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El maestro de
las ceremonias
Uno de los rangos en la jerarquía de dignidades de las culturas autóctonas
talamanqueñas.
La presencia de un dignatario de esta respetada categoría chamánica, en
los festejos ceremoniales, que van desde el nacimiento hasta la muerte de los
individuos de la sociedad aborigen, fue indispensable.
Cuentan las leyendas que Sibö, después de acabar la creación del
mundo, ungió al primer bikakra para que este dirigiera la gran fiesta de su
instauración. Por ello, en cada festividad realizada en la indígena Talamanca,
siempre estuvo presente el riguroso bikakra.
Cuatro
potentes golpes de su intocable bastón ceremonial en tierra, anunciaron el
inicio de las danzas, los cantos, las chichadas, mascaradas, concilios o
funerales de la tribu.
Este chamán, especialmente entrenado, tiene la responsabilidad de supervisar, administrar y controlar todos los elementos necesarios para el buen transcurrir de los eventos.
Él fijará la fecha y duración de las conmemoraciones. Elegirá a los cantores, músicos, danzarines, cocineras, ayudantes, etc. y fijará sus honorarios.
Bajo su
dirección se muele el maíz para la chicha. La cantidad de alimentos que él
solicita, se le entregan sin protesta. Los animales se sacrifican y cocinan según
sus especificaciones. Los alimentos y bebidas se sirven a los concurrentes en el
momento, orden y cantidades designadas por él.
Por su alta especialización se dice que los bikakra fueron en el pasado
prehispánico, mentores de los reyes. Pues son grandes conocedores del misterio
de la reciprocidad subyacente en la naturaleza y las cosas.
Cuando es
llamado para dirigir alguna celebración familiar, los dueños de la casa serán
los proveedores de los alimentos y menesteres necesarios para el evento, pero
solo el bikakra podrá administrarlos y distribuirlos. De esta manera la familia
del homenajeado se convierte en invitados de la fiesta y el bikakra en el
anfitrión de todos.
Las aldeas que tienen la ventaja de tener entre ellos a este linaje de chamanes, les prodigan gran respeto y confianza. Se les pide consejo sobre la ordenación y distribución del trabajo; en la edificación de viviendas; en los cultivos; cosechas y demás labores de la tribu.
Para tales efectos el bikakra organiza las chichadas, estas fiestas se
celebran principalmente como recompensa por los trabajos, que realizan para una
familia sus vecinos y parientes. La chichada durará en reciprocidad los mismos
días en que se tardó en hacer el trabajo. No podrá faltar en ese tiempo
comida, albergue y ante todo chicha para los trabajadores.
® Siböwak