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La inesperada, y al final infranqueable dificultad burocrática para
acceder a los inéditos documentos públicos de investigación arqueológica,
resguardados por el Departamento de Antropología del Museo Nacional, aparte de
irritarme como contribuyente, (los costarricenses pagamos por dichas
investigaciones) limitaba la ya de por sí escasa información disponible acerca
de las esferas.
Mi deseo era estudiar los resultados del proyecto “Hombre y Ambiente en
el Delta Sierpe-Térraba” cuyo propósito fue el de arrojar más luz sobre el
misterio de las esferas y sus creadores. Convencido que tal información era prioritaria para mi libro, la
intransigencia de una empleada pública no iba a detenerme. Me di entonces a la
caza del líder del proyecto. Tocando puertas con la insistencia de un vendedor de escobas, logré a
través del “Departamento de Antropología de
Con timidez y sin reales esperanzas de respuesta, le escribí un primer
correo manifestándole mis inquietudes. Ante mi sorpresa, la respuesta de aquel mensaje electrónico, enviado por
un perfecto desconocido, llegó a las pocas horas.
Con la paciencia de una maestra de pre-escolar y sin embargo tratándome
con el respeto que le merece un colega, (sin pretender serlo pues desde el
principio le manifesté ser artesano de oficio y escritor por vicio). Ifigenia
se dio sin recelos a compartir conmigo sus conocimientos. La ausencia de recatos
a la hora de exponer el avance de sus investigaciones científicas, me hizo
comprender que me encontraba frente a una profesional segura de su trabajo.
Expiraba el mes de julio de 2004, cuando la científica me avisó que
estaría en Costa Rica por unos días. Acordamos reunirnos en fecha
-No lo conozco, cómo puedo reconocerlo- preguntó vía electrónica.
-Busque en la sección de fumadores a un viejo canoso. Sobre la mesa
estará el libro de Samuel Lothrop, “Archaeology of the Diquís Delta”
Con puntualidad europea se apersonó la arqueóloga. Yo tenía la ventaja
de reconocerla por las fotografías de los diarios. Cuando la vi entrar al café,
sentí que aquello iba a ser un dispar encuentro entre el amateur de las esferas
y la profesional de peso completo.
Ella se encaminó sin vacilaciones directo hacia mi mesa.
-Un admirable investigador- dijo sin haberse sentado, señalando el
libro- su obra es impresionante y abarca muchos ámbitos de la arqueología
americana.
Sin necesidad de serias presentaciones, nuestra informal conversación
inició con Lothrop y sus correrías científicas. Luego a lo que vinimos: las
esferas del Diquís.
Inicié la plática con un tema, que por falta de conocimientos no
desarrollo en este libro: los petroglifos calados en épocas prehispánicas
sobre la superficie de algunos monolitos esféricos.
-En el año de 1999, -le dije- cuando se anunció el proyecto del Parque
de las Esferas,
-No hay nada escondido –respondió sonriente - sólo hay ojos que no
ven. Usted me dijo haber observado las esferas de “Finca Victoria” en Palmar
y que le llamó mucho la atención una esfera que exhibe una especie de
cicatriz, ya le expliqué la naturaleza de esa cicatriz. (Una formación natural
en el granito) Pues esa es su esfera escondida.
-¡Imposible! –Exclamé- esa esfera no tiene ningún petroglifo.
-El calado es sutil, se realzó para la fotografía, a simple vista solo
puede ser notado en algunos meses del año y en horas específicas, pero le
garantizo que está allí.
Al comentarle la forma en que abordo, en este libro, algunas de las
interrogantes en torno a las esferas me dijo:
-Su usted fuese antropólogo, por ejemplo, hace rato nuestra platica se
habría convertido en una acalorada discusión. Su disciplina (la literatura) no
le exige abordar un tema con rigor científico. Puede darse el lujo de jugar y
hasta abusar con la relación de ideas y conceptos afines, puede rellenar con la
imaginación los baches que la exploración arqueológica no ha cubierto aun. En
fin usted puede tratar un tema como le venga en gana. Pero tratándose de
esferas precolombinas yo jamás validaré ninguna propuesta que no esté
estrictamente respaldada por la evidencia científica.
Nuestro dialogo se extendió por mas de cuatro horas, comentamos acerca
de muchos y variados tópicos, girando siempre en torno a las esferas.
Antes de conocer personalmente a Ifigenia, la admiraba por su trabajo
profesional, hoy mi admiración se extiende a su alta calidad humana.
No se si deba ser yo quien dé la buena nueva, pero me alegró mucho
escucharla decir, que pronto saldrá al mercado su libro de las esferas de
piedra. Espero impaciente dicha publicación la cual no dudo será una obra
monumental.
-En buena hora, –le dije- después de más de trece años de
excavaciones, mediciones, análisis y estudio consagrado a las esferas de
piedra, celebro que su obra este lista.
-No Alberto –me respondió con cierto acento de severidad- después de
todos estos años, quien está lista soy yo. Lista para emprender una
investigación arqueológica, pues ya se: Dónde, cómo y qué buscar.
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albertosibaja@costarricense.cr