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Los chamanes amerindios de Talamanca, ingresaban siempre en los ritos
rodeados de ocho personajes. Cuatro asistentes llamados Ko y cuatro discípulos
denominados Sini o Kaksei.
Los ayudantes (Ko) podían ser familiares o amigos y no requerían rango iniciático alguno, ni ser los mismos en cada ceremonia. Ellos se encargaban de transportar los utensilios del chaman, de conseguirle alojamiento y comida, etc.
En cuanto a
sus discípulos, el sabio no podía tener más de cuatro. La función de los
aprendices, en las ceremonias, era la de cultivarse de su maestro, verlo actuar
y ejercer su jerarquía en las solemnidades, además de oficiar cualquier parte
del rito en el momento que el maestro se los exigía.
Cuando alguno de los alumnos estaba a punto de graduarse, los chamanes anunciaban, siempre al comenzar cualquier celebración tribal, su disposición de recibir un nuevo estudiante.
Para ilustrar lo anterior digamos que un Oköm (chaman de la muerte) hace
tal anuncio antes de iniciar la fiesta fúnebre a la cual fue convocado. Se
adelantarán ante él tres o cuatro aspirantes, el Oköm tocará con su bastón
al elegido, éste inmediatamente se dirigirá al cadáver y apoyará sus manos
sobre el cuerpo inerte, culturalmente contaminado. El Sini ha trascendiendo aquí
su primera prueba. Adquiriere además, en ese instante, un compromiso formal con
su maestro y la comunidad, testigo de su acto. A partir de ese evento empieza su
instrucción, la cual podrá durar de seis a diez años, dependiendo del linaje
chamánico, su habilidad para desempeñarlo y algunas circunstancias.
Todos los discípulos deberán participar con sus maestros en por lo
menos ocho ceremonias especializadas. Esto hace que algunos entrenamientos sean
más largos que otros. Un alumno de médico tendrá que estar con su maestro
ocho veces por cada enfermedad diferente que trate. Afortunadamente para él los
males de la selva, en una cultura saludable no son tantos. Sin embargo le tardará
más de diez años graduarse.
El maestro aumentará paulatinamente las responsabilidades, deberes y
participación de sus discípulos en las ceremonias, hasta que las dominen a la
perfección. Cuando esto suceda, la tribu tendrá la fiesta de la graduación.
El primer y
único requisito del aspirante a neófito es el de pertenecer al clan adecuado
para las diversas categorías chamánicas. Por ejemplo un individuo del clan
Siibawak no puede aspirar a ser Usekör (sumo sacerdote) pero le asiste el
derecho de entrenarse como Tsokör (cantor ceremonial)
Hasta fechas muy recientes, un recóndito sitio en Talamanca llamado San José Cabecar por los etnógrafos y Tsá ká por los aborígenes, es considerado el centro místico, formador de chamanes. Este sitio de poder es por correspondencia conseptual una especie de “Centro Universitario”
Allí los
novicios deberán integrar el conocimiento de su especialidad con la teología,
aprenderán el antiguo lenguaje esotérico de los chamanes y sus fórmulas mágicas.
Las
iniciaciones se lleban a cabo dentro de las cuevas escondidas de Tsá ká. Estas
cabernas secretas estan protegidas, según sus tradiciones, por los temibles
guerreros Konona, por encantamientos de los grandes chamanes y por aterradores
genios del bosque.
® Siböwak
albertosibaja@costarricense.cr