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YERIA

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Los guerreros de Sibö

      Los historiadores españoles afirman que los combatientes  aborígenes en Costa Rica, decapitaban a los vencidos. El culto de las cabezas trofeo está representado en infinidad de piezas arqueológicas. Cortar cabezas no solo tenía un valor social de prestigio, también era práctica mágica, aumentaba el poder del guerrero. Las danzas guerreras se celebraban con las cabezas trofeos colgando entre los brazos. La técnica que utilizaban para reducirlas es aun desconocida, solo nos queda la evidencia en los museos.

   Cuando los jóvenes guerreros cobraban su primera víctima en batalla, eran consagrados mediante un rito en el cual atravesaban un pulido hueso de ave sobre el tabique nasal, las subsiguientes víctimas de guerra se representaban con huesos insertados debajo del labio inferior, hasta formar la temible barba blanca de huesos.

    Se dice que los mejores combatientes provenían del clan Bribrí Tuborwak.

   En la antigüedad los guerreros Bribrí eran respetados y temidos en toda la región sur y central de Costa Rica.

   Los lingüistas afirman que la palabra Bribrí significa: fuerte, resistente y valiente, atributos de los aguerridos Yeria.

Bribrí era el nombre que los vecinos territoriales le daban al pueblo de Sibö, ellos se llaman a si mismos Ditso. En lengua güetar, la palabra vrivri significa: señores e hijos de señores. Esto muestra el gran respeto que les tenían otros grupos étnicos a los Yeria.

Los guerreros Bribrí nunca perdieron una guerra.

 En épocas de la conquista española se convirtieron en los defensores de todas las tribus talamanqueñas, en consecuencia los Bribrís asumieron el gobierno político de la región.  

Las crónicas españolas relatan que los guerreros Bribrís encabezaron las cuatro grandes insurrecciones en contra de su dominio. Los feroces Yeria armados con escudos de cuero de danta, arcos, flechas, lanzas, hondas, cerbatanas, hachas y masas de piedra, atacaban a los sorprendidos españoles, quienes no sabían hacia donde disparar sus arcabuces pues la selva escondía a sus enemigos. Las inesperadas lluvias de lanzas, flechas incendiadas y piedras certeras, ocasionaron un gran numero de bajas a los invasores, también fueron destruidas todas las misiones franciscanas y cada una de las fortalezas españolas instaladas en la región.

             Avergonzados por su incapacidad de someter a un puñado de salvajes, los ibéricos decidieron aliarse a un grupo indígena de la zona de Turrialba, Cartago. Los Teriacas ambicionaban desde antaño las tierras de Sibö, pero los Yeria eran invencibles.

 Aliados con los soldados españoles los Teriacas se sintieron aventajados y junto a los invasores se internaron en las selvas para someter a los rebeldes Talamancas. Sin embargo la campaña no duró mucho tiempo, pues ambos grupos fueron fácilmente vencidos por los guerreros Bribrí.

Al avanzar la conquista española los Teriacas reconocieron a sus verdaderos enemigos y pidieron la protección de los Yeria. Estos, lejos de negarla acogieron lo que quedaba del pueblo Teriaca y los ubicaron dentro de sus dominios, en la inconquistable Talamanca.  

Los Yeria se inmortalizan en el mundo majestuoso y espiritual de Sibö, pues cuentan sus leyendas que Duarok el rey mítico de todos los animales de la selva, los contrata para que castiguen a los cazadores que se atrevan a dejar mal herido a cualquiera de sus protegidos animales o bien los case en exceso.  

Aquí los Yeria son guerreros del reino mágico, quienes bajo el comando del dueño de los animales Duarok, hacen cumplir las complejas y completas normativas de caza, dejadas por el dios Sibö con el propósito de mediar entre los aborígenes y los animales sacrificados, mismos que no deben matar más allá de lo absolutamente necesario para satisfacer las necesidades de alimento. En ambos mundos los Yeria son defensores por excelencia.

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 © Alberto Sibaja Álvarez. San José, Costa Rica

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