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Con sabor a hoz

MALA ESTRELLA

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La vida se goteaba ingrata y pulsante por su lacerado cuello. 

Sus ojos, dilatados contra la claridad de Marzo, renegaron al destino, que tan solo unos minutos antes lo tenía rezongando perezoso, estirado en la banca de madera de aquel generoso y fresco corredor.  

Cobijándose, esa tarde estival, con un calor endulzado entre el barro de las tejas.  

Su figura indulgente, casi se perdía entre las sombras revueltas que proyectaban las cromáticas arborescencias del jardín, sobre la pared blanca, adobada en cal. 

Adormecido por la brisa, entre coplas de yigüirros y chicharras, roncaba deleites abandonado a su hereditaria holganza. 

Así lo sorprendió su rabioso enemigo, y no le perdono la cortejada muerte su desatenta vida. 

Peleó con destreza y bravura, aunque de haber tenido la oportunidad de huir lo habría hecho, pero la principal y traicionera herida lo imposibilitó a correr. 

Después, las memorias y reclamos destiñéndose en su agonía: 

"...Que criminal es la suerte. Que implacables los instintos, ¡pero, si yo a este, nunca le  hice afrenta!" 

"...Justo ahora que ya me había afianzado. Toda una vida llena de miserias y desprecios. Desde que nací traigo mala estrella" 

"...Muy pequeño, arrancándome, el destino, de la teta de mi madre, sin piedad me dejó allí, bajo la noche sin techo, la suerte hizo que la compasión se tropezara con mi indefensa existencia y así no terminaron de espinarme todas las estrellas" 

"...Pero aquello no duro mucho, y aun joven fui lanzado a la calle, donde me crié, allí aprendí a vivir y a defenderme, ¡mas yo a este nunca le hice daño!" 

"...Y las hembras que cuando les cantaba enamorado, la serenata hacia llover sobre mi, palos y maldiciones" 

"...Que extrañas son ellas, después de aparearlas me perseguían con el endemoniado animo de herirme, a eso se acostumbra uno, ¡pero yo a este jamás le hice ofensa!"

"...Los críos, ¿cuantos fueron?...Muchos y a todos los abandoné, así es uno y no hay quien me juzgue por eso, ¡pero yo a este no le hice mal alguno!" 

“... ¡Claro que tuve que robar y matar! sino, ¿como sobrevivir?... ¡Pero yo a este nunca le hice calamidad...!” 

“... ¡Maldito perro!..." 

“...¡Maldito mi destino por haber nacido gato!...”

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© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

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