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Desarrollo tecnológico de nuestra cultura amerindia

BLOG DE COMENTARIOS

     En el medio costarricense nuestras culturas amerindias han sido estudiadas desde la óptica de las ciencias sociales: historiadores, antropólogos, sociólogos, arqueólogos. etc.

La participación de los expertos de las ciencias exactas es apenas perceptible dentro de los muchos trabajos de los científicos sociales. Las indispensables prácticas inter-disciplinarias tienen la misión de abordar los temas amerindios de una manera integral.

Lamentablemente tan necesaria fusión no se ha logrado en la dimensión requerida. Ejemplo de ello son las rigurosas investigaciones científicas, efectuadas por el físico y oceanógrafo costarricense Guillermo Quirós Álvarez  quien enfocando las herramientas de sus acreditadas disciplinas ha logrado reveladores descubrimientos en el ámbito de los asuntos amerindios.

Sus trabajos: “Las esferas de piedra: un indicador del desarrollo tecnológico alcanzado por los amerindios del Valle del Diquís”; “Los petroglifos del Diquís, Costa Rica: un SIG primitivo”;  “La red de calzadas precolombinas: indicador del desarrollo tecnológico”; “Cuantificación y aniquilamiento de la población amerindígena en Costa Rica.” no han sido valorados en su dimensión, por los profesionales de las ciencias sociales, pese a constituir serios aportes a sus disciplinas.

Hago pública mi gratitud al doctor Quirós. Sin su valiosa colaboración no hubiese sido posible la redacción de este artículo. 

Investigaciones de esta categoría nos ayudan a entender el legado ancestral desde un panorama más amplio y holístico, permitiéndonos establecer la verdadera estatura intelectual y tecnológica de nuestras antiguas sociedades aborígenes. 

Reconocer la existencia de un sofisticado saber científico por parte de los pueblos prehispánicos, es un bocado de difícil digestión para una mentalidad donde aun anidan los ímpetus heredados por los conquistadores occidentales y su claro menosprecio hacia las civilizaciones que subyugaron.

Por tanto si no logramos liberar nuestro pensamiento de tales prejuicios, seremos incapaces de ver los claros rasgos tecnológicos de nuestras sociedades autóctonas. 

Para comprender y aceptar la existencia de un quehacer científico precolombino, nos debería bastar la observación objetiva del legado escultórico y arquitectónico de nuestros antepasados.  Dada la escasez de documentos históricos que nos orienten en esa dirección, se ha de recurrir a la abundante evidencia arqueológica. 

 

No se requiere ser un experto para distinguir los muchos elementos geométricos, ¡nada primitivos o elementales!, presentes en miles de piezas arcaicas en donde podemos reconocer el magistral uso de una evidente matemática  amerindia. 

En petroglifos, cerámica, trabajos en oro y jade, textiles, basamentos, acueductos, miles de kilómetros de calzadas, complejos habitacionales, tronos de piedra, esferas monumentales y estatuaria en general. Se ven plasmados los elementos geométricos del paralelismo, ángulos rectos, triángulos rectángulos, isósceles y equiláteros, círculos concéntricos, figuras planas inscritas en discos, prismas, cilindros, esferas y más. Son fiel reflejo del manejo de conceptos matemáticos en un grado más allá de lo elemental.  

Vemos en tan vasto legado, un irrefutable dominio de técnicas hondamente desarrolladas, sin ellas no hubiese sido posible admirar los acabados trabajos en oro, piedra, cerámica y demás “curiosidades” exhibidas hoy en nuestros museos.  

Si permitimos que prejuicios infundados, nos hagan dudar del desarrollo de un preclaro quehacer científico, por parte de nuestros ancestros aborígenes, cerraremos nuestra mente a tan basto acervo cultural. La salida fácil será entonces atribuir la gran obra amerindia a los dioses tecnológicos de las estrellas.  

Porque sin tales conocimientos hubiese sido imposible el logro de las altas temperaturas, necesarias para la fundición de los metales, o la armoniosa y eficiente disposición de sus complejos habitacionales, o el trazo y construcción de sus interminables calzadas, o el planeamiento y ejecución de acueductos que aun hoy en día funcionan. Estas y muchas obras más, manifiestan la posesión de sofisticados conocimientos matemáticos, en física e ingeniería.

En su estudio titulado: “La etnomatemática precolombina” el profesor de la escuela de matemáticas de la Universidad de Costa Rica. Pedro Rodríguez Arce, nos hace comprender el exquisito grado de avance que poseían nuestros amerindios. Instándonos a valorar el cuerpo de ciencia prehispánica y a reconocer la existencia de un ancestral legado de conocimientos.  

Hoy nadie cuestiona que las matemáticas, en cualquier época, son, han sido y continuaran siendo, la piedra angular de la ciencia y la tecnología, pero subyace en nosotros la imagen de que nuestras culturas aborígenes, se encontraron muy lejos de tal formación, por el hecho de estar, esta disciplina, asociada intrínsecamente a sofisticados mecanismos de abstracción, inteligencia, razonamiento, amen de un riguroso pensamiento crítico.

Nos resistimos a otorgar siquiera el beneficio de la duda, a favor de nuestros aborígenes, y suponemos que no poseían tan notables facultades humanas.  Es más fácil imaginar a unos salvajes del neolítico costarricense, amontonando piedras al azar para fundamentar sus viviendas, abriendo burdas zanjas para abastecerse de agua, esculpiendo con primitiva destreza sus monumentos, rompiendo efímeros senderos por la selva, o batiendo barro de alguna charca cercana para hacer sus tiestos y mil simplezas más.  

Sin embargo, lo que no hemos destruido de aquel legado ancestral, nos evidencia a una cultura con las habilidades necesarias para resolver problemas de gran complejidad, imposibles de solucionar sin una sublime abstracción, y cálculos precisos, plasmados en sus obras con portentosa eficacia.

Tan duradero legado no es producto del azar, la suerte, o de alguna extraña casualidad, sino mas bien el resultado de una milenaria tradición, transmitida y mejorada por incontables generaciones.   

Veamos algunos ejemplos de los rasgos tecnológicos dejados por nuestras desaparecidas civilizaciones: 

Basamentos

Los basamentos, también llamados montículos, son los vestigios arquitectónicos sobre los cuales se edificaron los complejos habitacionales, religiosos o políticos de las ancestrales culturas amerindias.  

Excavaciones profesionales y profanas, han desempolvado cientos de estas estructuras en el territorio costarricense. En un solo sitio arqueológico (Turrialba) se cavaron cuarenta y tres montículos, dos plazas, tres acueductos. Todo comunicado entre sí por medio de calzadas, puentes y gradas.

Los montículos, pese a su gran variedad de tamaños, fueron edificados usando una técnica única: se planta un anillo de rocas de canto rodado, se rellena la periferia con tierra y luego se compacta, sobre esta nueva plataforma se coloca otro anillo de rocas, un poco más pequeño que el anterior, el cual también se rellena y maciza. Este proceso, en apariencia sencillo, se repite una y otra vez hasta alcanzar la altura deseada. 

La base circular de los basamentos y su progresión piramidal, garantiza un balance uniforme de las cargas, pues no existen esquinas que provoquen cambios violentos de dirección en la distribución de las fuerzas, certificando la estabilidad de la estructura por medio de su diseño radial de escalonado piramidal. 

La permanencia de estos basamentos milenarios, algunos con áreas superiores a los 600 m2 y alturas que sobrepasan los 4.5 metros sobre el nivel del suelo, (sin contar la elevación del edificio) con gradas y rampas de acceso, perfectamente alineadas al este y oeste de las colosales residencias cónicas, de madera y palma, que alguna vez se posaron en semejantes cimientos. Declaran de manera incuestionable la estatura científica de sus arquitectos. Sumemos a esto: una armoniosa distribución, la trama de amplios caminos que bordean estas plataformas de construcción, sus soluciones de aguas pluviales y potables, los espacios públicos y de esparcimiento, cementerios y más… todo este entorno sembrado de exquisitas esculturas y monumentos. Si logramos imaginar ese ambiente, en el cual vivían y se desarrollaban los hombres, mujeres, ancianos y niños, moradores antiguos de esas “aldeas”, no podemos sentir más que pena al compararlas con nuestras actuales barriadas suburbanas. 

Los metates y tronos de piedra

La palabra metate (del náhuatl “metlatl”) se refiere a un práctico utensilio de piedra ligeramente cóncavo, usado en México y Centroamérica para triturar el maíz y otros granos, por medio de un grueso cilindro del mismo material. Si bien algunos de estos instrumentos de cocina, presentan bellas decoraciones, se ha denominado con la palabra metate a otros artefactos que lejos de cumplir una función culinaria eran de uso ceremonial, inclusive se le ha dado este nombre a los tronos cacicales.

La observación científica de estas excepcionales piezas, proporcionan valiosa información acerca de los conocimientos tecnológicos de nuestros antiguos pobladores. Se pueden reconocer en ellas el dominio de secciones parabólicas centradas en su eje, manejo frecuente, en el diseño, de las curvas elípticas, admirable intencionalidad en el uso de la simetría bilateral reflexiva. Estos aspectos y otros que veremos adelante, nos indican que la esculturización de los “metates” requirió de una técnica mucho más compleja que la usada en la construcción de las esferas. 

Con respecto a estas laberínticas esculturas, el profesor universitario de matemáticas, Pedro Rodríguez Arce, nos aporta:

“…la evidencia que presentan los metates -al igual que muchos otros rasgos arqueológicos costarricenses- es sumamente amplia. Se mencionan a continuación algunos aspectos que ponen de manifiesto la existencia de un cuerpo de ciencia, precolombina costarricense, particularmente en lo que a geometría se refiere.

Un aspecto importante de analizar en los metates es el sistema de ordenamiento que presentan las formas. En general, los objetos de las tres zonas arqueológicas presentan una combinación basada en la simetría bilateral reflexiva. La misma se puede determinar a partir de un plano longitudinal perpendicular al plano del metate. Este mismo sistema de ordenamiento se localiza en los motivos, elementos decorativos, soportes y relieves. Ejemplo de este sistema, es el ordenamiento que presenta el relieve de la cara inferior del metate No. 4197. Además de la simetría bilateral reflexiva, se presentan de rotación, de traslación, de traslación ascendente y de extensión...

...Además del análisis relacionado con las simetrías comentadas debe repararse en que los diseños que estos dibujos presentan, son suficiente evidencia para fundamentar la conclusión de que nuestros antepasados fueron artistas del trazado geométrico, cuya maestría se exalta al considerar que tal trazado fue hecho en piedra.” (La etnomatemática precolombina. Pedro Rodríguez Arce Universidad de Costa Rica. 1994) 

Examina al mismo tiempo, el profesor Rodríguez, la subdivisión de circunferencias en partes iguales, tornándose admirable el cálculo amerindio, cuando se trata de subdivisiones en 13 segmentos iguales, pues aun en la actualidad solucionar un problema de subdivisión de un número  primo, como lo es el 13,  conlleva a la fusión de conceptos e interrelaciones matemáticas de notoria complejidad.

En otra pieza arqueológica advierte la precisión en el uso de dos triángulos isósceles, cuyos vértices forman los puntos de contacto de las patas del artefacto, y se maravilla a calcular la dificultad dada al trazar tales triángulos, de tal manera que los círculos encerrados en ellos posean un centro matemático, previamente definido. 

Cerámica

Los arqueólogos consideraron por mucho tiempo a los artefactos de cerámica antigua, como un excelente instrumento de utilidad cronológica, valiéndose de esta para ubicar en la línea espacio-temporal, los sitios descubiertos. 

Pero un breve e interesante encuentro Inter.-disciplinario efectuado en 1988 en la Universidad de Costa Rica, modificó esta perspectiva. (El acervo precolombino: Trabajo en barro (cerámica). Ana Cecilia Arias, Sergio López. U.C.R. 1990)

Geólogos, ceramistas, arqueólogos y expertos de modernos laboratorios, enfocaron sus disciplinas en el análisis de los aspectos tecnológicos, de manufactura, materia prima e intencionalidad de la cerámica precolombina. 

Las piezas estudiadas, pronto los hicieron coincidir en que aquella pretérita manufactura, estaba impregnada de gran riqueza técnica, artística y funcional. Factores inexistentes en una sociedad subdesarrollada. 

Los ceramistas prehispánicos desarrollaron diferentes compuestos de arcilla (pastas) de impecable balance y composición con los cuales lograron manipular y concretar piezas complejas. Estos compuestos de distribución homogénea son imposibles de crear en ausencia de un conocimiento especializado. Es evidente que estudiaron y comprendieron las propiedades físicas de la arcilla natural y la mejoraron. 

Usaron selladores, con la intención de tapar poros y así evitar fracturas indeseadas en el proceso de fragua, además esta operación acrecienta la utilidad de la pieza, que podrá contener líquidos, ser utilizada para cocinar alimentos, o para quemar inciensos.

La presencia de cristobalita, (cuarzo de alta temperatura), imposible de fundir a menos de 860 ºC. Junto con la ausencia de carbonatos y sulfuros en algunas muestras, evidencian una temperatura de cocción necesariamente superior a 800 ºC. Sin embargo en otras vasijas se detectaron altas e intencionales concentraciones de pirita, (sulfuro de hierro) lo cual muestra su utilización como catalizador químico para bajar el grado de cocción de ciertas arcillas. 

Como podemos notar, la imagen de unos sucios salvajes, arrodillados frente a un barreal, sacando pelotas de barro, con el cual y sin más trámite, proceden a dar forma a sus tiestos, no solo es una idea científicamente falsa, sino ignorante e infantil. 

Acueductos

Las pocas obras hidráulicas escavadas en Costa Rica, demuestran que sus antiguos constructores poseían un avance tecnológico de alto nivel, y las herramientas apropiadas para culminar su tarea.

Vemos en su ingeniería, dos propósitos claros: abastecer a la población de agua potable y encausar la precipitación pluvial mediante un eficaz sistema de drenajes.  

En el milenario acueducto amerindio de Guayabo, admiramos una ramificada red de abastecimiento. El sistema, construido enteramente en piedra, inicia en la toma que intercepta el manto acuífero, las aguas cosechadas son dirigidas por un canal hasta un embalse disipador, desde donde nace otro conducto que las emplaza hacia el tanque de captación, pero aquí no termina la red, otros canales llevan el líquido hasta el sistema principal de embalse, desde donde se puede apreciar un vertedero y el necesario canal de desfogue.       

Por otro lado los arquitectos indígenas tuvieron que resolver, en zonas de alta precipitación, la constante dificultad de las aguas pluviales, las cuales supieron drenar de manera inteligente por medio de su sistema de calzadas, cuyas superficies empedradas les ofrecieron además una solución ventajosa al problema de la erosión. 

El físico y experto en aguas, Guillermo Quirós, agrega: 

“En términos tecnológicos esta obra deja ver elementos trascendentes:

El diseño de Guayabo indica conocimientos de hidráulica del tipo que se requirió para establecer los acueductos en los Andes por los Incas: mecánica de fluidos, presión hidráulica, mecánica clásica, entre otros. La tecnología empleada supera la requerida para el trazado de las calzadas. 

El manejo de la piedra es exquisito, pues se hacen coincidir aristas, pesos y contrapesos, formas y diámetros, de tal forma que mientras el agua circula, es filtrada y mantiene un flujo constante. Esto demuestra que existían técnicos que conocían de la exfoliación de las rocas y que tenían las herramientas para lograr simetrías importantes.”  

Calzadas

Con este término se denomina a la inmensa red vial de caminos empedrados que ramifican sus rutas por todo el territorio costarricense. 

Si se quiere hablar de mega construcciones amerindias en la llamada zona intermedia y en particular de Costa Rica, hemos de referirnos a esta gigantesca obra antigua. Hablamos de miles de kilómetros de avenidas de piedra. 

El estudio de su diseño, dimensiones, rutas y procedimientos de construcción, evidencian el dominio tecnológico de sus hacedores, y sus desarrollados conocimientos en física e ingeniería. El moderno análisis de las calzadas destruye viejos conceptos asociados a nuestros primeros pobladores.  

El primero de ellos es el de aldeas aisladas, autistas, hurañas, desligadas del quehacer cultural, político, religioso, científico y económico del entorno territorial que nos ocupa. Para los investigadores es cada vez más difícil referirse a los poblados amerindios con el término de aldeas, hoy sabemos que fueron auténticas ciudades. Los cacicazgos verdaderos reinos, y su cultura una indudable civilización.   

La segunda idea equivocada fue la de guerras interminables entre tribus. La antigua red de calzadas, interconectaba asentamientos de los distintos grupos étnicos que poblaron estos territorios. Sugiriendo con ello largos períodos de relaciones diplomáticas y pacificas entre los diversos reinos.  

El tercer concepto erróneo, se refiere a la cantidad de aborígenes, que supuestamente poblaban los territorios que hoy llamamos Costa Rica.  Según crónicas españolas, no despuntaban las 400 almas. Hoy sabemos que superaron el millón de habitantes.            

Las calzadas han sido vistas, escavadas y analizadas desde el nacimiento de la arqueología en Costa Rica. Sin embargo las reveladoras fotografías aéreas obtenidas por la Misión Carta 2003 y Carta 2005, sorprendieron a profesionales, laicos y escépticos.

Sofisticados equipos a bordo del avión WB-57 de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) lograron imágenes digitales multiespectrales, que sin proponérselo (no era el objetivo de la misión) captaron la enorme red vial antigua, cuya longitud se extiende por miles de kilómetros. 

Esto ha revitalizado el estudio de los senderos amerindios.

Al analizar la infraestructura de calzadas de entre 7 y 10 metros de ancho se notan profundidades superiores a los 100 centímetros, la colocación de las piedras en el plano vertical es decreciente: de 50-70cm. en la base hasta 10-15cm. en la superficie. Con capacidad de soportar decenas de toneladas de peso por metro cuadrado. Vemos además, peldaños, desagües, pendientes diseñadas con la clara intención de mitigar la erosión por escorrentía.

El sabio diseño dotó a estos vetustos caminos de larga vida y solidez, trazados a lo largo de una abrupta geografía, inmersa en una naturaleza abrumadora. 

El físico Guillermo Quirós nos dice:

 “…Diseño que le ha permitido subsistir durante varios siglos en un ambiente tropical de alta precipitación y humedad, soportando el efecto desgastante de raíces, animales, caída de árboles y otros agentes erosivos.

Para un diseño y dirección de una obra similar, hoy día es preciso tener conocimiento en resistencia de materiales, mecánica, dinámica de fluidos, hidráulica de cuencas hidrográficas, cálculos de escorrentía y erosión, mecánica de suelos, mecánica de sólidos; así como llevar adelante cálculos de presión y transmisión de esfuerzos…”

“Las calzadas son la muestra masiva del desarrollo tecnológico de los habitantes precolombinos, por su extensión, importancia social y características. Tal obra solo pudo haber sido construida por un grupo social con una adecuada subdivisión de funciones y bajo un liderazgo fuerte.”

“…las calzadas expresan el mejor dominio del hombre sobre la naturaleza, su obra tecnológica más prolífica, la cual ha sido ignorada en su magnitud, significado y consecuencias sociales. Desenredar la madeja de calzadas bien puede conducir a conocer mejor el manejo del ambiente por aquellas culturas, lo mítico y el simbolismo de los volcanes, la realidad del comercio y los lazos culturales con culturas exógenas.”  

Es claro: semejante obra de ingeniería no fue levantada por unos cuantos indios dispersos en la Costa Rica aborigen. Por las calzadas prehispánicas caminaron miles y miles de personas, transportando bienes y servicios de uno a otro lado del territorio nacional.    

 

Orfebrería

En Costa Rica no he encontrado investigaciones modernas, en el campo de las ciencias exactas, que intenten desentrañar las verdaderas técnicas y conocimientos alcanzados por los antiguos pobladores de la región, en el manejo de los metales. Sí se ha estudiado (desde la óptica antes mencionada) el diseño de algunas piezas, el cual refleja un conocimiento preciso de las curvas matemáticas. Sin embargo se ignora por completo, de que manera los amerindios lograron dorar el cobre, obteniendo inclusive mejores resultados que el sistema electrolítico inventado a fines del siglo XVIII. 

Las grandes cantidades de piezas de oro y cobre, encontradas principalmente en el Pacifico Sur, demuestran que hubo en estos territorios una desarrollada industria metalúrgica, cuya manufactura no tuvo análogos con la orfebrería del viejo continente. 

 Cuando las primeras joyas del nuevo mundo, fueron admiradas por la corona española, reconocieron de inmediato una habilidad superior de los artesanos indígenas en el manejo y diseño del oro. Solicitaron de inmediato a los conquistadores y colonos, fueran estudiadas las técnicas de elaboración y trasladados algunos orfebres a España. Todo parece indicar que ninguna de las dos peticiones reales se logró cumplir. Los aborígenes se negaron a transmitir su conocimiento.

 

Petroglifos

En el artículo “Petroglifos“, veremos la aplicación pragmática del acervo científico de nuestros aborígenes calado en piedra, y de que manera los amerindios del Diquís esgrimieron angulaciones y escalas geométricas para plasmar en las rocas, un funcional sistema de orientación geográfica mediante el cual Identificaron, situaron y representaron de manera exacta y conveniente a su particular contexto cultural: montes, senderos, poblados, ríos, golfos, bahías, estuarios e islas. Señalando inclusive nacientes de agua con su respectiva fuerza de caudal y cinturones de pesca abundante. Esto es imposible de lograr sin un examen metódico y por demás meticuloso de los fenómenos físicos relevantes. Los salvajes que nos ha vendido la historia, son incapaces de tal abstracción.   

Por encima de los preconceptos históricos, nuestros científicos han detectado, a través del análisis de cientos de petroglifos diseminados en todo el territorio costarricense, un procedimiento ancestral fundado en la cognición aborigen de la naturaleza y su concepción anímica. 

La comprensión de estos elementos místicos ha sido indispensable para la interpretación de los petroglifos,  sin ellos no podríamos asomarnos a la visión del ordenamiento amerindio de sus ciudades, ni de su por demás mágico hábitat.  

Población

Modernos cálculos realizados por expertos en demografía precolombina, basados en datos etnográficos, históricos y en el estudio de cientos de sitios arqueológicos, demuestran que el número de habitantes aborígenes en suelo costarricense, superaban el millón de individuos, al momento del contacto español. Población que la Costa Rica moderna, no alcanzó hasta el año de 1965. 

Esto se aleja mucho de la información suministrada por nuestros añejos textos escolares, donde el cómputo no supera los 400.000 indios, dispersos por todo el territorio. 

Entender la verdadera densidad demográfica de nuestros aborígenes no sólo nos dará una idea de las dimensiones de su exterminio, nos permite comprender además el sólido desarrollo de una estratificada organización política y social, que les permitió especializar y orientar a una gran fuerza laboral,  compuesta por ingenieros, arquitectos, matemáticos, geógrafos, astrónomos, artesanos albañiles, agricultores, etc. 

Sus especialistas supieron manejar las aplicaciones prácticas del círculo y su volumen de rotación: La esfera. Desarrollaron las herramientas apropiadas para cada función específica. Sus obras demuestran el conocimiento perfecto de la escala humana. Sus discernimientos científicos les permitieron diseñar y construir obras complejas. 

En fin poseyeron todos los elementos sociales y tecnológicos necesarios para crear y desarrollar una verdadera civilización. Misma que está siendo redescubierta por afanados investigadores modernos.

  

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 © Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica ® Siböwak

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