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Con sabor a hoz LA FLACA |
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Vení Rufino, vení aquí, acercáte al fogón, que ésta noche ando engarrotados de reuma y miedo todos mis huesos.
Mirá, amigo yo se que a vos te da igual la cosa, porque así de simples son ustedes y en eso a veces los envidio, pero a mi ya me tiene preocupado este asunto, y no es que yo sea agüizotero pero, y diay, uno es hombre y.. ¡Quien quita! en cualquier momento le puede pasar.
Esa confisgada flaca llegó al pueblo y como que se anda encariñando con todos, ¡a desgraciar familias!, a eso viene la desventurada esa y a dejar una abundancia de lágrimas y lástimas por donde pasa, porque eso si sabe hacer.
Miráme Rufino, no seas patán, que te estoy hablando, poné cuidado, aunque sea por agradecerme la comida que te doy. ¡y ya deja de rascarte que me pones más nervioso!.
¿Quién iba a pensarlo, Gonzalo, ¿te acordás de Chalo, Rufo? ¡Claro que lo recordás, si ves que llegaba a buscarme para ir a la cantina lo carrereabas. Alguna maldad te hizo, porque eso si tiene el Chalo y lo de sangrón no se lo quita ni la flaca.
Te decía amigo que el muy descuidado de Gonzalo se fue con ella el mes antepasado, salió en la tarde a arriar el ganado montado en su yegua Pinta y ya no regresó.
Cuenta Mariano que el la vio encaramársele en la yegua, pero a Mariano ya nadie le cree naitica desde que se metió con los espiritistas.
Pobre Julieta, después de tantos años de aguantarle ese torcido carácter, ¡imagínate! que cuando no le gritaba, la pobrecilla se figuraba que ya no la quería y que el hombre se le andaba enredando con otra, lo cierto es que ya no le va a gritar mas, pobre Julieta.
Por lo menos Chalo la abandonó dejando los hijos grandes, ya Esteban esta en la escuela, así Julieta no caerá en la lipidia, porque el güila está en edad de trabajo.
Pero Agustín, Rufino, Agustín sólo lleva dos años de casado, tanto que la pulsió para hacerse de su casita y los muebles, tan enjaranado el pobre que ya no le quedaba libre casi nada del sueldo que ganaba en la fábrica de cemento y ya ves, hace poco más de un mes lo cogió la que te digo y dejó sola a su esposa y abandonado a su hijo, ahora que será de esa sencilla mujer.
Y si te imaginas que a la flaca aquélla le va a remorder la conciencia es que no la conoces, a esa le vale un rábano.
Ni que hablar de Francisco, eso si no tiene nombre, tan joven el chamaco y lo enamorado que andaba de Carmencita, igual lo enganchó la flaca descarnada.
Ya no veremos más al Chico levantando polvo con su descocherada bicicleta, se lo llevó cele la impaciente.
Pero de aquello, no hay quién los culpe.
Por eso te digo Rufo, que la cosa es seria!
Tomá, tomá otra arepa y poné atención Rufo, que lo que te platico no es chisme de viejas y además, no voy a llegarle yo con este cuento a mi mujer, aunque ya la pobre se lo anda imaginando desde que el matasanos del pueblo le llegó con el comentario, no era nada pero Matilde por todo se angustia.
Vamos a suponer, sólo suponiendo, ¡ni Dios quiera! ¡machalá!, que me large yo un día de éstos con esa.
Porque tampoco es que yo le ande con pendejadas, pero al que engancha la flaca ya no vuelve y eso esta jurado.
Entonces ¿quién? decime ¿quién va a cuidarte? a palos te tratarían, si aquí sólo yo te quiero, para los demás sos menos que un pulguiento zaguate callejero.
¿Si me voy quién va a terminar de reparar el corral?, ¿vos?, y a Anastasio Marín ¿quién? le va a pagar los reales que todavía le debo, ¿también vos?, ¿y a los del banco?, ¿quien con ellos? ya me imagino a los desalmados sacándo todos los chunches a la calle para rematar la casa ¡ja! perdona más la flaca que ésos encorbatados.
¿Quién? va a ir a sembrar y cosechar la milpa y el frijolar. si ya nadie quiere joderse. Y Matilde, Rufo, ¿quién? se va a quedar con mi Matilde, calentándole el catre y velándole el asma
¿Quién irá a esculcar mis cajones a ver que dejé? nunca faltan los sinvergüenzas en esto.
¿Quién? les contará historias a mis nietos y los verá crecer.
¿Quién se va a acordar de mi?, llevándome flores el 2 de noviembre, Rufo, ¿quién?
Por lo menos me queda claro adonde me voy a ir a acomodar con la flaca, porque el terrenillo de las cruces ya está comprado, solo le falta ponerle la placa con mi nombre.
AURELIO VENEGAS QUESADA. Así dirá con letras bien grandotas.
Por lo demás, vos y yo amigo sabemos bien, a quien se le pagará para que finja un Padre Nuestro con la retahíla de salmos y consolaciones y toda esa baba de lo bueno que fue uno.
Esos, Rufino, ésos sin la flaca no tendrían negocio.
Pero vamos Rufo, andáte al patio que ya es tarde y cuidá mis gallinas del chingado zorro, yo me voy a dormir y que el Arcángel San Gabriel me libre esta noche de la inevitable flaca, pero que venga cuándo Dios me la mande, que como te dije, yo no le ando con pendejadas.
© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica
® Con sabor a hoz