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Con sabor a hoz

LIMBO

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Recostado en la reñida banca de argamasa, allá en el parque del centro, así: con las manos embisagradas el los sobacos, las piernas estiradas hasta el estorbo, cruzados los tobillos y mirando fijo con la barbilla recostada al pecho la punta lustrosa de sus zapatos nuevos, que oscilaban como péndulo del sempiterno reloj que no abandonaría al tiempo en su eterna marejada. 

-Bueno, bueno, después te explico eso del reloj, pero déjame seguir que pierdo el hilo.- 

-¿Este es nuevo aquí, no?    ¡Que pregunta!- 

...Así permanecía Eladio, esperando nacer de nuevo, aquí continuaba, en éste mismo parque, sin moverse de ésta banca, abismado en la revelación.    

Una actitud inusual para un adolescente de 17 años, trabajador, lleno de sueños, bien figurado, -¿No te parece?- 

Aquéllos limpiabotas, -¿Los has visto no?- Esos tránsfugas, amos del parque, a éste que les digo, no le ofrecieron sus servicios, no intentaron robarlo ni engatusarlo con sus ardides, pese a que todos los días, los muy vivos, atendían a sus clientes frente al el, al lado de el, encima de el. 

Así como les dije, miraba Eladio sin despegar los ojos de la punta vacilante de sus zapatos nuevos. 

-Ya aprenderás tú también a observar las recurrentes actividades de los vivos, cuando lleves el tiempo que yo, en este limbo, esperando a que me llamen- 

...Pero les digo que eso a Eladio lo tenía sin cuidado, porque se interesaba más en el calzado de las muchas gentes que transitan por aquí, que en los negocios de aquellos. 

Y cuando avizoraba algún par añejo y gastado su péndulo aceleraba el compás. "Nuevos, los míos se quedarán nuevos" gritaba Eladio zapateando con fuerza el pavimento para gastarlos, pobre iluso, y aquéllas palomas... -¿Las ves?- Ellas que nunca encontraron su hombro tampoco se desbandaron con el estruendo de sus suelas nuevas.   

Y de nuevo cruzaba Eladio los tobillos, después que se le pasaba el berrinche. 

Un día lo oí pensar... 

-¡Ah no me crees! espérate, espérate a pasar un tiempo más aquí y ya oirás tú también-

La cosa es que se decía el pobre muchacho. 

" Un mes, un mes sin tomarme una cerveza, un mes fumándome a los compañeros de trabajo, un mes sin ir al cine, ni a bailar, ni sacar a mi novia María, un mes para comprar éstos malditos zapatos que jamás podré gastar" 

-No, no, yo no conocí a María- 

Todos los días al ir y regresar Eladio del trabajo, -¿Les dije que el muchacho era muy trabajador no?- pues bien, pasaba siempre por la avenida del centro, donde ya no caben las tiendas, y los miraba cada día mas sediento de ellos, allá del otro lado del vidrio, en el escaparate de la costosa zapatería, muchas veces entró, como para acortar distancia entre ellos y sus pies,  preguntaba el precio que ya sabía de memoria y de paso aprovechaba para tocar su finísimo y trabajado cuero.... 

-¿Que cómo lo sé? ¡Caramba! tú preguntas más que un güila de dos años estrenando lengua, asecha y ya verás- 

"-No muchacho aquí no tenemos servicio de apartado, pero puedes pagarlos con tarjeta de crédito o cheque personal-" Le dijo el polaco con altanería, como para no verlo más por su tienda.  

Pero un día de fin de mes salió Eladio con su novelesquientos zapatos hechos realidad, envainados en sus pies cumbieros. 

Su ilusión estuvo por encima del bochorno que intentaron provocarle sus dedos que inquietos se asomaban por las roídas ventanas de los calcetines. 

Cuanta lluvia se soltó esa tarde, cuánta prisa en las inhumanas carreteras, tibias camas asfálticas de la muerte. Pero Eladio caminaba a ritmo de salsa, ajeno al aguacero a los empujones y los largos bocinazos, sus pupilas halagüeñas se llevaron estampadas aquéllas lujosas zapatillas. 

"¡¡A bailar compañeras!! ¡Hay, cuando las vea mi María!

¿pero que haré con Toño, se que me las pedirá prestadas, sí, el cuñado se va sentir con derecho porque a veces me prestaba las suyas, no, éstas no se las presto al Toño..... ¡Ya se! ¡Claro! le diré que.....". 

-y aquí viene lo bueno porque no había terminado Eladio de pensar aquello cuando... 

¡ay por Dios..síii, sí, sí, al tipo le gustaba el baile y era muy pobre, ¡nooo hombre ya te dije que yo no conocí a la tal María! ¡Pero que necedad, me vas a dejar contar la historia o no!  

Oigan.. Si éste espectro me sigue molestando no les termino el cuento. ¿Por donde iba?.... A sí lo peor, lo que allá les ha pasado a algunos de los que estamos aquí.

Fue allá donde les oí decir a esos desalmados:                                       

-"Pásame la linterna que ésta se cansó. Mira, miira la chaqueta de éste viejo"- 

-"¡Uuuff que fiiina!" 

-"Y tú... ¿que has conseguido?-" 

-"Ya casi lleno el saco con ropa, les zafé algunas chucherías y estas seis calzas de oro-"

"-¿Terminamos?-" 

"-No. el velador me dijo que ayer llegó uno nuevo-" 

"-¿Donde?-" 

"-Allí-" 

"-Vamos apúrate, pásame la pala que ya casi amanece y dame otro respiro de naftalina que esto esta insoportable-" 

"-Demonios, tanto trabajo y ojea los harapos que se trajo puestos el muchacho, larguémonos de aquí ya-" 

"-Espera, espera,-" 

"-¿Que quieres ahora?-" 

"-Alúmbrame aquí-" 

"-¡¡Mira, mira la calidad de zapatos que nos trajo el muertito  éste!!"   

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© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

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