|
|
|
El legado cultural de los amerindios Skawak
ESTRUCTURA POLÍTICO-RELIGIOSA DE LOS ABORÍGENES DE TALAMANCA
La indómita Talamanca
Talamanca fue el único territorio de Centro América y Panamá que no pudo ser conquistado por la invasión europea.
El nombre dado por los amerindios a esa región fue SKAWAK, que literalmente significa: Dueños de nuestro espacio.
Desde
la primera incursión armada de los españoles, en 1540, se manifestó el espíritu
guerrero y libertario de los habitantes naturales de esas tierras. Llamada así,
en 1605, por los conquistadores Diego De Sojo y Juan De Ocón y Trillo en honor
a su lugar de nacimiento:
Conocedores
de la resistencia guerrera de los nativos, los conquistadores evocaron el
valiente fuerte musulmán de Talamanka,
fundado en el año 860 d.C. por los árabes y tomado por los cristianos después
de más de doscientos años de luchas religiosas. No es hasta 1062 que Fernando
Primero logra destruir hasta los cimientos la fortaleza mahometana.
Pero
De Sojo ni Ocón y Trillo, ni aún los conquistadores que les precedieron,
lograron doblegar jamás el espíritu selvático de los aborígenes Skawak.
En
1821 con la independencia de Costa Rica, los españoles se retiran de Talamanca,
después de doscientos ochenta y un años de vanos esfuerzos, sin haber podido
avasallarla.
Los europeos no pudieron doblegar a los Talamancas, principalmente porque menospreciaron su inteligencia y su altamente elaborada organización social y religiosa.
Los consideraron y trataron como a una horda de salvajes primitivos, cuya única razón de ser era la de nacer, crecer, reproducirse y morir como animales del bosque.
Pero los amerindios de Talamanca desarrollaron a través de los siglos, en las inhóspitas selvas de la baja Centroamérica, una asombrosa cultura que aun hoy tiene mucho que enseñarnos.
Para conocer, aunque sea someramente, algunos aspectos de la cultura de tan valiente pueblo, hablaremos de su ordenación interna, de su complejo sistema cultural que va desde la divinidad al pueblo, pasando por sus linajes chamánicos y de realeza.
|
|
SIBÖ
EL
SEÑOR ABSOLUTO DE TALAMANCA
Sibö
no solo es el dios creador del mundo y de los amerindios talamanqueños, si no
que además se constituye como su máximo héroe cultural, pues según las
leyendas aborígenes, Sibö vivió como hombre en la tierra. El mismo, instruyó
a los seres humanos en todas las artes y las ciencias. Les enseñó a edificar
sus cónicas viviendas, a cazar, a sembrar, les mostró las ocho danzas
sagradas, los cantos de la creación del mundo y a vivir en armonía con el
bosque tropical.
Sibö
está en todas partes, habla todas las lenguas, tiene la capacidad de asumir
formas humanas y animales. Dispone sobre la vida y la muerte. Sibö diseñó el
mundo mágico del indio, y creó toda planta y ser viviente.
Por medio de su contraparte, Surá, hizo a los indios, quienes primero nacieron como semillas de maíz. Sibö trajo las semillas desde abajo, del lugar de donde nace el sol y las purificó con agua en la cima del monte Suráyön en Talamanca, luego de ayunar y orar por cinco días, las sembró en tierra.
Dispuso
las semillas de maíz en ocho grupos y de allí surgieron las primeras gentes,
distribuidas en los ocho clanes primordiales.
Esta
primigenia tribu tropical, escuchó sus cantos y enseñanzas, mismas que
conformaron el “Siwa” código de comportamiento y vida. Este canon es
transmitido desde tiempos inmemoriales de boca a oído hasta nuestros días.
Sibö
propicia los agentes naturales que producen la germinación, por ello es el
proveedor de todo alimento.
De
día este gran ser vive en el este, desde donde cuida a los buenos espíritus,
de noche se traslada al oeste para proteger a los indios de los malos espíritus.
Como señor de la creación Sibö reina desde el cenit del cielo. Toda creación de Sibö esta asistida siempre por su contraparte Surá, quien reina desde el nadir de la tierra.
SURÁ
SEÑORA
DEL REINO INTERIOR
Contraparte
inseparable de Sibö: soberano del cielo. Surá es la guardiana de las semillas
del maíz que simbolizan el ser o alma del indio.
El
reino de Surá es subterráneo, porque en las entrañas de la tierra es donde se
gesta todo origen.
En la mitología Bribrí se representa a veces de forma masculina y casi siempre de forma femenina. Surá posee el don de la multiplicidad. Básicamente existen 8 Surá: cuatro femeninos y cuatro masculinos. Virtualmente son incontables pues cada ser humano posee el suyo propio.
Como entidad masculina Surá es el padre de Iriria, la niña tierra. Como entidad femenina es la tierra misma, útero de toda vida.
Surá es la primera reina madre, la primera abuela, el primer ser femenino.
Es
la gran maestra de la humanidad, en ella se conjuga el principio de todas las
cosas.
Cuentan los sabios ancianos de Talamanca que conforme Surá produce los cantaros, que simbolizan a los seres humanos, estos emiten lindos y distintos sonidos, las melodías representan cualidades tales como: trabajador; inteligente; aguerrido; bondadoso etc.
Solo
los chamanes que saben ver, conocen el acabado de la vasija y pueden escuchar
sus armonías.
Si
bien Sibö crea la humanidad, Surá es quien le da la forma. Por esta razón la
gran diosa del reino interior es representada como una excelsa artesana o
alfarera, pues desde sus hondos dominios, edifica a los seres humanos, dándoles
la forma de vasijas o cantaros de barro. Su divina manufactura comienza
inmediatamente después de la concepción, continúa aun luego del nacimiento y
su obra puede durar hasta la muerte misma del indio.
Cuando la persona muere, regresa al lugar de su artesana, al reino uterino, protector y subyacente de Surá, donde está el origen y paraíso del indio. Ellos lo nombran Surakaska: la esfera del último destino y del primer inicio, el centro de la esencia espiritual de todos los seres. De aquí el gran Sibö trajo las semillas de maíz con las cuales creo a la humanidad. De Surakaska emerge toda creación y todo lo creado sobre el haz de la tierra retornará al reino de Surá.
USEKÖR
El Chamán supremo
Es el máximo
representante de la tribu. Por encima de su alta jerarquía, solo está Sibö-Surá (Dios)
Recibía
absoluta obediencia de todas las tribus y clanes. Ningún rey, por mas poderoso
y temido que fuese, estaba por encima del insigne Usekör.
Pese
a que existió “El consejo de los grandes chamanes” llamado Usekorpa en lengua aborigen, solo podía existir un gran chamán al
mando de las tribus. Su cargo fue vitalicio, luego de su muerte el consejo elegía
a su sucesor. Por ello los conquistadores españoles llamaron de forma
peyorativa al Usekör: “El Papa indio”
Este extraordinario chamán tiene fama de gran sanador, pese a ello el Usekör no da tratamientos personales a ningún individuo, esta labor esta asignada a los awa (médicos). Su función es prevenir, velar, atender y proteger a la colectividad indígena de forma conjunta y no individual.
Según
la tradición aborigen, este incuestionable líder, manifiesta su extraordinario
poder cuando se presentan amenazas a la sociedad indígena, tales como guerras,
hostilidad departe de extranjeros, epidemias, plagas, catástrofes naturales,
hambre o cualquier otra calamidad comunitaria.
Es
un hombre tabú. A la gente común, ni siquiera a la nobleza, se le permite
relacionarse directamente con este héroe sagrado. Únicamente el jefe de los
chamanes (Tsokor) puede conversar con él cara a cara.
La
mitología talamanqueña es extensa al describir los extraordinarios poderes mágicos
de estos personajes únicos.
El
Usekör tiene gobierno sobre los elementos, puede hacer temblar la tierra,
llover las nubes, crecer los ríos, desatar los vientos, domeñar el fuego y,
subyugar demonios. Conoce el lenguaje de las piedras y sabe hablar con los espíritus.
Posee el don de la metamorfosis, se transforma a voluntad en diferentes animales
selváticos, principalmente en jaguar, serpiente y lagarto. Son los únicos que
pueden enfrentar a los demonios que escapan de sus reductos.
En
defensa de su pueblo han provocado grandes inundaciones. Se les atribuye el
desastre que sufrió
Cuentan
los ancianos aborígenes que los usekör eran seres celestiales, vivían con Sibö,
este los trajo al mundo para proteger a los indígenas de los malos espíritus
que logran manifestarse en la tierra.
Sin embargo los grandes usekör no pudieron vencer a los demonios de la gripe, el catarro, la viruela ni a la voraz ambición blanca, quien conociendo su poder los mando a exterminar hasta el último individuo.
Pese
a esto, el clan de los usekör persiste y está muy bien protegido por su
pueblo. Aun se le ve caminando de noche por los altos cerros, vestidos a la
usanza antigua y alimentando de su mano a los feroces jaguares.
En la región talamanqueña de Tsa ka (San José Cabecar) existe la cueva sagrada de los Usekör, llamada Tamika. Solo los chamanes pueden acercarse a ella.
La zona esta defendida por guardianes Konana, quienes son guerreros especialmente entrenados para la protección del Usekör, ellos son como su sombra, lo acompañan a todas partes con el fin de preservarlo de cualquier peligro.
Los grandes chamanes provienen del clan Koktuwak, clan de los primeros habitantes cuya principal labor es cuidar y defender la semilla indígena. Su rango es hereditario y debe de provenir de los clanes asociados al jaguar.
Se
les identificaba claramente por llevar marcado un jaguar en el iris de sus ojos,
su preparación era extensa y estricta en dieta y disciplina, además se les
confinaba por dos años sin poder ver el sol.
Estos
chamanes jamás se bautizan por la fe cristiana, no tienen nombre en español,
no usan calzado ni ropa extranjera y no consumen alimentos extraños a la dieta
tradicional.
Actualmente
los usekör constituyen un reducido grupo conformado por tres familias
emparentadas por vía materna. Viven en las zonas más densas e inaccesibles de
las montañas y no se dejan ver por gente no indígena.
Sus símbolos son: el jaguar, el lagarto, las piedras esféricas, el bastón del poder.
El
cantor mágico de las ceremonias
Chamán de más
alto rango después del Usekör y único sabio que puede dialogar con él,
por tanto fungió como mediador entre el hombre sagrado y la tribu.
Es
el maestro de las iniciaciones y comanda la jerarquía chamánica.
Su gran responsabilidad es transmitir a través de sus cantos ceremoniales la sagrada historia antigua. Pues su linaje fue creado por Sibö para preservar y transferir el conocimiento sagrado a las tribus aborígenes.
La tradición oral de los Tsokör ha perpetuado a través de los siglos el conocimiento sagrado (Siwa).
A
ellos debemos gran parte del saber actual de nuestra historia precolombina.
Los
Tsokor, (también llamados Bkri), son los mágicos cantores de toda ceremonia
aborigen. Cantan en los nacimientos, cantan en los funerales, en los ritos de
pubertad, en las ofrendas de las cosechas. Como cantor fúnebre, señala al
difunto el camino al reino
subterráneo de Surá.
Cuando los tambores retumban en la selva, vienen los cantores a cantar en los trabajos ceremoniales de la tribu.
Provenían
de diversos clanes pero principalmente de los reales, como los Brupawak, Sarwak,
Kumbowak.
En los ritos los Tsokör transmiten sus conocimientos a los demás chamánes a través de las leyendas, estas se dicen en un estilo musical recitativo o de canto. A este estilo de narración le llaman “Siwa pakol” pero solo los chamanes entienden esos cantos. Luego los sabios transmiten el saber ancestral al pueblo mediante un estilo narrativo menos hierático denominado “Ká pakol”. Toda narración se hace en lengua aborigen, los Bribrís llaman a su lengua “Seie”.
Las
historias para la curación solo se cantan en la noche. Las historias del
principio de la creación de la tierra, de lo que dios hizo cuando andaba en
este mundo, ésas se pueden contar durante el día.
Sus símbolos son: las maracas de jícara; el bastón del chamán, el
quetzal, la lora, el tucán, y la guacamaya.
SIWABRA
El
protector del conocimiento
El Siwabra es el chamán especializado en transmitir el Siwa, o conocimiento
sagrado, constituido por un código de normas y reglas que Sibö-Surá (Dios)
dejó a los Bribrí-Cabecar para orientar su forma de vida.
La
palabra Siwa significa en lengua nativa, historia así como alma y viento. Es el
cuerpo de conocimientos ancestrales que dirige la forma en que el aborigen
talamanqueño interpreta la realidad. Para ellos historia, cuento, mito, filosofía
o saber, constituyen una sola dimensión unificada.
El
manejo del conocimiento pleno de este cuerpo de normas, es materia de chamánes
especialmente entrenados para su transmisión oral. Los Siwabra pertenecen al
grupo de los Tsokör (cantores ceremoniales) quienes seleccionan a los mejores
de entre ellos para ejercer tan importante cargo.
El Siwabra canta las historias del ámbito mágico, abstracto y sobrenatural de Sibö-Surá. Causa creativa del mundo concreto del indio.
Todos
los seres mitológicos viven en esa esfera de una realidad aparte, pero
proyectan una imagen de si mismos al entorno natural.
El trabajo del Siwabra ayuda al aborigen en la interpretación armónica de la naturaleza en todas sus facetas: tiempo espacio y ser.
Su oficio data desde tiempos inmemoriales y se ha transmitido hasta nuestros días gracias a la excelsa tradición oral de estos chamanes, quienes mantienen viva la cultura amerindia.
BIKAKRA
El
maestro de las ceremonias
Uno de los rangos en la jerarquía de dignidades de las culturas autóctonas talamanqueñas.
La presencia de un dignatario de esta respetada categoría chamánica, en
los festejos ceremoniales, que van desde el nacimiento hasta la muerte de los
individuos de la sociedad aborigen, fue indispensable.
Cuentan las leyendas que Sibö, después de acabar la creación del
mundo, ungió al primer bikakra para que este dirigiera la gran fiesta de su
instauración. Por ello, en cada festividad realizada en la indígena Talamanca,
siempre estuvo presente el riguroso bikakra.
Cuatro
potentes golpes de su intocable bastón ceremonial en tierra, anunciaron el
inicio de las danzas, los cantos, las chichadas, mascaradas, concilios o
funerales de la tribu.
Este chamán, especialmente entrenado, tiene la responsabilidad de supervisar, administrar y controlar todos los elementos necesarios para el buen transcurrir de los eventos.
Él fijará la fecha y duración de las conmemoraciones. Elegirá a los cantores, músicos, danzarines, cocineras, ayudantes, etc. y fijará sus honorarios.
Bajo
su dirección se muele el maíz para la chicha. La cantid
ad de alimentos que él
solicita, se le entregan sin protesta. Los animales se sacrifican y cocinan según
sus especificaciones. Los alimentos y bebidas se sirven a los concurrentes en el
momento, orden y cantidades designadas por él.
Por su alta especialización se dice que los bikakra fueron en el pasado
prehispánico, mentores de los reyes. Pues son grandes conocedores del misterio
de la reciprocidad subyacente en la naturaleza y las cosas.
Cuando
es llamado para dirigir alguna celebración familiar, los dueños de la casa serán
los proveedores de los alimentos y menesteres necesarios para el evento, pero
solo el bikakra podrá administrarlos y distribuirlos. De esta manera la familia
del homenajeado se convierte en invitados de la fiesta y el bikakra en el
anfitrión de todos.
Las aldeas que tienen la ventaja de tener entre ellos a este linaje de
chamanes, les prodigan gran respeto y confianza. Se les pide consejo sobre la
ordenación y distribución del trabajo; en la edificación de viviendas; en los
cultivos; cosechas y demás labores de la tribu.
Para tales efectos el bikakra organiza las chichadas, estas fiestas se celebran principalmente como recompensa por los trabajos, que realizan para una familia sus vecinos y parientes. La chichada durará en reciprocidad los mismos días en que se tardó en hacer el trabajo. No podrá faltar en ese tiempo comida, alberge y ante todo chicha para los trabajadores.
AWÁ
El
curandero de la selva
El linaje de
los Awá, es el que mejor ha sobrevivido los asaltos de la conquista
española, la colonización y la voraz sociedad contemporánea.
Estos
insignes chamanes, cuya especialización antigua fue la medicina tropical, hoy
deben de asumir los cargos de las castas chamanicas desaparecidas o reducidas a
muy pocos individuos.
Quizá la sobre vivencia de los Awá se deba en parte a que su elevada posición, dentro de la mística estructura ancestral de los chamanes de Talamanca, no es rigurosamente hereditaria.
No
es requisito para un aspirante a medico, provenir de un clan específico,
cualquier individuo de la tribu que tenga la aptitud necesaria y las provisiones
suficientes para contratar un maestro, puede con el tiempo convertirse en
curandero.
El entrenamiento de los Awá fue y continua siendo uno de los más largos y exhaustivos, pues él deberá manejar el saber y ciencia de los bosques tropicales. En Talamanca ser un buen medico, equivale a combinar el papel de consejero; conciliador; sacerdote; profeta y sanador de gente. Los curanderos únicamente recibirán sus honorarios si han curado a su paciente, estos pagos consisten en productos agrícolas, animales o en especias.
En
los ritos de curación ejecutan danzas, música, cantos y recetan hierbas
medicinales.
Para el diagnostico el Awá emplea sus piedras mágicas (sia) las cuales
coloca en la palma de la mano, luego las sopla y le canta en la lengua secreta
de los chamanes. Las “sia” bailaran en su mano y el Awá interpretara los
movimientos. El uso de las piedras mágicas según sus tradiciones fue enseñado
por Sibö a los antepasados aborígenes para que se gobernaran con sabiduría.
La habilidad profética que posee el Awá, a través de sus piedras
oraculares no solo se utilizan en la enfermedad, el pueblo acude a él para
consultas de todo tipo, como las relacionadas con la cacería, el nacimiento, la
pubertad, el divorcio, los hechizos, o la muerte.
La
feminidad en los ritos
Según la
antigua tradición talamanqueña, las mujeres pueden ejercer cualquier cargo
chamánico.
Sin embargo las historias no nos hablan de mujeres guerreras, (Yeria) Ni de enterradores femeninos (Oköm) pues ellas jamás entran en contacto directo con ningún cadáver. El modelo matriarcal de su cultura, las protege de los agravios de la guerra y de la contaminación de la muerte, porque desde el inicio de su milenaria cultura ellas son, han sido y serán, el eje donde gira la vida social de la tribu.
Se sabe de mujeres que han ejercido el rango de supremo chamán (Usekör) de cantores (Tsokör) de curanderas (Awa) etc.
Las
mujeres chamán deben de prepararse de igual manera que los varones, realizando
los mismos estudios y pasando todas las pruebas que su rango iniciático exija.
Pese a esto, las ceremonias femeninas de graduación son diferentes. Quizá más
alegres y coloridas.
Por
otro lado existen cargos chamanicos que solo pueden ser ejercidos por mujeres.
ejemplos de ello son:
Tsuru namabata: En los ritos fúnebres y otras actividades, es la responsable de preparar la ceremonial bebida de chocolate, que para los talamanqueños representa la sangre. Ella encarna en las ceremonias a una de las cuatro esposas de Sibo. En las historias (Siwa) se recalca su humildad, belleza, abnegación y colorido. Tsuru significa cacao.
Ataviada
con coloridos vestidos y flores, reparte ceremonialmente la bebida de cacao.
Pero la namabata, jamás entrará en contacto directo con un cadáver.
Tamipa: el termino Tami en
lengua bribri significa Maestra o dueña. Pa es la lora verde. Una de las cuatro
aves quienes junto al tucán, la guacamaya y el quetzal constituyen el origen de
los cantores (Tsokör) La tamipa es la encargada de fiscalizar y repartir los
alimentos en las ceremonias.
Siatami: guardiana de las piedras
oraculares. Las sia son las piedras sagradas de los chamanes de Talamanca, ellas
les permiten diagnosticar a los enfermos, conocer los fenómenos de la vida
presente y futura de la tribu, y comunicarse con los espíritus del mundo de Sibö-Surá.
Cuando un chamán muere sus piedras enviudan y solo Siatami puede tocar, cuidar y resguardar las potentes piedras del difunto, pues las sia tienen poder por sí mismas, son seres vivos y si no se les da el debido cuidado pueden ocasionar desgracias a la aldea.
En
las graduaciones chamanicas es siatami la encargada de entregar las piedras de
poder a los nuevos iniciados.
El inmemorial código de conducta aborigen, (Siwa) refleja en su cantos la absoluta simetría y reciprocidad entre los papeles socio-políticos, religiosos y culturales de los hombres y las mujeres de su comunidad amerindia.
OKÖM
El chamán de la muerte
En los ritos
de muerte los chamanes de la muerte aparecían manejando sus hachas ceremoniales,
porque según los Bribrís las personas son como árboles de
cacao, y la muerte: un tajo de hacha que los derriba.
Los
Oköm debían de ser personas fuertes, pues les correspondía cortar la madera
con las que se elabora la cama mortuoria con la que trasladaban los cuerpos a la
montaña. En cada ritual fúnebre ofician por lo menos cuatro Oköm principales.
Los
Oköm trabajaban semi desnudos para mostrar los diseños tribales pintados de
rojo en sus cuerpos intocables.
Esta importante categoría chamanica no requería provenir de ningún
clan específico. Inclusive individuos de madre indígena pero de padre de otra
etnia, podían competir para el cargo.
Si el difunto era un personaje importante funcionaba otro chaman fúnebre llamado Kuka Oköm este hacia una frenética danza adornado con plumas de lapa. Su ceremonia terminaba con el sacrificio de la colorida lapa, luego el animal se enterraba junto al difunto.
Según la filosofía de los amerindios de Talamanca (Siwa), cada ser
humano posee dos almas. Estas se liberan al momento de la expiración. La misión
del chaman de la muerte es contener a wimbru
el alma traviesa del difunto que radica en el ojo izquierdo, esta se convierte
en un fantasma nocivo que debe de ser recluido en el cuerpo y los huesos para
que no cause daño a la comunidad. A su vez el Oköm debe de liberar a wikor
el alma espiritual radicada en el ojo derecho, esta debe de ser guiada al paraíso
subterráneo, a la última morada. El reino de Surá.
Las celebraciones funerarias de los aborígenes de Talamanca son muy complejas y extensas. Se dividen en tres partes principales:
a) el embalsamiento y primer entierro del cuerpo
b) la extensa recitación de la vida y obra del difunto
c)
el entierro de los huesos, un año después de
la primera fiesta
Dependiendo del rango del difunto cada festín podía durar, sin interrupción, hasta diez días. sin faltar nunca comida, chicha, chocolate. Ni la música de los tambores, las flautas y las maracas. Ni los cantos, ni las danzas. Aquello ciertamente fueron verdaderos bacanales. Como bien lo describen los escandalizados misioneros españoles.
Estas
recepciones fueron las fiestas mayores de la comunidad aborigen, en donde lejos
de llorar a sus muertos, celebraron su merecido ingreso al reino subterráneo de
Surá.
El
oficio especializado de los Oköm se hizo indispensable en una sociedad donde la
muerte y las ceremonias fúnebres constituyen la fase más importante del ciclo
vital de la tribu.
Las fiestas fúnebres se constituyeron como verdaderos concilios de toda la jerarquía chamanica.
Estando
obligados estos sabios a asistir a ellas, aprovechaban la presencia de sus
colegas para actualizar sus conocimientos, tomar discípulos, transferir
información, o discutir sobre los problemas y el bienestar de la tribu. Reyes,
principales y guerreros no faltaban a los grandes entierros.
Además en estas ceremonias participaban siempre los Tsokör (jefes de chamanes) oficiando como cantores fúnebres, los Bikakras (Maestros de ceremonia) no podían faltar, pues ellos organizaban los ritos. Las Tamipa tenían oficios indispensables en los entierros.
Solo
el Usekör (chaman Supremo) no estaba obligado a asistir. Su presencia en un
funeral era considerada como el más alto honor hacia el difunto y su familia.
BRUPA
Los reyes o caciques
amerindios
Cuando los conquistadores españoles invadieron el territorio que hoy es
Costa Rica, encontraron que los aborígenes poseían una organización socio-política
de alto desarrollo. A este gobierno autóctono se le llamó posteriormente
cacicazgo, los cuales se caracterizan por estratificaciones entre los
productores de alimentos; los artesanos especializados y la dirigencia religiosa
y política.
Ni los reyes, ni sus reinos aborígenes vivieron aislados. Sus vínculos
con otros grupos americanos del norte y del sur, con los que se relacionaron política,
económica y socialmente, están ampliamente documentados. Se conocen las rutas
terrestres y de navegación que usaron en el pasado. Algunos de estos trayectos
forman los basamentos de las actuales vías de comunicación de Centro América.
La figura predominante de este sistema de gobierno era el cacique (voz Caribe) o Brupa en lengua Bribri. Provenientes de los clanes Brupawak o linaje de los gobernantes.
Los Brupa eran monarcas predominantemente guerreros. Se rodeaban de cuatro esposas, quienes a su vez eran sus asistentes personales. En los combates siempre se encontraban a la cabeza de sus militares, pues los reyes talamanqueños siempre provenían de los clanes guerreros.
Los Brupa nacidos en el clan Sarkwak, podían además
ser interpretes (bikri) entre el sumo sacerdote (Usekör) y el pueblo (Krepa)
esta clase de reyes eran figuras sacrosantas que jugaban un importante papel
sacerdotal.
El
contacto con los Brupa era restringido, se le pagaba tributo y eran los
redistribuidores de bienes, organizaban el comercio y la guerra. Ordenaban la
realizacion de trabajos
comunales tales como: la edificación de grandes palenques, la construcción de
caminos, alcantarillados, sistemas de riego, puentes, etc.
La primordial función de los Brupa, fue la de encabezar las actividades productivas, así mismo redistribuir a las diferentes aldeas de su reino los tributos excedentes recaudados por los jefes de cada clan. (Kyowak)
Ellos
impartían la justicia y solucionaban los conflictos originados dentro de su señorío.
En territorio costarricense se han identificado trece cacicazgos: Aserri; Boruca; Coto; Garabito; Currirabá; Guarco; Pacaca; Quepó; Suerre; Talamanca; Tariaca; Pococí y Votos.
Los nombres de los reyes de esos dominios sobreviven en
las páginas de nuestra historia. Mencionados ya por su resistencia a los
conquistadores, ya por sus riquezas y esplendores o ya por su sabiduría.
Sin embargo el poder de las majestades, no era
ilimitado pues ninguno de ellos estuvo nunca por encima del comando supremo de
el gran chaman (Usekör).
KIOWAK
El
líder del clan
El Bru (cacique o rey) gobernaba sobre toda la tribu, dispersa en amplios
territorios, donde los diversos clanes pertenecientes a esa misma tribu,
asentaban sus poblados.
Para
poder regentar sobre todo el grupo étnico, el rey se valía de los Kyowak, a
quienes los españoles llamaron caciques menores o principales de casa aldea.
Los kyowak fueron elegidos de entre los más sabios ancianos o ancianas del clan y estuvieron bajo la dirección directa del rey, a su vez este personaje principal era el vocero directo de su clan ante la realeza.
Los
kyowak también sirvieron como una especie de embajadores entre el rey de la
región y los principales de otros pueblos, incluyendo a los invasores europeos.
La sociedad talamanqueña está basada en los linajes o clanes y en sus vínculos de cooperación, mismos que se dan por el intercambio de los vienes y servicios que cada comunidad produce. Los antropólogos han identificado más de setenta clanes entre las etnias Bribri-Cabecar.
Según
su génesis Sibö-Surá crea los clanes (séwak) asignándoles, nombre, tierras
y labores especificas. Enseña a los Tsiruwak la ciencia del cacao, los Uniwak
reciben de Sibö el arte de la cerámica, los Duriwak son entrenados por dios en
la manufactura de hamacas, la producción de textiles era la especialidad de los
Amukwak, y así con todos los clanes.
El
personaje principal de cada aldea, dirigía las actividades productivas de su
clan, y se encargaba de llevar los tributos al rey, mismos que este redistribuía
a través del kyowak.
Si su clan era experto, por ejemplo, en cestería, tributaba bolsos, hamacas y canastos. A su vez y en perfecta reciprocidad, ese clan recibía: cerámica, maíz, pieles, miel etc. provenientes de los otros clanes especializados.
Los
historiadores españoles afirman que los combatientes
aborígenes en Costa Rica, decapitaban a los vencidos. El culto de las
cabezas trofeo está representado en infinidad de piezas arqueológicas. Cortar
cabezas no solo tenía un valor social de prestigio, también era práctica mágica,
aumentaba el poder del guerrero. Las danzas guerreras se celebraban con las
cabezas trofeos colgando entre los brazos. La técnica que utilizaban para
reducirlas es aun desconocida, solo nos queda la evidencia en los museos.
Cuando
los jóvenes guerreros cobraban su primera víctima en batalla, eran consagrados
mediante un rito en el cual atravesaban un pulido hueso de ave sobre el tabique
nasal, las subsiguientes víctimas de guerra se representaban con huesos
insertados debajo del labio inferior, hasta formar la temible barba blanca de
huesos.
Se
dice que los mejores combatientes provenían del clan Bribrí Tuborwak.
En
la antigüedad los guerreros Bribrí eran respetados y temidos en toda la región
sur y central de Costa Rica.
Los lingüistas afirman que la palabra Bribrí significa: fuerte, resistente y valiente, atributos de los aguerridos Yeria.
Bribrí era el nombre que los vecinos territoriales le daban al pueblo de Sibö, ellos se llaman a si mismos Ditso. En lengua güetar, la palabra vrivri significa: señores e hijos de señores. Esto muestra el gran respeto que les tenían otros grupos étnicos a los Yeria.
Los
guerreros Bribrí nunca perdieron una guerra.
En
épocas de la conquista española se convirtieron en los defensores de todas las
tribus talamanqueñas, en consecuencia los Bribrís asumieron el gobierno político
de la región.
Las
crónicas españolas relatan que los guerreros Bribrís encabezaron las cuatro
grandes insurrecciones en contra de su dominio. Los feroces Yeria armados con
escudos de cuero de danta, arcos, flechas, lanzas, hondas, cerbatanas, hachas y
masas de piedra, atacaban a los sorprendidos españoles, quienes no sabían
hacia donde disparar sus arcabuces pues la selva escondía a sus enemigos. Las
inesperadas lluvias de lanzas, flechas incendiadas y piedras certeras,
ocasionaron un gran numero de bajas a los invasores, también fueron destruidas
todas las misiones franciscanas y cada una de las fortalezas españolas
instaladas en la región.
Avergonzados por su incapacidad de someter a un puñado de salvajes, los
ibéricos decidieron aliarse a un grupo indígena de la zona de Turrialba,
Cartago. Los Teriacas ambicionaban desde antaño las tierras de Sibö, pero los
Yeria eran invencibles.
Aliados con los soldados españoles los Teriacas se sintieron aventajados y junto a los invasores se internaron en las selvas para someter a los rebeldes Talamancas. Sin embargo la campaña no duró mucho tiempo, pues ambos grupos fueron fácilmente vencidos por los guerreros Bribrí.
Al
avanzar la conquista española los Teriacas reconocieron a sus verdaderos
enemigos y pidieron la protección de los Yeria. Estos, lejos de negarla
acogieron lo que quedaba del pueblo Teriaca y los ubicaron dentro de sus
dominios, en la inconquistable Talamanca.
Los
Yeria se inmortalizan en el mundo majestuoso y espiritual de Sibö, pues cuentan
sus leyendas que Duarok el rey mítico de todos los animales de la selva, los
contrata para que castiguen a los cazadores que se atrevan a dejar mal herido a
cualquiera de sus protegidos animales o bien los case en exceso.
Aquí los Yeria son guerreros del reino mágico, quienes bajo el comando del dueño de los animales Duarok, hacen cumplir las complejas y completas normativas de caza, dejadas por el dios Sibö con el propósito de mediar entre los aborígenes y los animales sacrificados, mismos que no deben matar más allá de lo absolutamente necesario para satisfacer las necesidades de alimento. En ambos mundos los Yeria son defensores por excelencia.
KAKSEY
Los chamanes amerindios de Talamanca, ingresaban siempre en los ritos
rodeados de ocho personajes. Cuatro asistentes llamados Ko y cuatro discípulos
denominados Sini o Kaksei.
Los ayudantes (Ko) podían ser familiares o amigos y no requerían rango iniciático alguno, ni ser los mismos en cada ceremonia. Ellos se encargaban de transportar los utensilios del chaman, de conseguirle alojamiento y comida, etc.
En
cuanto a sus discípulos, el sabio no podía tener más de cuatro. La función
de los aprendices, en las ceremonias, era la de cultivarse de su maestro, verlo
actuar y ejercer su jerarquía en las solemnidades, además de oficiar cualquier
parte del rito en el momento que el maestro se los exigía.
Cuando alguno de los alumnos estaba a punto de graduarse, los chamanes anunciaban, siempre al comenzar cualquier celebración tribal, su disposición de recibir un nuevo estudiante.
Para ilustrar lo anterior digamos que un Oköm (chaman de la muerte) hace
tal anuncio antes de iniciar la fiesta fúnebre a la cual fue convocado. Se
adelantarán ante él tres o cuatro aspirantes, el Oköm tocará con su bastón
al elegido, éste inmediatamente se dirigirá al cadáver y apoyará sus manos
sobre el cuerpo inerte, culturalmente contaminado. El Sini ha trascendiendo aquí
su primera prueba. Adquiriere además, en ese instante, un compromiso formal con
su maestro y la comunidad, testigo de su acto. A partir de ese evento empieza su
instrucción, la cual podrá durar de seis a diez años, dependiendo del linaje
chamánico, su habilidad para desempeñarlo y algunas circunstancias.
Todos los discípulos deberán participar con sus maestros en por lo
menos ocho ceremonias especializadas. Esto hace que algunos entrenamientos sean
más largos que otros. Un alumno de médico tendrá que estar con su maestro
ocho veces por cada enfermedad diferente que trate. Afortunadamente para él los
males de la selva, en una cultura saludable no son tantos. Sin embargo le tardará
más de diez años graduarse.
El maestro aumentará paulatinamente las responsabilidades, deberes y
participación de sus discípulos en las ceremonias, hasta que las dominen a la
perfección. Cuando esto suceda, la tribu tendrá la fiesta de la graduación.
El
primer y único requisito del aspirante a neófito es el de pertenecer al clan
adecuado para las diversas categorías chamánicas. Por ejemplo un individuo del
clan Siibawak no puede aspirar a ser Usekör (sumo sacerdote) pero le asiste el
derecho de entrenarse como Tsokör (cantor ceremonial)
Hasta fechas muy recientes, un recóndito sitio en Talamanca llamado San José Cabecar por los etnógrafos y Tsá ká por los aborígenes, es considerado el centro místico, formador de chamanes. Este sitio de poder es por correspondencia conseptual una especie de “Centro Universitario”
Allí
los novicios deberán integrar el conocimiento de su especialidad con la teología,
aprenderán el antiguo lenguaje esotérico de los chamanes y sus fórmulas mágicas.
Las
iniciaciones se lleban a cabo dentro de las cuevas escondidas de Tsá ká. Estas
cabernas secretas estan protegidas, según sus tradiciones, por los temibles
guerreros Konona, por encantamientos de los grandes chamanes y por aterradores
genios del bosque.
KREPA
El pueblo de Sibö
Los Bribrís y los Cabecares componen el más numeroso de los grupos aborígenes que
sobreviven aun en el territorio costarricense.
Ambos grupos se constituyen como una sola unidad tribal en asuntos relativos al parentesco y a la organización político-religiosa.
Sus principales poblados se ubican en la región de Talamanca, cantón de la provincia de Limón, Atlántico Sur.
Por
su ubicación geográfica, antaño los conquistadores se referían a estos
grupos con el término general de: los talamancas.
Existen algunas comunidades Bribrís en el Pacifico sur, cantón de buenos Aires, provincia de Puntarenas.
Es
sin embargo la región talamanqueña donde estos aborígenes conservan vivas sus
tradiciones y modo de vida ancestrales.
Estas poblaciones indígenas han florecido en el bosque tropical desde hace más de nueve mil años. Su cultura, costumbres y conocimientos tradicionales, solo tienen sentido dentro de ese ambiente natural, en el cual han evolucionado en perfecta armonía con su medio.
Las
permanentes invasiones y conquistas, desde el descubrimiento de Costa Rica en
1502. No han logrado aniquilarlos. Sin embargo lo que no consiguieron las armas
de fuego, la cruz, el garrote vil o la hoguera, en tantos años de resistencia
por parte de las naciones talamanqueñas, lo está consiguiendo a pasos
agigantados las hachas, cierras mecánicas y los tractores del progreso blanco.
Con
la destrucción de las selvas de Talamanca, vemos el exterminio de una cultura
que aun tiene mucho que enseñarnos.
En la lengua Bribrí el clan se llama Ditso o Ditséwo palabra que significa: semilla que se guarda para la reproducción, la que se aparta para cultivarla de nuevo. El clan se compara a una planta con ramas que se multiplican. Los indios se llaman a si mismo Ditso para distinguirse de los no indígenas.
Nunca se casan miembros del mismo clan, cada clan tiene su contrario (dwopa) único con el que se permite el matrimonio.
Gracias
a costumbres milenarias aun practicadas por Bribrís y Cabecares tenemos en
algunos emplazamientos del sur del país, grupos indígenas de absoluta pureza.
Confiamos que tan excelsa semilla no sea malograda por la estupidez y la ambición de los hombres y de las mujeres civilizadas, quienes siempre tendrán una excusa lógica y por lo tanto válida para apropiarse de lo que no les pertenece.
|
|
|
Descargas
Descargar el documento completo
*Para descargar el diagrama: "Estructura de Poder" haga clic con el botón derecho del Mouse y la opción "guardar imagen"