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Cuentos de humor |
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BIGAMIA
Eugenia, creyó soportarlo y no pensó ni lejanamente que la intrusa, agravaría en ella los bajos instintos del odio, los celos, la envidia y un insensato y creciente apetito por deshacerse de aquella rival.
-¡Claro, Ricardo, tráela! Así te tendremos los niños y yo más temprano en casa, además bien sabes que soy una mujer moderna, práctica y civilizada. Estoy segura que aquí será de gran utilidad: me ayudará con las tareas de los niños, a elaborar los menús de las comidas y si es tan buena como decís hasta podré terminar mi tesis de grado, eso sin contar que podremos jugar con ella cuando los niños duerman -agregó con malicia, Eugenia, en tanto acariciaba el tenso cuello de su marido.
Tres días después, Ricardo cruzó la puerta cargándola como lo haría un recién casado en su noche de bodas.(Eugenia ayudo en el acarreo de sus particulares menajes y ambos la ayudaron a instalarse en la habitación que habían preparado especialmente para ella... Y pese a la incontenible ansiedad que su marido expresaba, Eugenia, lejos de molestarse, compartió a su manera el entusiasmo.
Efectivamente, Ricardo, regresaba temprano a su casa y se encerraba en el cuarto con aquella, al principio invitaba a Eugenia y ésta un poco tímida accedía, no sin antes reafirmarse pensando:
-Que estúpida e ilógica soy, ¿Porqué este temor? Soy una mujer culta y civilizada y en estos tiempos eso es normal y muchos creen que indispensable. Además no soy yo la única, algunas de mis amigas lo hacen...Aunque me confiesan que no lo disfrutan tanto como ellos.
Y en efecto, Eugenia, no sólo dejó de disfrutarlo, sino que además, llegó a aborrecer aquellas sesiones.
-Ya se le pasará la ilusión a éste -se consolaba, desplazada y solitaria en su habitación.
Pero Ricardo, lejos de aburrirse, incrementaba su pasión por la otra. Eugenia usó sus mejores estratagemas para llevar temprano a su marido a la cama, lejos de las garras de la intrusa; cena con mariscos, vino y velas, música romántica, pero él, tragaba deprisa la comida y de nuevo se encerraba con la rival. Tampoco lograron efecto los mas finos perfumes de inspiración erótica, ni las seductoras y diminutas ropas de dormir, ni siquiera una avanzada directa a la cremallera de Ricardo, logró que este le hiciera nuevamente el amor. Y para colmo... esos obscenos y tecleantes murmullos nocturnos de la otra habitación, no la dejaban dormir.
Esa madrugada Eugenia, ya no pudo más. Histérica irrumpió en la habitación donde Ricardo, tocaba incansable a la otra.
-¡¡Ricardo!! tenemos que hablar.
-Ahora no, mujer, déjame terminar esto.
-Es ¡Ya! Ricardo.
-¿Que te pasa?...¡Estás loca!
-Sí Ricardo, debo estarlo. Pero en esta casa no podemos estar las dos, Mañana mismo la sacas de aquí.
-No seas estúpida...¿Estás celosa?
-Sí, si lo estoy, ¡ya ni me miras!... Lo he intentado todo, lo único que me falta es vestirme de teclado y peinarme de monitor, a ver si te excita tocarme. Así que mañana mismo sacas a esa maldita computadora de mi casa.
© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica
® Con sabor a hoz