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El enorme tamaño y peso de las esferas monumentales, las grandes
distancias entre de los yacimientos de granito y las poblaciones donde
finalmente fueron expuestas y halladas siglos después.
La abrupta topografía de la región, (cumbres, valles, barrancos, ríos,
canales, pantanos, etc.) Un clima de
altas temperaturas y aguaceros constantes, sumado al tupido boscaje primario que
reinó en la era prehispánica, nos dejan perplejos ante la descomunal labor
efectuada por los amerindios “Dikís”, al trasladar pesadas esferas de
piedra desde los talleres, emplazados cerca o en las mismas canteras, hasta los
centros ceremoniales y de poder, o bien colocarlas en sus limites territoriales,
cementerios y lugares conmemorativos.
Es evidente: semejante labor sólo pudo haber sido realizada por una
cultura poseedora de una muy alta organización socio-política.
Un linaje que a fuerza de sobrevivir en el Delta del Diquís por miles de
años, conoció a perfección su topografía y clima.
Un grupo humano que evolucionó en el lujuriante trópico de la baja
Centro América, en el seno del cual forjó su arquitectura, política, filosofía,
arte, religión y magia.
Los “Dikís” supieron instituir a una cuantiosa fuerza de trabajo, la
cual se avocó tanto en el traslado como en los preparativos del terreno para
transportar esferas monumentales.
Proyectaron sus rutas de traslado, abriendo caminos entre la densa
foresta para empedrarlos luego y así soportaran el flujo del tonelaje
trasferido por los senderos.
En muchos casos se debieron ladear peñascos, cruzar ríos o pantanos,
vencer la densa vegetación y a los grandes árboles. Aun así fueron
trasladadas las pesadas bolas a través de grandes distancias.
Los cilíndricos troncos de los árboles sacrificados, les sirvieron para
movilizarlas donde la topografía lo permitió.
El
antropólogo John Hoopes nos dice que la forma esférica nació en el Diquís,
por la necesidad de mover grandes pesos, luego las esferas monumentales fueron
trasladadas a lomo de las más pequeñas.
Los
expertos concuerdan en que las inmensas bolas fueron movilizadas en la etapa de
preformas, esto es la masa granítica redondeada, dicho proceso como explicamos
en el capitulo anterior, se realizó cerca o en las canteras mismas.
Movilizar la masa de granito redondeada, y no la esfera terminada,
permitió operaciones más o menos bruscas a condición de no dañar severamente
la preforma.
El Delta del Diquís se caracteriza por un sistema de canales, producto
de la confluencia de los ríos Sierpe y Térraba. Esto lo convierte en una zona
especial para la navegación. Además estos canales están sometidos a
inundaciones periódicas que aumentan su cauce y profundidad. Sin duda los
hacedores de esferas conocieron con precisión matemática el ritmo de sus ríos,
canales y mareas.
Los “Dikís” transportaron esferas monumentales a la isla Violines y
hasta la isla del Caño a unos
Si
esto no los convierte en expertos navegantes, no se que lo hará.
De tal manera el principal medio para acarrear las pesadas esferas fue
utilizando las rutas fluviales y marítimas.
Pero cualesquiera hubiesen sido los mecanismos de transporte utilizados
por nuestros aborígenes, la presencia antigua de inmensas esferas intactas en
el corazón del Delta del Diquís, alejado de los yacimientos graníticos,
constata que los operativos de movilización fueron realizados con gran
eficiencia.
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