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Esta laguna en la investigación ha dado pie a muchas especulaciones,
algunas de las cuales promocionan la idea de una misteriosa civilización,
desaparecida de la geografía costarricense cientos y hasta miles de años antes
del contacto español, sin dejar rastros de su cultura.
En las próximas páginas veremos que tal concepción no es exacta.
Desconocer el nombre específico de esta cultura, no significa ignorancia
total acerca de ella, ni de los grupos humanos instalados en el Delta del Diquís
y en toda la zona sur del país desde épocas arcaicas.
Abordaremos tan inquietante pregunta retrocediendo en el tiempo, lo
suficiente para abarcar la cuestión desde su génesis.
La cantidad de migraciones, sus puntos de partida he ingreso es tema de
intensas discusiones dentro de la comunidad científica. Sin embargo todos
concuerdan, -independientemente de las rutas utilizadas para ingresar al
continente-, que el hombre americano tuvo un origen asiático.
En algún momento avanzaron a través del istmo centroamericano, deteniéndose
en la parte más estrecha constituida por lo que son hoy los territorios de
Costa Rica y Panamá.
Por miles de años ajustaron sus características biológicas y
culturales a la zona de ocupación. El filtro biológico
La posición y carácter geográfico de la frontera sur de Centro América,
constituye una especie de “cuello de botella” un filtro biológico para los
diversos organismos animales vegetales y humanos. Prueba de ello es la gran
biodiversidad del territorio. El 5% del nivel mundial. Porcentaje notoriamente
elevado considerando la estrechez del espacio en este punto del istmo. Las tres grandes regiones
En términos geográfico-culturales se ha dividido en tres grandes áreas
al conjunto de civilizaciones amerindias que evolucionaron en el continente
luego de su ocupación:
a)
Mesoamérica
b)
Zona
intermedia
c)
Región
incaica o andina La zona intermedia
En Costa Rica cubre casi todo el territorio nacional, exceptuando la
provincia de Guanacaste. Al norte se extiende por las tierras orientales de
Nicaragua y Honduras. Al sur abarca los territorios de Panamá, Colombia, y la
parte norte de ecuador.
Los investigadores y estudiosos a nivel mundial, deslumbrados por la
grandiosidad material de las civilizaciones Mesoamericanas, (emplazadas en la
parte
central y meridional de México y algunos países de Centroamérica) y fascinados a la vez por las magnificentes culturas
andinas, (desarrolladas por toda la costa occidental de sur América), han
relegado el área intermedia a segundos y hasta terceros planos de exploración.
Pues se ha considerado a los grupos de origen chibcha que habitaron y habitan la
zona intermedia, como tribus provenientes del norte y del sur en migraciones
relativamente recientes. (1000 d.C.)
Por fortuna, un selecto grupo de científicos, entre ellos muchos
costarricenses, como el biólogo Ramiro Barrantes, autor del libro “Evolución
en el Trópico”, han aportado reveladoras evidencias de orden arqueológico,
lingüístico, genético, etnográfico, etc. que contradicen de manera rotunda a
las viejas consideraciones. Los nuevos resultados
El peso de sus investigaciones es tal que ya pueden borrarse
definitivamente de los textos, conceptos añejos y dar paso a los nuevos
resultados, los cuales muestran que las primeras migraciones de los grupos
chibchas, se dieron mas bien desde los confines de Centroamérica hacia el sur,
indicando al sector occidental del Área Intermedia como el lugar de origen de
toda esta familia, establecida en los territorios mencionados hace más de 8.000
años.
Es innegable que los amerindios del grupo lingüístico chibcha,
recibieron influencias tanto del norte como del sur, pero estas se incorporaron
dentro de la sociedad local adquiriendo características propias.
Dichas influencias fueron importantes como agentes de cambio y
desarrollo, pero no son los elementos fundamentales en la comprensión de la
cultura que nos ocupa.
Resumiendo podemos afirmar sin temor a graves equivocaciones: La zona en
que fueron descubiertas las esferas de piedra, fue habitada desde hace por lo
menos 8000 años. Cazadores y recolectores
Los primeros grupos que ingresaron al Delta y sus alrededores, fueron nómadas
(cazadores-recolectores) organizados en pequeños clanes conformados de entre10
a 30 individuos, quienes buscaban sitios adecuados para la caza y recolección
de frutos silvestres.
Los
Clanes
En antropología se utiliza el término para referirse a diversos grupos
indígenas. Se entiende por clan a un conjunto de personas capaces de reconocer
su descendencia, con respecto a un antepasado común. Los clanes trazan su
linaje por el lado de la madre o del padre pero nunca por ambos lados.
Algunos estudios etnográficos me sugieren la idea de que los “Dikís”
trazaron sus descendencias en clanes matrilineales. De esto hablaremos más
adelante.
Los clanes chibchas, aun en la actualidad, se identifican con un tótem o
animal común; por un lugar o bien por una actividad específica.
Anoto
algunos ejemplos de clanes bribrís y cabécares:
Kumbuwak,
el clan de jaguar
Mójkwak:
gente del búho
Sarwak:
gente del mono colorado
Dimatwak:
dueños del arroyo rojo
Suritsuwak:
dueños del valle del venado
Yeriawak:
dueños de la caza
Uniwak:
dueños del cántaro de barro
Mekichawak:
dueños de las jícaras
La pertenencia a un clan implica solidaridad social, es decir, la
obligación de prestar ayuda mutua, la participación en ritos y ceremonias, así
como unión en la guerra.
La doctora María Eugenia Bozzoli, en su insuperable libro: “El
Nacimiento y
Luego los clanes empezaron a combinar la caza y recolección con los
primeros cultivos. La gran fertilidad de los suelos aluviales del Delta permitió
el inicio de una agricultura incipiente. Los primeros intentos se dieron con
algunos tubérculos y el maíz, así como el mantenimiento de palmas y árboles
frutales. Estas prácticas se originaron en el conocimiento obtenido a partir de
la recolección de plantas silvestres.
El inicio de la producción de alimentos, señala la aparición de un
nuevo modo de vida. Del nómada al sedentario.
El péndulo vivido entre el festín y la hambruna de los
cazadores-recolectores se empieza a desvanecer en el recuerdo.
La agricultura y la posibilidad de almacenar alimentos, propiciarán el
desarrollo de los pequeños asentamientos humanos hasta formar ciudades, y que
mejor lugar por su ubicación estratégica que el Delta del Diquís.
El
animal urbano
Las rutilantes luces de toda civilización actual, emergen de la
oscuridad de tan primitivos asentamientos tribales y sus posteriores
desarrollos.
De tal manera, el animal urbano de las principales ciudades, con su
vestimenta de moda; automóvil moderno; teléfono celular; súper mercados; casa
con electricidad, agua potable y servicio de Internet, etc. no es humanamente
distinto a los antiguos pobladores de nuestra edad de piedra.
Ellos actuaron movidos por las mismas necesidades que nos ocupan hoy día:
Pan, abrigo, refugio. Salud, adquisiciones y amor.
Lo que ha cambiado en los últimos 12.000 años de agrupaciones humanas
en América, es el estilo de vida. Cambio por demás espectacular.
Si el prodigio de una máquina del tiempo nos permitiera traer a nuestra
era a un infante de la edad de piedra, veríamos que su desarrollo; físico,
mental, intelectual y emocional no será distinto al de cualquiera de nuestros
niños civilizados.
Las
primeras aldeas
La agricultura como actividad principal en las productivas llanuras
aluviales del Delta, y la rica pesca proporcionada por el caudaloso río Térraba
y el siempre fecundo Sierpe, constituyó el origen del gran cambio, propiciando
en primer lugar un aumento de la población. Este obligó al establecimiento de
aldeas permanentes.
Para sostener dichos cambios fueron necesarias las mejoras paralelas de
varias tecnologías primitivas, como los utensilios cerámicos; herramientas de
madera; hueso y piedra, dirigidas prioritariamente a las labores agrícolas y
procesamiento de alimentos.
Se tiene la falsa idea que los “Dikís” no edificaron arquitectura al
estilo mesoamericano ni andino, por razón de estar cultural y tecnológicamente
subdesarrollados con respecto a aquellos.
La gran producción de esferas monumentales, su estatuaria, metalurgia,
orfebrería y arquitectura, prueban su alto desarrollo tecnológico y social.
Por otro lado, la edificación
en piedra no fue de ninguna manera funcional para los habitantes prehispánicos
del Delta.
La vivienda cónica constituye una sabia respuesta a los determinantes
climáticos y condiciones geográficas de las regiones donde se encuentran. Las
fuertes y constantes lluvias, humedad, calor bochornoso, vientos azotadores, y
sobre todo los constantes temblores. La zona es atravesada por dos importantes
fallas tectónicas,
Los “Dikís” acataron las pautas de la naturaleza para perfilar sus
viviendas y templos.
De la observación del macrocosmos se extrajo el microcosmos
habitacional.
Los espacios habitacionales donde vivieron, no solo fueron humanizados
sino que constituyeron el símbolo cotidiano de su cultura.
Sus prácticas de construcción reflejan las respuestas adaptativas al
medio ambiente, y la expresión simbólica de la mitología plasmada en sus
viviendas
Los modelos arquitectónicos de las moradas amerindias de la zona sur del
país, se han podido reproducir gracias a la conservación de tradiciones
ancestrales, por parte de grupos sobrevivientes a más de cinco siglos de
colonización extranjera. Esta valerosa resistencia ha sido encabezada en Costa
Rica por los grupos de origen chibcha, Bribrí-Cabecar
Los
códices del trópico
Los amerindios de
Aquí “
Tan sofisticada codificación para quienes no pueden concebir a nuestros
aborígenes como seres inteligentes, habrá de atribuírsele a los alquimistas
medievales, el hermetismo egipcio, la cábala hebraica, al mismo Merlín, o a
los dioses tecnotrónicos del espacio sideral.
Lo cierto es que dentro de una cultura de visión animista, donde todos
los seres de la naturaleza y el universo poseen vida propia, tales concepciones
son más que posibles y nuestros amerindios las desarrollaron de manera
sorprendente.
En el interior de estas aparentemente simples estructuras arquitectónicas,
denominadas “ranchos”, cada objeto físico: postes, horcones, aros, coronas,
amarras, palmas, etc. Sin excluir las tres piedras del fogón central. Toda
abertura dentro de la construcción, las distancias entre piso y cúspide, poste
y poste, la disposición de espacios masculinos, femeninos y transicionales, amén
de un sin numero de elementos más, forman parte de un alucinante código
ancestral. Los materiales mismos utilizados en la edificación contienen
representaciones culturales que la tradición oral mantiene vivas.
Sus viviendas tienen un simbolismo uterino y protector, dentro de las
cuales se preserva la tradición y la semilla. La casa es el matrimonio
universal de lo femenino y lo masculino, de lo celeste y lo subterráneo, lo
cultural y lo natural, lo claro y oscuro, el sol y la luna, nacimiento y muerte,
afuera y adentro, arriba y abajo. La casa es la conciliación de los opuestos.
Los “Dikís” poseían una concepción mágico-realista del universo.
Sus símbolos se asocian a una serie de ideas cosmogónicas desde donde se
integraron armoniosamente las leyes sociales con las naturales, que rigieron
tanto en la sociedad como en el entorno ambiental circundante.
El apasionante tema de la arquitectura amerindia y su simbología, se
sale de la jurisdicción de este libro. Para quienes deseen sorprenderse con
ellas les recomiendo leer el revelador trabajo del arquitecto Alfredo González
Chávez y el antropólogo Fernando González Vásquez, autores de “
La
tribu
El conjunto de clanes que comparten costumbres, lengua, cultura y
territorio, conforman las tribus.
La primera organización social de los amerindios del Diquís fue del
tipo tribal. Las tribus se caracterizan por relaciones familiares o de
parentesco, igualitarias entre los individuos de los diversos clanes, donde la
propiedad de los bienes es colectiva.
Se dice que el concepto de la esfera nace en ese periodo, mismo en el
cual se consolidó el maíz como cultivo principal, desarrollándose además la
siembra de otras semillas, tubérculos y árboles. Los recursos hidrográficos y
costeros fueron explotados, garantizando variedad alimenticia. La cacería fue
abundante por siglos, gracias a la gran variedad de fauna dispensada por la
espesa jungla tropical que envolvió al Delta.
La cultura de los “Dikís” crecía sana y bien alimentada. Por el
mismo camino iban sus manifestaciones políticas, religiosas y artísticas.
Reyes,
caciques y sacerdotes.
El excedente generado a partir de prácticas agrícolas permitió a un
grupo selecto de individuos, librarse de algunas de sus tareas como productores
y asumir principalmente funciones de naturaleza política o religiosa, estableciéndose
de forma paulatina una jerarquización de la sociedad, hasta alcanzar cacicazgos
complejos (300-800 d.C.)
De tal manera surgieron de entre las aldeas, líderes político-religiosos,
comandados por la presencia de un cacique, jefe o señor quien ostentaba el
poder de las comunidades indígenas. Su jerarquía solía
ser hereditaria, investida por una nobleza de sangre (los parientes de su clan)
La primordial función de este señor principal, fue la de actuar como
recaudador de tributos y redistribuidor de bienes. Por regla general,
este alto personaje tuvo el rango de rey, sacerdote y guerrero.
Las esferas de piedra aparecen en el Delta del Diquís, con el inicio de
esta sociedad cacical y bajo los auspicios de sacerdotes y reyes.
Las
fronteras del reino
Sin embargo, muchas comunidades indígenas del pasado, prefirieron
permanecer en su antiguo nivel de tribu, alejándose de los límites
territoriales – cada vez más amplios- establecidos por los nuevos centros de
poder, quienes abarcaban mayores zonas de cultivo, caza y pesca, así como el
control de toda fuente de materia prima para su progreso.
Las relaciones de subordinación entre aldeas, fortificaron el poder del
rey de los “Dikís” quien gobernó desde el centro de poder, delegando en
caciques secundarios la administración de las aldeas subordinadas.
Los territorios del reino fueron protegidos por letales guerreros,
quienes a su vez vigilaron las rutas de intercambio de productos a nivel local,
regional y hasta extra regional. Esto garantizó el crecimiento económico, político
y religioso del país de las esferas.
Crecimiento dado por una sociedad trabajadora y bien organizada quien se
vio, por siglos, rodeada de seguridad ciudadana, prosperidad material,
certidumbre política y confianza en sus guías religiosos, entre otros factores
básicos de desarrollo.
El impresionante legado cultural de este pueblo “Los Dikís”
rescatado por la arqueología da prueba de ello.
Basado en diversos estudios de estructura de poder entre los amerindios
del grupo chibcha en Costa Rica, elaboré el siguiente diagrama de estratificación
social.
En él podemos observar un complejo sistema cultural que va desde el
pueblo a la divinidad. Los tonos claros y oscuros de los círculos, representan
la participación masculina (oscura) y femenina (clara) en las diversas
actividades sociales. Un círculo oscuro indica una actividad eminentemente
masculina y viceversa. Las actividades peligrosas o contaminantes fueron
reservadas, por norma general a los varones.
La mayoría de los grupos chibchas, concibieron la divinidad de forma
dual.
En la etnia Bribrí-Cabecar, por ejemplo Sibö, el gran civilizador reina
desde el cenit de los cielos, en tanto Surá, su contraparte, lo hace desde el
nadir, en el interior de la tierra. Cuando el indio muere su espíritu viajará
hasta el centro de la esfera terrestre, pues allí ubican su paraíso.
El gran cacique esta representado por un triangulo, simbolizando su
triple potestad de sacerdote, rey y guerrero. El semicírculo que corona al
triangulo, señala su procedencia divina y su facultad de mediar entre Dios y
los hombres.
La columna central del diagrama, representa a toda la fuerza laboral de
la nación. A la derecha las potencias religiosas o chamánicas, a la izquierda
las políticas o cacicales.
Es imposible meter dentro de un dibujito, toda una compleja organización
social, mas el ejemplo puede servirnos para tener una idea gráfica del asunto.
Matriarcado
De tal manera los varones abandonaban por largas jornadas las aldeas en
busca de sus presas animales. Por su lado, ellas permanecían cerca de los
asentamientos tribales, recolectando alimentos vegetales y vigilando el
crecimiento de los infantes.
Su necesaria permanencia en las improvisadas aldeas las convirtió en el
corazón de la vida social.
En tanto los hombres desarrollaban el músculo y las cualidades atléticas
necesarias para cumplir con su peligroso trabajo y regresar ilesos a los
hogares. Ellas se convirtieron en expertas organizadoras sociales. Gestionando
de manera eficiente todos los asuntos de control y administración del
asentamiento tribal, así como los detalles de la vida comunitaria.
Empezaron aquí las primeras batallas de una interminable guerra de sexos
que nos ocupa hasta nuestros días.
Allí donde los hombres consiguieron usurpar el primigenio gobierno
femenino, se impuso el sistema político patriarcal.
Allá donde las mujeres lograron sostener su ancestral control, dominó
el sistema matriarcal o ginecocrático.
El estudio de los grupos de raíz chibcha, asentados por milenios en la
zona sur de Costa Rica, ha demostrado la predilección de estos pueblos por el
sistema de gobierno matriarcal.
Me atrevo a deducir: Los “Dikís” vivieron y se desarrollaron bajo un
eficiente matriarcado. Con sus consecuentes residencias matrilocales, esto es:
la pareja se asentará en los territorios del clan materno. Las descendencias
serán naturalmente matrilineales, en las cuales el linaje se organiza siguiendo
sólo la línea femenina y todos los hijos pertenecen al clan de la madre.
Cuando escribo estas líneas no puedo evitar el reverbero en mi memoria
de las palabras de la abuela materna quien más de una vez sentenció:
“Los
retoños de mis hijas, mis nietos son, sin más. La progenie de mis hijos
varones, por intermedio de la gracia de la fe… también son mis nietos”
Hemos heredado de nuestros conquistadores un disfuncional y arbitrario
patriarcado, pero esto no ha sido obstáculo para que desde el eje de la
sociedad (la familia) nos continúen gobernando las mujeres.
No podemos aseverar, de ninguna manera, que estas fueron las motivaciones
inspirantes de los artífices de las esferas, pero apuesto que la concepción
esférica nació en el seno de una eficaz sociedad matriarcal. Por otro lado, cimentados en
la evidencia arqueológica, se puede afirmar: Las esferas de piedra fueron
construidas por una nación amerindia, instalada desde tiempos inmemoriales en
el Delta del Diquís y sus regiones aledañas, donde desarrollaron su enigmática
cultura. |
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