiéndole en coro:

-¡Que se muera monseñor si no es cierto!

Al pobre de Anofeles todo el mundo lo juzga mal, las viejillas del barrio cuando lo ven se cruzan de acera en un puro santiguamiento, y después se van con las quejas donde el padre Pipo, pero el mae es un espantajo inofensivo, de largo se parece al mismo satanás y de cerca huele como a pisuicas, pero ese mae no mata ni a una mosca. Cuando otras barras no quieren alzar la bronca, les enseñamos al Anofeles y mejor van jalando. Es como la bandera gringa ¡pura pantalla! Porque si los enemigos se animan él es el primero en espantar la mula.

La Morsa, quien es mi mejor amigo, ya ni fuma blancos, dice que el tabaco es pura caca de mono –uno fuma y fuma como murciegalo deprimido y la vara no llega, en cambio yo le doy un par de jalones a un buen purito y es otra vara, rapidito me siento livianitica. ¡ya. La vio!

La nota del Cabezorro es venirnos con cuentos de las chiquillas que se apreta en el brete, de las tocadas de tetas, del repello contra la puerta, del dedito travieso, de la lengüita en la oreja, y de la hundida de tuco al final. Pichón de mamut, dice que:

-Esas habladas son pura jetera del Cabezorro, el mae es un gran pendejo con las hembrillas, ese mae no sabe ni siquiera por qué los pelos de los panchos crecen en rizos....

-¿Por qué? –le preguntó el Lepra.

-Diay pito, porque si los tuvieran parados nos los clavarían en los ojos.

Yo me cagué de risa, porque se me ocurrió, ponerme plastigel en los míos para punzarle los ojos al Perrúbela. Pero Pichón de mamut es un gordo, enano y envidioso, lo único que sabe hacer es contar buenos chiles, por eso nos hizo tanta falta aquella noche en el tabo.

-Hay que dejarse de varas- dijo el Lepra- pero el Cabezorro si sabe como contar la jugada, se acuerdan cuando aquella noche nos llego diciendo:

-Maes vieran que chiquilla mas rica me apreté ayer, las vara es que yo la conozco desde hace tiempo y nunca le había dado pelota, pero ayer se dejó venir con un yins que le levantaba el culito de lo mas rico y le repintaba la barnocha como si tuviera apretado allí en gran yoyo... –y no sigo porque yo no lo cuento también como el Cabezorro, pero yo no se ustedes, lo que es a mí, la historia esa, me paró el cacho de una manera que lo primero que hice apenas me acosté fue ahorcar ferozmente al pato.

-Mae sí, tallao, -dijo el Anofeles- yo tampoco me aguante y tuve que ir a terapearme el riel.

La tortillera de Rosa se rajó diciendo:

-Si compas, yo también me fui con ese culito estampado en la mente y me tuve que dar un solo de violín, y la verdá a mi no me importa si el Cabezorro se inventa esas mamacitas mientras nos la siga trayendo aquí.

Yo caí en cuenta del porqué la noche de ese cuento del Cabezorro, el templado del Perrúbela me pegó una soberana culiada, con unas ganas riquísimas. ¡y claro! Era que el culiólo se estaba imaginando a aquel culo.

Pero maes, lo que estaba diciendo yo, es que la gente de este cardumen son muy calmados. Por ejemplo Casihembra, ni siquiera es playo...

-¡Que cáscara! -Brincó Medio Pollo-, a mí con esa hablada. ¡Anda cagá! Porque a Casihembra le cuadra la caquita. ¿Qué no es playo? ¡JODÁS! Camina como carraco, habla como gay, tiene ademanes de culiólo, cuando se sienta cruza la pierna como rábanazo, viste como maricón. Bueno... si no es bicolo... ¡mínimo es un grandísimo homosexual!

            -¡Jodás vos! Medio Pollo, lo que pasa es que a usté se lo come la cochina envidia, ese mae Casihembra es fino, coqueto, le cuadra andar bien chaniado. Buenos rucos, buena chema, cachos limpios, corbatica de Taz y toda la vara, buen guacho, pa' no llegarle tarde a la chiquilla...  En cambio usté es un lumpen come mierda y andrajoso...

            -¡vieron compas! La Zopizorris se cantó solita, ¡Está empepada del Casihembra!

            -¡Jueputa Medio Llopo, más mordido!... Pero la verdá es que prefiero echarme un polvo con Casihembra, que media cochinada de polvo con usté... culo seco, cacarañoso.

            -¿Sabe que Zopizoncha? No la atraso.

            -Sí, sí, mejor va jalando... vaya a ver quien lo zurce.

            -¡Diay güebón! –le gritó el Cabezorro que venia llegando- ¿en serio ya jala?

            -Sí mae, la Zopizorra agarró un chorro gueiso... ¿porqué?

            -Llévese esta- le respondió el cabezón agarrándose las bolas. 

            A ese pinga de yigüirro del Medio Pollo le contamos ¡quince meses! ¿recuerdan? Con el mismo calzoncillo de licra verde. Como no tiene culo ni para sostener la pantaloneta, siempre se le notaba la tira verde del mismo guarda pedos. El mae decía que lo lavaba de vez en cuando, pero un día que estábamos jugando básquet en la cancha de Luján, el cabrón del Perrúbela, se lo quitó a la fuerza, dejando al macarrón ese, en pelotas o mejor dicho pelotillas, en media cancha, luego nos persiguió con esa inmundicia a todos, mientras nos enseñaba el gordo patinazo de caca renegrida que cruzaba el calzoncillo de lado a lado. Cuando se cansó de perseguirnos lo tiro al aire y el calzón con todo y su frenazo de mierda, quedó guindando en los cables eléctricos y allí se quedó como tres días, hasta que lo volvimos a ver en las nalgas (si se puede llamar a eso nalgas) del Medio Pollo, quien nos dijo que los aguaceros se lo habían dejado como nuevo. El mae nunca nos quiso decir como lo recuperó, pero yo creo que el peso del agua se lo trajo al piso.

            -¿qué me tacuen Cabezoncho, pura vida? Le presento a mi primilla, Sofía, esta mae es de Sabanilla. Le estaba contando entre algunos pachos, la historia del calzoncillo verde, pa’ matar la culebra, me entiende.

            -Pura vida Sofí saurio, bienvenida al cardumen.

            -¡sea tonto! ¿vio lo que le dije mipri? aquí la vara no es jugando con estos hijueputas, al chile la bautizaron de una vez.

            -Diay mae, es para que suene tuanis... Zopizorro y Sofí saurio, ¡ya la vio! ¿Pero que era la bronca con Medio Pollo?

-Varas de jaibo, que le cuadra jugar de doña toda. Ese mae a veces se cree la mamá de Tarzán, y...

-¡Mae, Zopizorris! ¿Entonces usté no se sabe el pacho?

-¿Cuál pacho? Escupa la madre...¿qué pasó?.

La vara es que nos fuimos con unos compas de la Pere, en el gajo del Meca (-el meca es aquel roco cochino del que le hablé. -¿el mecánico que operaron del reloj? –Sí, sí, el mismo viejo carebarro, que tiene como cinco años de estarse muriendo y nada que la palma...)

            -¡Bueno, bueno! Zopizoncha, ¿me va dejar cantar la jugada o que?

            -Sí mae, túmbelavara, deje hablar al hombre.

            -Sorri, sorri Cabezorrito, es que estaba   diciéndole a mipri, quien es el Meca. Déle mae, déle, ya no le atravieso más el caballo.

Bueno, la vara es que jalamos para Río de Oro, allá en Santana, y nos la tiramos riquísimo. Como siempre el Medio Pollo iba de colado, pero como el Lepra le tiene lastima, le apadrinó el raid y vieran el papelón que se armó el Medio Llopo, en la poza. Llega el mae y se manda de clavado y cuando sale está culo pelao porque se le escurrieron los calzoncillos de siempre ¡claro! ¿con qué nalgas los iba a sostener? y no se había dado cuenta hasta que todos nos cagamos de risa. Se tiró como atacao a la poza para rescatar a su amigo intimo, pero nada que lo encontraba. Al rato, el lepra, quien fue el único que por lo menos se fijó a ver si lo vijiaba, le gritó al Medio Pollo que el calzoncillo estaba saliendo por el culo de la poza, corriente abajo. El desnutrido ese, salió tan angustiado detrás de su inseparable compa, que le valió un culo que le viéramos hasta el nies. Como pudo se agenció de un pedazo de caña, pero ¡que va pito! El hijueputa calzoncillo se le escapaba entre piedra y piedra y la corriente se lo llevó cada vez más rápido. Maes pero vieran los gritos de desesperación que nos pegaba el Medio Pollo para que le ayudáramos, nosotros íbamos detrás del mae curciados de la risa pero sin mover un dedo para ayudarlo. Como a trescientos metros río abajo, el calzón naufrago descubrió otra poza, que nosotros no conocíamos y se hundió para nunca más salir. El Medio Llopo, se hizo mandado con caña y todo, como si se tratara de salvar a algún carajillo, pero al rato fue él quien salió como ahogándose, entonces yo me tiré a sacarlo y vieran maes ¡que poza más fría!... ¡y más honda que el túnel anal de la Megaculo (-la Mega es la gorda que atiende la pulpería de esa esquina, cuando vamos a comprar blancos o cualquier vara, le decimos Megüita, y la mae ni se entera, de por donde va el arroz)

-Shhhh, callate zopilota.

-¡que camote de platanazos! Ni que estuviéramos en el cine.

-Déle Cabezorro, siga con el cuento.

-Diay maes, que más quieren que les diga... después del naufragio fatal de los calzones del medio chiquen, (-¡Ya la vio, con palabras de domingo y toda la vara) el Cuarto de Pollo, se quedó agachado y en pelotas sobre una piedra, como en posición de cagar, toda la vendita tarde, si despegar los guachos del fondo de la poza, con la esperanza de volver a ver a su intimo amigo. De regreso en el gajo del Meca, veníamos vacilándolo pero el mae no dijo ni pio. Desde ese día anda como con la depre y medio chichoso ¡deaporderecho fue como si se le hubiera palmado un broder!

-¡Bueno compas! me abro de un pestañazo, porque mañana tengo que bretear temprano. Los vi por tele... Sofísaurio, fue casi un orgasmo el haberla conocido.

-¿Zopizorris?

-¿qué Sofía?

-¿Porqué le dicen a ese mae, Cabezorro?

            -¿que...? ¡no le vio la mera torre!

Para variar fue el Perrúbela quien lo bautisó. Un día nos llego contando que había pescado al mae ese en un pretil de la León, con unos pintilas dándole a la piedra, y como le conté, al Perru no le cuadran los piedreros para nalgas. Fumigó rapidito a los pintas y le dijo al mae:

-Jueputa mas animal...  ¿quiere tostarse el coco? ¡Idiota!

-Trilonca compita, nada mas estaba probando esa madre...

Pero el Perrúbela no dejó que le explicara ni costra y le aturusó un soberano coscorrón en la pura mollera. La vara es que el cabezón ni pestañeo y el Perru casi se quiebra la mano.

-¡vieran que jupa de zorro tiene ese malparido! –nos dijo aquella noche - ¡Jueputa Cabezorro mas duro! después de darle el sopapo sentí que se me acalambró todo el brazo, pero me hice el maje para no darme el bañazo, porque los piedrerillos estaban vijiandonos desde la otra esquina. -¿Que es el vijeo? – les grité haciéndoles un teatro y espantaron la mula. Entonces me volví al Cabezorro como atacao y le advertí: -Mire hijueputa si lo vuelvo a ver fumando esa pus, le rajo la jupa con una piedra. Al chile ¡cabrón! al chile le desgajo el culo, como usted se lo partió a su madre cuando lo parió. –El jupón ese no dijo ni papa, se quedó todo encogido, como esperando otro cosco, pero yo ni a putas se lo iba a dar, aunque ganas no me faltaron y no fue vara que hasta me fijé en el suelo para ver si había por allí, una buena lágrima o un garrote, para aturusarle de nuevo, la vara es que me dio playada seguir gritándole, porque el mae seguía allí todo echo mierda, como chiquito de cocinera ¡bien aporreado!

El cabezoncho es buena nota, solo que con esa vara de la piedra no se juega –Manda güebo –le dije ya desestresado –lo que pujó su mama pa’ que su alma sacara esa mera jupa y usté quiere tostarse los sesos con esa jugada hedionda.           

            Yo creo, mi primilla, que si el Perrúbela no le hubiera movido el piso al Cabezorro, se nos habría ido en la tira, como ese montón de cagaos “concremix” que ve uno por todo lado ¡Hasta las ubres de cemento y piedra!

-En cambio la yerbita es toda mae, -Como dice el Matuza -uno no anda como una comadreja nerviosa por todo lado viendo a ver que se engaleta... ¡Que va!, el humito es otra onda, ¿me entiende piecito! lo mas que le puede dar a uno es un palidazo, pero esa vara solo le agarra a los maes de harina, que se enrolan hasta seis cachirulos de a seguido. En cambio uno siempre anda mas tieso que cuello de monja, mas lavao que nalguita de bebe y si se fuma un purito de vez en cuando, le va a uno tuanis.

-¡Ya Zopizorris, deje de hacer tan feo!

-Diay mae, ¿usté no ha vijeao al Matuza? el viejillo se tuerce todo pa’ echarse las habladas.

-¡No se haga la barba! hablando de comadrejas, vean quien viene subiendo la cuesta.

-¡Tuanixs Matuza!

-Pura carnita de pavo piecitos ¿Que?... ¿donde esta el resto del cardumen?

-¿Que Matuza? ¿que anda en la galeta? ¿vanvi.... va invitar?

-viendo el payaso suelto la risa. Si tiene harina enrolan... si no mejor sigan hablando paja.

-No sea gacho Matuza. Invítese a una canita.

-¡Diay invite! ¿Como le dicen?. No seas cacao. ¡Sampaguabas! Usté que cree, que a mi que cae la mecha del cielo. No oye que hablada del Anofeles. Siga durmiendo de ese lado. ¿Que pito, se le terminaron de correr las tejas? porque se le esta metiendo el agua a lo maje. ¡Ya le dije! si quieren mota ¡la vara es echando!

-No sea estaca, Matuza, déjenos un cachiflín... por la patria.

-¿Saben que piecitos? lo que les puedo apadrinar es un lápiz... pa’ que se repinten la raya del culo, que la deben de tener toda borrada de estar volando nalga allí sentados todo el día... ¡Invite!. Busquen brete. ¡Que concha de hijueputas!

-¿Sabe que Matuza? ¡vaya sóbese el tacaco!

-Que va compas, ese roco está parado de uñas.

-¿Mipri, de donde salió ese roquillo tan folclórico?

-Sepa Judas... ¿Mae Lepra? usté que nació en esta mierda de barrio. ¿de donde salió el viejo playo ese?

-El Matuza fue limpiabotas, hace un cañal de años en el parque central. Creo que ya tiene mas de sesenta vueltas y todavía anda güebiando a las carajillas del barrio. Dicen que fue el Matuza el que le rompió las telas a la hija de la Mega...

-¡Mae, pero esa güila tiene como catorce años...!

-Al roquillo le cuadran las güilas que le huelen a leche materna y orines.

-¡Jueputa más sátiro!

El roco es pura vida, pero mas agarrado que mono en ventolero, vive en un cuartillo a la par de la pulpería de la gorda (Meguita) Yo le conozco el chante, sólo tiene un colchón de paja todo hecho mierda, unas cobijas pulguientas, un ropero sin puertas, unos cuantos peroles, un anafre viejo y pare de contar...

            -Y como todos sabemos es el que receta la marulucha en el barrio. El doctor, ¿me entiende?

            -Sí maes, ¿y han visto como le cae gente de todo lado? De Chepe, de barrio Méjico y hasta de la Uruca vienen por la medicina.

            -Todo el mundo le dice el Cuijen, pero Lepra le encajó Matuza, por lo roquitico que está, entonces el roco bautizó así al Lepra, porque antes le decíamos lindo pulgoso y es que el mae, como lo ha notado, pasa toda la santa noche rascándose por todo lado. Este pobre compa, padece de una puta alergia que nadie le a podido curar y cuando le dan las crisis, se le caen hasta las cejas. ¡Viera que feo queda mae! Flaco, sin cejas y botando el pellejo por todo lado, diga que vio una culebra.

            -¡Maes, maes! ¿saben que hace el Lepra en un yakusi?...

¡OLLA DE CARNE!

            -Tenia que ser el pichón de mamut.

            -¿No es cierto? este mae donde quiera que se sienta deja el pichazo de pellejos blancos y siempre anda arañazos hasta en el siete...

             -¡Cállate care chapi! lechón de mamut, gordo pedorro...

            -Maes, hablando del Lepra ¿se acuerdan cuando jalamos todos pa’l topuer.

            -¡Sí maes, que cagada de risa con el Lepra!

            -¿no hay nada, leprita, que le contemos a la Sofísaurio el pacho?

            -¡Me vale un culo! 

La vara, compa, es que un día, en que por puro milagro teníamos harina, jalamos para el puerto. Llegamos y ese calor del diablo. Tiramos los maletines a la playa y todos para el agua. Menos el lepra. Entonces el playo del Perrúbela le lavó el coco al Lepra, diciéndole que esa vara se le curaba con el agua del mar y el animalito este le hizo caso y se mando al charco. Todos nos quedamos esperando el momento en el que este compa se empezara a retorcer como una babosa con sal, pero nada pasó, el lepra empezó a nadar tranquilo y hasta yo empece a creer que Perrúbela tenia razón. Casihembra estaba en la playa haciendo series con la bola y llamándonos a la mejenga, entonces jalamos a jugar bola y fue cuando notamos que el Lepra se empezó a poner mas rojo que picha de perro y de pronto se puso a pegar unos gritos gachísimos y empezó a corre como atacado para allá y para acá. Pero viera el cuadro de este mae...

-Diay culiólo, si no era vara que me estaba cocinando...

Al principio creímos que era pura payasada, porque el mae corría pachísimo, tiraba las patas como para afuera y corría brincando de puntillas con los brazos estirados y las manos que le colgaban como un espantapájaros. Nosotros nos revolcábamos de la risa, pero al rato vimos que la vara era en serio...

            -¡NO GÜEBÓN! –grita el Lepra-

La vara es que el Perrúbela corrió con una botella de agua dulce y mientras el mae seguía brincando, corriendo y pegando alaridos, el Perru se la hecho encima y todos los demás nos pusimos en la jugada con mas botellas de agua dulce, hasta que lo calmamos un toque. Después la Zopizorris encontró en el maletín del lepra el pichazo de cremitas que siempre anda jalando este mae. Lo acostamos sobre los paños bajo la sombra de algún palo y le embarramos crema hasta en el culo… 

 San José, Barrio Luján 16 de febrero de 1994

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