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Cuentos de humor |
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La Gata de Julián
Eladio, yo te advertí que esa profesión tuya terminaría matándonos de hambre. ¡no ves, que a nadie en éste pueblo le importan los animales!
-Estate tranquila Miriam... Dios proveerá...Ya verás...
-No Eladio, nada de que Dios proveerá, mejor "A Dios rogando y con el mazo dando" Y si los animales no vienen aquí tendrás que ir a buscarlos, mirá que pálida se nos esta poniendo Lucía, de tan mal alimentada que la tenemos.
-No seas blasfema, Miriam, por Dios, la niña está más hermosa que una manzanita escarchada.
-Sí, claro, con un mes de comer arroz, frijoles y guineo...¡Manzanita! Yo mas bien la compararía con un plátano verde sin cáscara.
¡Upé!...Uuupe, Doctor Chaverri...
-¡Ves! mujer de poca fe...Andá, abríle la puerta a la doñita, que lo que viene en esa canasta es un paciente.
-Buenas tardes Doña Olga, ¿Que me la trae por aquí?
-Viera usted Doña Miriam, que mi nieto Julián, se encariñó con ésta gata y...
-¿Está enferma la gatita?
-¡No que va! si es muy juguetona y sana, lo que pasa es que Pepe... Ya sabe como es mi marido, no le gustan las gatas y a querido perderla, porque dice que en menos de un año, toda la casa estará plagada de gatitos...
-¿Acaso habrá venido, Doña Olga, a dejarme aquí a la gata esa?
-¡No que va! válgame Dios Doña Miriam, el asunto es que al ver Pepe, lo encariñado que está Juliancito, con la gata, me ha puesto como condición, para que el animalito se quede en la casa, que se la traiga al doctor, para que nos la esterilice.
-Buenas tardes Doña Olga.
-Buenas tardes Doctor Chaverri... Le decía yo a su esposa que...
-Si señora, escuché desde la otra habitación, ustedes saben como son éstas casas de madera...El asunto es que las operaciones de esterilización, son muy costosas...
-¡Lo que sea Doctor! Lo que sea con tal de ver feliz a mi nietecito, si lo vieran...
-¡Que aquí no se diga más! Y ya no atrasemos la alegría de ese niño. Regrese, Doña Olga, en unas dos horas por la gatita.
-Gracias Doctor, Dios me lo bendiga. Hasta luegito.
-¡Miriam! Vení que tenemos trabajo... Sostenéme a ésta fierecilla para anestesiarla.
-¿Ya se durmió, Eladio?
-Sí, sí, agarrala de las patas traseras...así...eso es bien estiradita...ahora el bisturí...
-¡Que asco, Eladio!
-No mirés, mujer, no mirés
-¿Que tanto le buscás, Eladio?
-¡Que raro! tal vez si corto más por aquí...
-Apuráte Eladio que ya estoy cansada.
-Aguante un poco más...Esto si es extraño.
-¿Que pasa Eladio?...¿Porqué la tardanza?
-¡No le encuentro los conductos a ésta gata!
-¡Hay! por Dios Eladio, dedicáte entonces a sembrar maíz.
-¡¡El Señor nos agarre confesados!!
-¿Que viste, Eladio? ¿que viste?
-¡¡Es un gato!! ¡Un puto gato!
-¿Qué?...
-Vamos Miriam, cerremos a este animal que ya debió de haber despertado.
-Listo. Preparáme un cafecito que este bicho me agotó.
-Aquí tenes tú cafecito y te lo tomás amargo que ya no hay azúcar... ¿Eladio?... ¿Porque no se despierta la gata?, digo, el gato.
-El gato, Miriam, no se despierta por una sola y elemental razón... ¡Esta muerto! ¡Muertisimo!
-¡La santa madre de Dios, los tres dulcísimos nombres¡ ¿Y ahora que hacemos?
-Vení, apurémonos antes de que se ponga tieso.
-¿Que vas a hacer, Eladio?
-Acomodémoslo en la canasta, como si estuviera dormido...pónle las patas delanteras debajo de la quijada...así, así esta bien, ahora las traseras de lado...Sostengámoslo con estas almohadas... Eso es dejémoslo así...
-¿Y que vamos a esperar, Eladio?... ¿Un milagro?
-Ya veras, mujer, ya veras.
-¡La santísima Trinidad nos ampare! ¡Allí viene Doña Olga.
-Vos estáte tranquila mujer, abríle la puerta y me dejas con el resto.
-Hay Eladio, tengo un susto encajado en la boca del estomago...
-abrí de una vez esa puerta.
-Papase aaddelante Doña Olga.
-Gracias Doña Miriam... Pero dígame doctor ¿Cómo está la gatita de Julián? El pobre niño no a dejado de preguntar por ella.
-Mire, Doña Olga, la operación fue muy delicada y dura, aún mas para una gatita tan joven como ésta. Ahora duerme como usted no se imagina y yo le garantizo, Doñita, que éste animal, jamás nunca tendrá gatitos.
-Gracias Doctor, ¿Que haríamos sin usted?... ¿que le debo?
-Déme cinco mil pesillos, para tratarla bien.
-Aquí tiene doctor y que Dios me lo bendiga, buenas noches.
-Buenas noches Doña Olga y recuerde que la operación fue muy dura para la gatita, llévela con gran, gran cuidado, mire que la noche está oscurísima, el más leve golpecillo podría matarla.
-Sos un sinvergüenza, Eladio.
-¿Y quién te entiende mujer? ¡Estoy con el mazo dando y ahora voy a Dios rogando!
-Es al revés, Eladio... ¿Rogando que?
-¿Que más queda Miriam?...Rogando a que se tropiece la vieja.
22 ENERO 97
© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica
® Con sabor a hoz