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Con sabor a hoz DEMOGRAFÍA |
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Protegidos de aquel cielo tóxico, bajo el domo 42, Nicanor, intentaba entablar conversación con Virgilio, compañero de trabajo que siempre estaba taciturno y de quien no conocía mas que el nombre.
-¿En que piensas Virgilio?
- ¡Ay! Nicanor! ¿Cómo vivir con éste recuerdo?... ¿cómo dejar de vivir?...sí por él me mantengo vivo...
-Pero Virgilio, ¿qué es lo que tanto te atormenta? -Preguntó Nicanor a aquél personaje, a quién nunca había visto sonreír desde que lo conoció.
-¿Recuerdas, amigo -Dijo triste Virgilio -Antes de la guerra? a aquellos aborrecibles de la policía demográfica...
-Y quién podría olvidar a ésos bastardos, se creían Dioses, irrumpían en todas las casas, fiscalizando el número de hijos.
-Pues bien, antes de ser trasladado aquí y conocerte, vivía yo con mi familia en el cuadrante ZW36...
-¡Ese lugar es un infierno, yo estuve de paso por allí, buscando oportunidades, tú sabes...
-Allá, tenía yo un buen empleo, el la planta de "Adamantium". Nos pagaban bien y además, por lo peligroso del proceso, trabajábamos sólo la mitad de la jornada.
-Yo, ¡ni por mil créditos al mes!, trabajaría con Adamantium. Esa cosa mata...¿Pero que pasó allá?
-Para ese tiempo, el 3º nacimiento dentro de la unidad familiar era prohibido y yo tenía ya a mi tercer hijo, muy bien escondido. Siendo el único varón, para sacarlo de vez en cuando y así no se nos enfermara, lo vestíamos con la ropa de una de sus hermanas y salíamos a pasearlo. Siempre cuatro, solo cuatro (Padre, madre y dos hijos, perfecta unidad familiar), de ésta manera nadie sospechaba nada.
-¡Caramba hombre! eso fue ingenioso.
-Desgraciadamente no duro mucho tiempo. Un día de paseo, el niño levantó su falda y se puso a orinar feliz y tranquilo, su madre al verlo corrió hacia él y lo obligó a sentarse y orinar como lo harían sus hermanas. Regresamos a la casa muy asustados, con la esperanza de que nadie lo hubiera notado.
-Y ¿qué pasó después?
-Alguien nos denunció, porque dos días más tarde los de la guardia demográfica, botaron la puerta de mi casa, nos sacaron a empujones, nos adosaron contra un muro ante la morbosa vigilancia de todo el vecindario.
-¡Dios mío!
-...Y aquél desgraciado capitán, peinándose el bigote y rechinando sus botas, se paseó una y otra interminable vez, frente a nuestro pánico... Sus 10 subalternos detrás de él, acorralándonos... Como si tuviéramos donde huir.
-¡Malditos! Ese satánico cuerpo policial, jamás debió existir. Todos los políticos se arrepienten de haberlo instaurado, pero ya es tarde, hoy la gran mayoría somos estériles.
-...Con aquél cinismo que los caracterizaba, nos enumeraba a viva voz, señalándonos con su índice derecho... Uno... y doblaba el pulgar de su mano izquierda... Este es el papá... Dos... y plegaba el índice de su izquierda... Esta es la mamá... Tres... y escondía el dedo medio... Un retoño... Cuatro... y escondía el anular... Otro retoño. Hasta aquí vamos bien... Vamos muy bien... La unidad familiar perfecta... Cinco... Y sacudía con fuerza su dedo meñique como queriendo arrancarlo de su mano... A caramba aquí se nos descompuso la cosa, añadió el capitán, negando con la cabeza... el navajazo perverso de su mirada nos sajó la esperanza, y mi esposa abrasó a los niños y yo me amparé en ella.
-¿A cuál mato? -Gritó con furia el capitán... Y la guerra había matado a Dios y nosotros ya no teníamos a quien rogar.
-Infelices -interrumpió Nicanor- y pensar que hoy, apenas 2 años después de terminada la guerra, las cosas son hoy al revés... ¡Hasta nos subsidian cada hijo! Si es que logramos tenerlo.
-...Sara, mi esposa, y yo, chillamos en absoluta impotencia, -¡A mí... mátame a mí! ¡Puerco bastardo!
-¡No señores! -escupió el capitán -No he venido aquí a destruir una unidad familiar, sino a preservarla. Mi misión es sostener esto: un padre, una madre y ¡dos hijos! No más, -vociferó - Así que sí ustedes fueron lo suficientemente ¡Insensatos! Para traer a éste mundo a uno de más, tendrán... Por fuerza, que elegir ¡A CUAL MATO!...Ni a mí, ni al estado nos importa a cuál de ellos, sea el mayor o el menor o el del medio, da igual, con tal que la unidad familiar sea cuádruple... Esto les explicará el verdadero sentido de la obligación... ¿Usted señora dígame ¿A cuál mato?... Usted señor... elija pues, total son sus hijos, ¡Elija ya Señora!... es su responsabilidad, no la mía... ¿A cuál mato?... ¡Elija ya Señor!... que se me hace tarde.
© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica
® Con sabor a hoz