Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

VER CONTENIDO

Con sabor a hoz

AGRAVIO

BLOG

Dentro de la habitación, Marcial se apoyaba contra la puerta, pálido, tembloroso y arrepentido.  

Eludiendo unos minutos más su formal compromiso, para el que estaba engalanado con su selecto traje negro, dentro del cual disimulaba su culpa, esa que lo azuzaba. 

Del otro lado de la puerta, atajados por la cerradura, sus amigos intentaban darle fortaleza. 

- Vamos Amigo, que el sacerdote no va a empezar el ritual, sin Ti. 

-Anda, hombre, que ella te espera, ten valor. 

Pero Marcial, sordo a las súplicas, apuntaba con ojos remachados hacia la cama, donde amara tantas veces y con deseo inagotable a Beatriz. Lecho que ahora le parecía, una inmensa barca fantasmal, que navegará sin hechizo, porque ella... se fue. 

Su mente y espíritu, agonizaban entre el dolor y la ofensa. 

Ahora la consumada venganza se le hacía amarga, por eso no se atrevía a salir y sellarla.  

Atribulado, reconocía la perpetua ausencia de su apasionada Beatriz. Quien ya no envejecerá junto a él.  

Con ofensa, se retorcía en su madura virilidad. Justificándose una y otra vez se repetía - tú me obligaste Beatriz, tú me obligaste a hacerlo. 

Y allí frente al lecho, se dejó perder en un abismo estéril de memorias.

Lanzándose con todos sus recuerdos a la cama. Olvidaron sus dedos el vacío de Beatriz, y ya no tropezaron con su aroma, si no con el espejismo insano que dejó su ausencia. 

Entonces, sólo alcanzó abrasar la cobardía de su propia sombra, entre las manchas que la pasión dejó sin fechas, sobre pétalos blancos. 

Revolcando su tormento junto a las sábanas, Marcial quedó insomne, con el recuerdo destilado en lágrimas.  

Lágrimas que no lograron alejar el sabor de las de Beatriz, aquéllas, que besó minutos antes de su partida. 

Perturbada así, la memoria de Marcial, sentía aun el oleaje sexual de Beatriz, reventar en su peña, hoy, roto tajamar de las pasiones.

Recordaba como la espuma de sus viriles brazos, refrescaban las costas de aquella joven piel, que él sabía bañar. Piel que encontró otras aguas. Piel que desde hoy, se secará en el destierro de las manos, curtiéndose vacía, olvidada del zenit. En tanto él quedaba insolado de traición, culpa y abandono. 

Así lo encontraron sus amigos, luego de forzar, preocupados, la puerta de la recámara, así lo vieron: aleteando memorias y confesando su delito. 

Raído, con el rostro gastado en lamentos y desaliñado dentro de su elegante traje negro, así lo llevaron sus amigos a la capilla, donde lo esperaba Beatriz, su infiel esposa.  

Allá lo esperaba horizontal y sin alma, frígida e inerte lo esperaba, para recibir de Marcial el último beso, que sellaría el agravio, sobre su frente muerta.

ANTERIOR

ÍNDICE

SIGUIENTE

Principal / Legado cultural / Máscaras / Esferas de piedra / Galería de esferas / Rincón literario / Blogs / Links

 

© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

® Con sabor a hoz