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Para comprender mejor la región geográfica en donde
se desarrolló, la deslumbrante cultura amerindia responsable de las esferas,
anotaremos: El Delta del Diquís o Delta Sierpe-Térraba es uno de
los sistemas deltaicoestuarinos (perdonen semejante palabra) más importantes
del sur de América Central, su formación la originan el Río Grande de Térraba
y el Río Sierpe, ambos descargan sus caudales en el océano Pacifico. El Grande
de Térraba colecta las aguas en descenso de innumerables ríos de la cordillera
de Talamanca. Esta es la cuenca hidrográfica más extensa de todo el país. Por su lado el río Sierpe, de menor caudal, nace en
una laguna ubicada en el mismo Delta, le son tributarias las aguas de varios ríos
y quebradas que desguindan de las serranías de la península de Osa. La extensa llanura aluvial se ubica, a nivel geográfico,
en una posición estratégica desde donde el traslado por tierra o mar, a los
lugares que van del Golfo de Chiriquí (Panamá) hasta el Golfo de Nicoya al
norte de Costa Rica y las islas cercanas a la costa, fue más que posible. En
definitiva la zona costera y las Islas cercanas al Delta fueron un importante
centro de intercambio cultural y de comercio precolombino. Los suelos del Delta fueron prósperos para la
agricultura, con abundante variedad de flora y fauna. Además los más ricos
yacimientos de oro de todo el país se ubican en las franjas aledañas al Diquís.
Los aborígenes del Diquís alcanzaron un alto nivel
productivo, por la agricultura y el uso de la rica gama de recursos que posee la
región, posibilitándolos para la acumulación de excedentes, con ello el
holgado sostenimiento de una casta real y sacerdotal y por supuesto un extenso
gremio de artesanos especializados en la producción de objetos de alta
elaboración. Estos artesanos expertos, desarrollaron estilos
propios, con gran riqueza en la forma de sus creaciones y un dominio
sorprendente de las técnicas, así lo evidencian los objetos de oro, la alfarería
y la escultura en piedra encontrados en las milenarias llanuras del Diquís.
La primera de ellas, a la cual dedicaremos el énfasis
de este libro, son las monumentales esferas de piedra, cuyo gran tamaño,
perfección, fino acabado y extraños alineamientos no tienen parangón en el
continente americano ni en el resto del mundo. El segundo componente que atrae la atención de los
investigadores, son las portentosas estatuas aplanadas de base de espiga (de
hasta dos metros de altura) representando hombres y mujeres, luciendo máscaras
zoomorfas y extraños tocados. Monumentos de estilo tan específico, no se han
encontrado iguales fuera del área del Diquís. El tercer elemento lo constituye la metalurgia peculiar
de esta circunscripción geográfica. Dicha metalurgia despliega técnicas y
maneras singulares de muy alta elaboración y gran contenido mitológico.
Estas representaciones distintivas están ligadas al
descubrimiento (en la misma zona) de los restos de grandes y prolongados
asentamientos humanos. La gran cantidad de montículos empedrados, (basamentos
habitacionales y ceremoniales) plazas públicas, cementerios, calzadas, etc.,
dan evidencia de ello. Los hallazgos alertaron a los primeros investigadores
quienes pronto conjeturaron la presencia antigua de una desarrollada cultura.
Los pretéritos asentamientos humanos han sido
ratificados por las modernas excavaciones y el análisis de vestigios
encontrados. Hoy es un hecho arqueológico: El Delta del Diquís
albergó a una desarrollada cultura, estructurada con una alta organización política,
religiosa, económica, y social. Dicha cultura esparció sus dominios por toda
la llanura aluvial y alrededores del territorio. Hablamos de una sociedad compleja, una nación que
manejó los aspectos ideológico-simbólicos, capaces de organizar, consolidar y
hacer funcionar de manera efectiva su pequeño reino.
Un pueblo con el desarrollo agrícola, político y
comercial, necesario para mantener con solvencia a grupos de artesanos
especializados, donde sus obras monumentales (esferas y estatuas megalíticas)
formaron parte de un conjunto místico y social de emblemas públicos,
entregados por sus reyes al pueblo para el usufructo de la colectividad. Lamentablemente esta espléndida zona arqueológica ha
sufrido intensos saqueos. La vasta llanura aluvial donde se encuentran los
principales yacimientos de interés arqueológico, se cultiva de manera
extensiva (banano, cacao y palma africana) desde finales de los años 1930.
Si bien se han encontrado y recuperado gran cantidad de
piezas, su estudio se ve limitado debido a la destrucción del contexto en que
se hallaban originalmente. Pero las investigaciones continúan y futuras excavaciones, prometen ensanchar los horizontes y arrojar más luz acerca de este enigmático pueblo, de quien desconocemos su nombre. De tal manera y para efectos de comunicación, nos
referiremos a este desaparecido grupo humano con el nombre de “Los Dikís”
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albertosibaja@costarricense.cr