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La materia abordada en estas páginas no permite aventurarse a conclusión
alguna.
Las esferas de piedra como cualquier otra escultura monumental es
sencillamente un objeto, cual por si mismo no puede expresar su significado
profundo, para comprender dicho significado es perentorio conocer a la cultura
autora del monumento. Este conocimiento es actualmente escaso.
En el Delta del Diquís y su amplio circuito arqueológico en donde se
involucran esferas de piedra, las investigaciones intensivas y de alto nivel son
apenas un noble proyecto. Lo conocido hasta la fecha de ninguna manera es
concluyente.
Una vez iniciados los intensivos trabajos de campo, obligatoriamente irán
apareciendo las muchas piezas faltantes de este intrigante rompe cabezas.
Sin lugar a dudas se ubicaran las canteras, con inconfundibles trazas de
segmentos separados de la beta y bloques preparados con y sin indicios de un
devastado inicial. Junto a las canteras se podrán estudiar vestigios de pretéritos
talleres, rodeados de desperdicios líticos y no pocas herramientas e
instrumentos asociados a la construcción de esferas, y quizá una que otra
esfera monumental inconclusa. Los cementerios indígenas de la época, mostraran
restos óseos con evidencias de desgaste en algunos individuos, por las labores
picar, devastar, pulir, etc. otros mostraran fracturas por aplastamiento
relacionadas con la movilización de bloques y traslados de esferas.
He colocado todas mis fichas en el centro de la mesa y apuesto sobre la
baraja tapada de los futuros descubrimientos.
Si los expertos no encuentran ninguna de estas evidencias, seré el
primero en dar mi adhesión al esoterismo arqueológico, defenderé con
entusiasmo la deidad de los cosmonautas del pasado y su ingerencia en la creación
de las esferas, y me uniré a los buscadores de
Alberto Sibaja San José, Costa Rica. Septiembre de 2004 |
albertosibaja@costarricense.cr