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El Delta del Diquís, ubicado en el pacifico Sur de Costa Rica, en la baja Centroamérica, alberga una de las manifestaciones escultóricas y culturales, más sorprendentes y singulares de toda la América prehispánica.
Se trata de las monumentales esferas de piedra descubiertas en la espesa jungla tropical costarricense, donde en otras épocas se desarrollara una particular cultura amerindia que dominó todo el delta y un amplio territorio en torno a él.
El alto grado de perfección de estas singulares efigies y la gloriosa manifestación de su pasado, evocan incógnitas similares a las planteadas por las pirámides mayas y aztecas, los colosales rostros de la isla de Pascua, los abrumadores muros de Sacsayhuamán, las megalíticas cabezas olmecas, la ciudad de los dioses en Tiahuanaco, las reliquias de Anáhuac, o el encumbrado emporio de Machu Pichu, entre muchos otros tesoros amerindios.
Los ineludibles siglos han borrado el nombre de la notable civilización que las esculpió, pero las edades no pudieron destruir sus esféricos monumentos ni corromper el oro de sus orfebres.
Las primeras esferas de piedra fueron
descubiertas en el año de 1939, cuando la
“United Fruit Company”, transnacional
estadounidense, inició la siembra de miles de hectáreas de plantas de banano.
Pero los trabajos de “limpieza del bosque” chocaron de frente con la rebeldía de
unas imponentes rocas redondas de tamaños y volúmenes diversos. Centenares de
esferas de granito sólido, plagaban literalmente los futuros campos de siembra.
Aquella, por demás extraña, cosecha neolítica brotaba incansable conforme se
deforestaba la selva.
Pocos meses después del hallazgo, la arqueóloga, Doris Zemurray Stone, inició el estudio preeliminar de los monolitos. En 1948, el reconocido arqueólogo Samuel K. Lothrop, experto en civilizaciones indígenas americanas, comienza sus sondeos.
Las investigaciones de estos pioneros, anunciaron
al mundo que las esferas de piedra halladas en Costa Rica, poseen (entre muchas
más) cuatro notables características que las distinguen de otras esferas
prehispánicas reportadas en el continente Americano:
1) La extraordinaria cantidad producida.
2) Su gran tamaño y perfección esférica.
3) El fino acabado en sus superficies.
4) El hallazgo de conjuntos de esferas formando alineaciones o figuras geométricas.
¡No existe registro alguno de esferas de piedra, en toda la América, ni en el resto del mundo que reúnan las características señaladas!
Desde entonces y hasta la fecha un numeroso contingente de científicos e investigadores de todo el mundo, especialistas en diversas ramas, intentan dar respuestas a las principales interrogantes que plantean las esferas del Diquís. ¿Quiénes las hicieron? ¿Cómo fueron realizadas? ¿De qué manera las trasportaron? ¿Qué edad tienen? ¿Con qué propósito fueron hechas? ¿Qué significan?
El Museo Nacional de Costa Rica, desarrolló en la
década de 1990 el proyecto
“Hombre y ambiente en el Delta del Diquís” cuyo
propósito fue el de arrojar más luz sobre el misterio de las esferas y sus
creadores. Los resultados del proyecto aun no han sido publicados, pero
cualquier ciudadano puede acceder a esta información, previa solicitud formal al
Departamento de Antropología del Museo. Es obvio y necesario que dicho
departamento aplique ciertas restricciones, pues algunos documentos pueden
constituir un verdadero mapa del tesoro, para los inescrupulosos saqueadores de
tumbas.
Las investigaciones continúan y hoy podemos
decir, sin temor a equivocarnos que: Las esferas de piedra fueron erigidas por
una nación amerindia, que se instaló y desarrolló en el
Delta del Diquís, desde
tiempos inmemoriales. El grupo humano responsable de las esferas, estuvo
altamente organizado. La manufactura de estos monumentos fue realizada por medio
de las ancestrales técnicas de picado y pulido de la roca. Su fabricación se dio
en un ininterrumpido periodo que abarcó más de un milenio. Este hecho sorprende
a los estudiosos porque demuestra que durante mil años los creadores de esferas
tuvieron control soberano de sus territorios y salvaguardaron por todo ese
tiempo la paz en la región.
Son muchas las interrogantes que surgen en torno a estos singulares monumentos y sus creadores, pero confiamos en que el trabajo de los expertos logre esclarecer lo que aun está en el misterio.
Cuando observamos la obra de los prehispánicos hacedores de esferas, podemos ver a través de ella el desarrollo de una habilidad y tecnología, sin precedentes en el mundo antiguo: La esculturización del granito a una forma esférica, con una perfección de estrecha tolerancia.
Para alcanzar esto se requirieron
conocimientos sofisticados, precisión matemática, destrezas dominadas en el
manejo de herramientas, ingeniería de transporte etc.
¿Por qué todo este enorme derroche de habilidad, ciencia y maña en el corte y traslado de grandes moles de piedra, no fue aplicado para ningún otro objeto?
¡Todo este conjunto de técnicas fue consagrado a la fabricación de una sola forma! La esfera.
Si bien la idea de la esfera, fue concebida por diversas culturas prehispánicas en el continente americano, esta nunca evolucionó (exceptuando en el Delta del Diquís) como concepto escultórico de proporciones monumentales.
En el horizonte estilístico de la América indígena, estas esculturas redondas presentan una ruptura con respecto a las formas típicas de la estatuaria precolombina de todo el continente. Dicha ruptura se manifiesta en el claro interés por representar en la piedra y de manera monumental, un concepto abstracto (la esfericidad). Las formas artísticas en otras manifestaciones culturales amerindias, giran en torno al mundo de los sentidos, con modelos animales, vegetales o humanos, expresados con exquisita estilización. Las esferas del Diquís quebrantan esos paradigmas tradicionales y se avocan a incorporar una contemplación, no presente en el mundo natural, reflejando con ello un dominio conceptual de la tan abstracta idea de esfericidad.
Por tanto, lo realmente admirable de los prehistóricos hacedores de esferas del Delta del Diquís, no son las esculturas redondas en si mismas, (las cuales lograron con tan prodigiosa maestría), sino más bien el cómo, bajo cuál atmósfera cultural y con qué instrumentos sociales y de trabajo las realizaron. Y ante todo, cómo fue posible que estos amerindios del neolítico, desarrollaran hace más de dos mil años el tan abstracto concepto de la esfericidad, mismo que no lograron las grandes civilizaciones de Mesopotamia, Egipto, Siria, Grecia, Roma, etc. Estas culturas se conformaron con el dominio geométrico y filosófico del círculo, mismo que les alcanzó para levantar sus imperios.
No puedo evitar el desborde de mi imaginación al pensar en las deslumbrantes construcciones arquitectónicas, que con estos conocimientos hubiesen podido edificar los notables amerindios del Diquís.
Hoy sabemos que las condiciones
climáticas, tectónicas, y el desborde cíclico del río Térraba sobre la llanura
aluvial, hubieran frustrado todo intento de fundar en la zona cualquier
edificación ciclópea… pero de haber sido posible ¿Qué formas alucinantes
hubiesen tenido esas construcciones?
Cuando observo la impar obra de esta cultura aborigen, me pregunto: ¿De donde nació la obsesión por lograr tan extraña y numerosa empresa? ¿Quien y por qué, exigió a los artesanos semejante perfección? ¿Cuál fue el propósito de ese enorme esfuerzo continuado por siglos? ¿Cómo fue concebida la primera escultura esférica? ¿Qué fue de estos incansables escultores?
No tengo respuestas a tales inquietudes, pero el descomunal trabajo que supuso el labrado, picado, pulido y movilización de grandes y pesadas esferas de granito, me provoca una profunda admiración y absoluto respeto por sus hacedores, quienes tuvieron la innegable capacidad para realizar tan singular tarea, equipados tan solo de herramientas neolíticas, materiales vegetales y un inquebrantable propósito.
El mejor tributo que podemos dar a nuestros antepasados históricos, es reconstruir la obra que ellos edificaron en siglos, y nuestro arrogante progreso borró en pocos años.
Las esferas de piedra del Diquís no son tan sólo un importante legado cultural para los costarricenses, constituyen además un precioso patrimonio para toda la humanidad.
Alberto Sibaja
San José de Costa Rica.
Octubre de 2006.
© Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica ® Siböwak
albertosibaja@costarricense.cr