29/07/2005
El Arcano XIII
Debe haber sentido, según cuentan, dolores, traumas, sorpresas aterradoras; muchos minutos, o quizá varias horas, muy difíciles. Después empezó a sentir cosas muy distintas: los contactos sobre su piel y su cuerpo ya no eran fuertes, ya no le causaban daño; al darse cuenta de que sus temores y actitudes defensivas dejaron de tener sentido.
Los terribles sufrimientos, que en varios momentos le parecieron interminables, que no comprendía cómo podían durar tanto ni cómo podía soportarlos; ahora habían pasado a ser algo distinto y nuevo.
Experimentaba con placer que recibía otro tipo de energía, con una longitud de onda y una frecuencia diferentes. Sintió que la sensación de asfixia era cada vez más leve, y hasta disfrutaba de esa nueva actividad de respirar. Nunca lo había hecho y notó que evitaba sus ahogos. Al principio lo hizo de manera totalmente consciente, poniendo en ello todas sus cualidades; luego se sorprendió al comprobar que se interesaba por atender otras cosas, se distraía y sin embargo no dejaba de respirar. Conforme pasaba el tiempo, cada vez atendía menos algo que al principio creyó fundamental e imprescindible.
Ahora tenía tiempo hasta para percibir ese calor agradable que recibía, no sabía de dónde.
Pronto olvidó todo lo que había pasado ahí dentro. El presente, operaba con una energía tan poderosa, que los recuerdos eran rápidamente borrados o recluidos en recónditos cajones para eventuales revisiones futuras, quién sabe con qué propósito. Años después anduvo investigando al respecto, cuando quería escribir algo sobre el olvido.
Al recibir esa cosa que se restregaba en sus labios, tuvo un primer reflejo y se apartó instintivamente. De inmediato notó que el calostro se disolvía dentro de su boca y le gustó la sensación; cuando nuevamente advirtió la cercanía del pezón, ya no le resultó molesto.
- o -
Había recordado muchas veces a las tantas personas que le habían hecho daño, aquella terrible traición de su amada, el abandono del amigo, el robo, la mentira y en todos los casos los rencores habían desaparecido. Las cicatrices eran casi agradables marcas de aprendizajes que luego había utilizado con acierto.
Pero esta vez ella, a través de tantos años y tanta bulla, a través de tanta desarmonía, le había quitado la tranquilidad y sólo había una manera de recuperarla.
- o -
Pronto entendió que podía permitirse una cantidad mayor de líquido dentro de su boca, y su curiosidad y sorpresa fue aún mayor, cuando descubrió que lo podía tragar. Aunque al principio se apoderaba de él un extraño conflicto, terminó por arriesgar y aceptar el nuevo reto; no fue una decisión racional, sino que pudo más el impulso reflejo. La primera reacción al accionar los músculos de su faringe, fue de temor y rechazo, pero luego disfrutó al sentir el movimiento y la presencia del alimento dentro de su organismo.
Horas después había olvidado también aquellas curiosas experiencias, y mamaba y tragaba como un ternero, sin siquiera recordarlo.
Lo que sí parecía mantenerse presente en su conciencia, sin ser procesado por el fenómeno del olvido, era la sensación de haberse montado en un dinámico devenir, que nunca detenía su marcha.
En ocasiones se entretenía escuchando sonidos. Pasaba ratos descubriendo que eran distintos unos de otros; que los había agudos y sordos, cortos y prolongados, que unos le molestaban y otros eran agradables; pero lo que más le impresionaba era que algunos le daban mucha tranquilidad y sosiego y otros le producían temor y angustia. Asociaba estos últimos con la incomodidad que le producían sus pañales húmedos, sobre todo en las noches, cuando hacía frío.
Una mañana se dio cuenta de que algo le molestaba de manera especial; sentía un calor muy fuerte en el rostro y un tipo extraño de dolor en sus ojos, acompañado de algo que no había sentido antes. Por la tarde, sus ojos le picaban mucho e intentaba rascárselos o ponerlos en contacto con algo. El escozor aumentaba y disminuía su intensidad y había momentos en que era insoportable.
Dedicó toda su atención y energía a atender lo que estaba ocurriendo, y por primera vez notó que podía mover los párpados, darle voluntariamente acción a aquella parte de su cara. Se dedicó exclusivamente a ello con toda entrega y atención durante varias horas y se aterró cuando abrió por primera vez los ojos. El dolor y la sorpresa fueron muy grandes, por lo que los volvió a cerrar casi inmediatamente. Su corazón palpitaba fuertemente y una sensación de temor le embargó por algunos minutos.
Sin embargo, poco a poco fue desapareciendo y fue sustituida por una gran curiosidad. Lo intentó de nuevo y notó que podía regular la cantidad de luz que impresionaba sus retinas. Horas después, disfrutaba enormemente al poder hacer sus primeras experimentaciones en el maravilloso mundo de los colores y la luz.
Años después, confirmaría y recodaría cómo ciertas estructuras iban tomando forma y ubicándose dentro de él. Concluiría y entendería que existen diversos niveles de conciencia. Esta comprensión le costó mucha reflexión y trabajo. Caviló sobre los elementos de comunicación entre los diferentes niveles y llegó a concluir que en algunos casos, (no sabía específicamente cuáles) eran nulos.
- o -
Comprendió también que había una etapa posterior al sufrimiento y que tiene que ver con si cicatriza o no. No tenía que ver con la intensidad del dolor ni con la profundidad de la herida; tampoco tenía relación con la traición ni el desengaño, ni con la causa, ni quizás con la consecuencia del daño. Sabía con qué cosas no tenía que ver y podía hacer una larga lista de ellas, pero lo que comprendió al final es que no sabía con certeza qué marcaba la diferencia. ¿Por qué se había dado ese implacable mandato del destino?, ¿cómo operaban dentro de él el olvido, el perdón y la venganza?; ¿qué fue lo que hizo irreversible el suceso?, ¿cuál exactamente fue el fulminante que determinó que no podía haber otra solución más que la muerte?
A sus treinta y ocho años nunca antes había llegado a una certeza así; nunca una idea fija de ese tipo había permanecido imperturbable y resistente al embate de las dudas, de las conjeturas y de los temores.
- o -
Le sorprendió mucho que dentro de un mismo individuo hubiesen distintas conciencias con grados evolutivos diferentes y con barreras de comunicación entre sí. También observó que se enfrentaba a la vida, en situaciones repetitivas semejantes, con conciencias que se iban turnando, y dependiendo de la que estuviera vigente - por decirlo así - tomaba decisiones y acciones correspondientes, que algunas veces eran diametralmente opuestas, y casi nunca eran las mismas.
El juego de sombras y luces inició lentamente su misteriosa danza, transformando y matizando el paisaje que veía desde su ventana. Un árbol de tronco bajo, grueso y de ramas largas, horizontales, fue cambiando desde un verde plateado, a un tono oscuro amarillento. El potrero ya no mostraba los detalles de los relieves, sino que se fue volviendo más aterciopelado.
Entonces asoció aquel recuerdo remoto, de la primera vez que abrió los ojos. En alguna recóndita parte de su memoria había sido almacenado, y descubrió que le producía la misma peculiar sensación.
- o -
Pero ahora era diferente y viejo; se le ocurrió que la circunstancia nueva más importante - entre muchas - era que en aquel entonces, no se había muerto dentro de él ni una sola ilusión. Las adoptaba y les daba acogida en su corazón, sin el menor temor, con inopinado entusiasmo; no existía en él ningún recelo.
Además, no tenía de sí mismo más que una sola imagen; y más importante aún, pensaba de manera similar acerca de la realidad. Sólo utilizaba un prisma para ver el mundo, y eso hacía que la vida fuera más fácil. No recordaba exactamente cuándo fue la primera vez que advirtió que podía percibirse la realidad de varias formas distintas; pero sí que en ese momento aparecieron ante él dos sensaciones simultáneas y opuestas. Una de ellas era de gran inquietud y curiosidad: no sólo había muchas cosas que ver en el mundo, sino que las podía observar y asimilar desde diferentes perspectivas; y esto le produjo una gran alegría. La otra sensación era de inseguridad, angustia y desconcierto: ¿Cuál de todos los enfoques era el correcto?¿Cuál era la clave para dirimir y escoger el camino que lo llevara a la verdad?.
Al aceptar como viable y posible esa pluralidad de enfoques, entonces ¿cuál de todas esas imágenes era verdaderamente la que correspondía a él mismo?
- o -
Ese día decidió dedicarse a algo de manera exclusiva. Estaba harto de tanta dispersión y pensó que sus incomodidades se debían a que su deslumbramiento, ante tanta cosa nueva, no le permitía concentrarse. Eran muchas las sorpresas y curiosidades que experimentaba y pasaba de una a otra sin detenerse en ninguna. Era el momento de terminar de quemar esa etapa, recoger las cenizas y empezar otra.
Se sentó en una piedra musgosa y absorbió una buena cantidad de ambiente. El aire era agradablemente húmedo y cálido, los rayos de sol se quedaban en su mayoría en las copas de los árboles y en lo intrincado del ramaje. Unos pocos lograban bajar y llegaban hasta las piedras y el lecho del río, produciéndole una sensación de minoría.
Entonces cerró los ojos y se dedicó a escuchar; al principio notó que su mente estaba dispersa e hizo un esfuerzo para concentrarse. A veces le daban ganas de abrirlos y mirar ante cualquier estímulo, pero se afirmó en el propósito de mantenerlos cerrados; era como un reto a su voluntad. Sentía correr la brisa por su cara y su cabeza, a la vez oyó el correr del torrente, el canto de las aves y el movimiento de las ramas cercanas. Trató de identificar los distintos sonidos y se dio cuenta, al oír el chasquido de hojas y ramas, que ella se acercaba…
Se imaginó que era demasiado pronto, la esperaba un poco más tarde. En su conciencia continuaba la certidumbre de mantener su propósito para ese día: dedicarse a un solo asunto.
Es cierto que las cosas pudieron haber sido de otra manera; pero ya había pensado tanto en eso y llegado siempre a la misma conclusión: ya no se puede cambiar el pasado, por más doloroso que sea. Sabía que los minutos siguientes iban a ser muy intensos y que era necesario darle a sus acciones la sincronía y precisión para el caso. Le extrañó sentirse tranquilo y bastante controlado, sin embargo, a pesar de continuar con los ojos cerrados, se daba perfecta cuenta de que ella estaría a escasos pasos y su corazón empezó a latir con fuerza.
- o -
Al día siguiente se levantó antes del amanecer; prometía un tiempo ventoso y despejado. Caminó durante más de veinte minutos y llegó al lugar, esta vez sólo miró la piedra donde estuvo sentado; el Sol, en otra posición, generaba un ambiente diferente y los pájaros cantaban con más energía y entusiasmo. Se metió por entre las ramazones espesas y encontró el pequeño trillo, apuró los pocos metros que seguían y se detuvo a observar con forzada frialdad el escenario..., meditó la posibilidad de que alguien pudiera encontrar la sepultura. No lo creyó probable; definitivamente había dedicado a ello todo el día anterior. Entonces, después de tantísimo tiempo, se dio cuenta de que había recuperado su tranquilidad.
rgv
|
Copyright © 1999-2007. AstroCosas. All rights reserved. |